Nerviosa y vulnerable se mostró Chan Marshall en su primera vez en Lima. La simpleza de un show compuesto para piano y guitarra le permitió a la cantautora desnudar su lado más íntimo a la vez que todas sus manías y caprichos que, lejos de parecer exagerados, dieron la dosis de incertidumbre que nos mantuvo atentos a lo largo del concierto que se extendió por más de hora y media.

Pasada las 9 de la noche y sobre un escenario iluminado en tonos rojizos apareció vestida de negro la artista de 45 años, quien saludó meticulosamente al público que se ponía de pie para llenar de aplausos el auditorio del colegio Santa Úrsula. Lleva su guitarra eléctrica colgada y espera a que su roadie corra a apretar el botón que encienda su amplificador Fender y enchufe su instrumento. Se llama Rodrigo y será invocado durante el resto de la presentación para asistirla: menos volumen, menos reverb, más volumen…

Cat Power inicia su concierto rasgando fuertemente con el pulgar su clásica guitarra Silvertone. Este formato minimalista desprovisto de su banda le permite explorar libremente toda su discografía e improvisar fragmentos indescifrables en versiones adaptadas según la lleva el viento. Sin duda una puesta en escena que demuestra fortaleza y madurez de parte de alguien que usaba el alcohol para sobrellevar su pánico escénico (de ahí que haya sido elegida para narrar el reciente documental sobre Janis Joplin).

Deja su guitarra y camina hacia el piano. Antes de sentarse hace un torpe ademán para el público que es recibido con ternura desatando nuevos aplausos. Se sienta, sacude las manos y suspira frente al micrófono. “¡Vamos!” le grita un fan para darle valor. Suenan los primeros acordes de “Maybe not” y se detiene. El calor de Lima la sofoca y llama a Rodrigo para que le traiga una toalla.

A partir de ahora tenemos un show como nunca. Susurros, interrupciones y varios “I am sorry” por errores que solo ella percibe nos mantienen a la expectativa. Su peculiar interpretación se sostiene de sus power chords en el piano y sus emotivos alaridos. Un verdadero caos que nos recuerda porqué su música llamó la atención de Steve Shelley de Sonic Youth a inicios de su carrera en Nueva York.

Chan se para y camina de espaldas para salir de escena. Regresa rápidamente y es recibida con un “¡Guapa!” de parte de otro fan. “Thank you” dice y toma nuevamente su guitarra para cantar “Werewolf”. Se acerca el final y aprovecha para bromear con el público. “¿Cuántos se han graduado de la universidad?” pregunta en inglés y nos cuenta de cuando Black Flag tocó en su colegio. Sigue con “The moon”, “Bully” y otros temas desconocidos que quedarán en el recuerdo, como lo fue su emotivo final a capela.

El concierto ha terminado. Cat Power se despide entre aplausos. Se prenden las luces y la gente se pone de pie. Una fan le regala un racimo de girasoles y lo que parece ser un vestido. “Thank you for allowing me to be myself. I know we are all messed up” fueron sus palabras finales. Nosotros le agradecemos habernos ofrecido un show que afortunadamente rompió con las ataduras a las que estamos acostumbrados.

Crónica por Gerardo Silva.

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