Crónica: Chick Corea y Steve Gadd en Lima 2017

Resulta difícil encontrar, en estos tiempos, que un artista de jazz pueda atraer a públicos amplios. Y eso fue justamente lo que llamó mi atención al ver mucho público joven (inclusive niños acompañados de sus padres) entre los asistentes mientras esperaba ingresar al Auditorio del Pentagonito. En este lado del mundo, la popularidad del jazz fusión es imbatible y en esta segunda visita de uno de sus más grandes exponentes, el gran Chick Corea, íbamos a escuchar material nuevo ya que venía a presentar el álbum Chinese Butterfly, a cargo de una banda formada con el baterista Steve Gadd (colaborador de Corea desde 1976 en discos como The Leprechaun y My Spanish Heart) y otros cuatro músicos jóvenes.

Justamente, en honor a ese primer encuentro de ambos, el concierto inició con “Night Streets” del álbum My Spanish Heart en el que se escapan algunos ritmos latinos que fueron celebrados por el respetable. Lo primero que llama mi atención es la ubicación de los músicos en el escenario, muy cercanos uno del otro, como si fueran a tocar en un club de jazz. Luego, el ambiente relajado entre ellos. El estupendo bajista Carlos del Puerto le dirige unas miradas cómplices a Corea, el maestro responde tocando con mayor efusividad y ambos sonríen. Luego Corea, en plan lúdico, se acerca con el cencerro y la baqueta donde se encontraba Steve Gadd y, mirando al baterista y esperando su reacción, toca unas veces calzando en el ritmo de la batería y otras veces no. Vuelve al piano en un andar divertido buscando la mirada de sus músicos y evidenciando una frescura, tan impulsiva como calculada.

Luego toca presentar uno de los cortes de su nuevo álbum Serenity donde se luciría Steve Gadd que estuvo muy sobrio en lo suyo y que sabiamente distribuyó el protagonismo con Corea durante toda la velada. Para “Chick’s Chum”, se luciría el guitarrista Lionel Loueke con unos efectos sintetizados que sonaron estupendos y luego en las voces en el intrincado y fantástico “Return to Forever”, tema de la legendaria banda que formó Corea en los 70.

Algo que me llegó a molestar en un inicio fueron los aplausos del público durante las piezas cuando, por ejemplo, uno de los músicos terminaba de ejecutar un solo (por un momento pasó por mi cabeza esos aplausos con cada voltereta del trapecista). Muchas veces interrumpía la normal secuencia de la ejecución pero debo reconocer que si dio ganas de pararse y aplaudir a rabiar en “A Spanish Song” donde brilló el intenso diálogo entre piano y bajo. Lo mejor de la noche.

Regresaron con un clásico: “Spain” en el que el público respondió a los coros que exigía Corea a partir de lanzar unos tonos en el piano. Al finalizar la noche, los rostros de ambas partes brillaban con fulgor de satisfacción: Chick Corea y sus músicos se acercaron al público que se pararon de sus butacas con dos intenciones claras: mientras unos se tomaban esas fotos horribles dándole la espalda al escenario donde el protagonista no es el artista (y donde sólo importa el “yo estuve ahí” y publicarla en el facebook para los likes), otros querían agradecerle, tocar las manos del maestro, dedicarle unas palabras (hasta firmó un vinilo que le alcanzaron), a lo que respondieron con absoluta solvencia y humildad.

Crónica por Álvaro Torres. Fotos por Fabio D. Miranda