Crónica: Día de rock peruano 2017

El día de ayer 21 mil personas decidieron asistir al Estadio Nacional para celebrar un día dedicado al rock peruano. No, nadie decretó que a partir del ahora todos los 25 de febrero se celebrará en todo el país por el rock nacional. La realidad en concreto es que una productora apostó por segunda vez en realizar un festival que durara casi un día entero y estuviera protagonizado en su totalidad por bandas peruanas, denominado Día de rock peruano (no “del”). El resultado fue un evento sin precedentes desde el estelar cartel de bandas nacionales y el gran sonido logrado sobre un escenario doble gigante hasta todos los detalles de organización más allá de ello. Y aquí vamos a explicar por qué, por partes.

Respecto a las bandas convocadas, el que menos podría decir al leer rápidamente la información es que estuvieron “las mismas bandas de siempre”, lo cual puede ser cierto. En el escenario Rock & Pop estuvieron repartidos a lo largo del día Tourista (acaso la única novedad y la más grande promesa a volverse un enorme del pop rock local), Cementerio Club, Dolores Delirio, Campo De Almas, Trémolo, Los Mojarras (la explosión más grande del sentido nacionalista del concierto a punta de discursos criollos de Cachuca y de abrir y cerrar el show con “Triciclo Perú”), Daniel F, La Liga Del Sueño, Zen (con probablemente la mejor puesta en escena), Rio, Libido (inevitablemente dejando aún extrañar las viejas composiciones de Toño Jáuregui), Raúl Romero (con el mismo humor de toda su carrera y acompañado de una notable banda musical), Amen y Mar De Copas.

Pero ese no era el cartel de bandas completo y es justamente aquí donde entra mi apreciación más grande hacia este festival: en el hecho de no solo haberle dado también la oportunidad de participar a bandas reconocidas (y mayoritariamente aún activas) del hardcore y punk rock local en un escenario Under con las mismas características del otro escenario, sino que además les permitieran poder tener un horario intercalado y en simultáneo con las bandas de corte más comercial mencionadas allá arriba.

Una apreciación compartida por algunas de estas bandas que incluso expresaron su emoción por tocar por primera vez en el estadio y agradecieron públicamente por la oportunidad. Fue así que pudimos ver a Contracorriente, Serial Asesino, …Por Hablar, Terreviento, Difonia, Metamorphosis, Narcosis, Asmereir, Futuro Incierto, Diazepunk, Dalevuelta, Leuzemia, 6 Voltios y Chabelos mostrar a su más propia manera (que podía ir de la más irreverente a la más sólida) la otra cara de la música local, aquella música desenfrenada y bien recibida por jóvenes y adultos con corazones jóvenes que aún no se animan a incluir de manera establecida en la programación radial.

No obstante, esto no fue lo único que se llevó las palmas, porque más allá de la música, la organización estuvo impecable. Distintas cacetas de venta de bebidas y comidas, guardarropa de 3 soles, venta de “rockalendarios” oficiales del evento y cerca de 100 baños tanto para hombres y mujeres estaban distribuidos en forma de “U” bordeando la zona central del campo donde el público podía observar los escenarios en la zona Norte. La distribución y cantidad de estas evitaba que se formaran colas interminables y que el disfrute del concierto y la compra de productos y utilización de servicios pudiera ser fluida. Recordemos que el costo de la entrada era 49 soles y ahora pensemos: ¿Cuántos veces tuvimos que soportar colas de media hora para poder entrar al baño o comprar una cerveza en conciertos con entrada mucho más cara? Exacto.

En el ámbito de seguridad y salud, pudimos ver a agentes de seguridad contratada, de Defensa Civil y bomberos voluntarios deambulando por toda el área velando por que no sucedieran acontecimientos que pusieran en riesgo la salud pública (claro, entrar al pogo corría ya por riesgo propio), así como dos carpas de auxilio a ambos lados del escenario en caso heridas, lesiones y desmayos.

Como conclusión, se destaca un buen surtido de bandas del rock peruano, un agradable sonido sobre un increíble escenario doble y todo el campo del estadio utilizado de una manera bastante inteligente y estratégica. Es cierto que las tribunas estuvieron cerradas y dejan la duda de si hubiera sido mejor si las habilitaban y daban la opción al público de disfrutar la jornada sentado cómodamente (porque, vamos, no todo el público que asiste son jóvenes que buscan poguear o estar atrapado entre la multitud todo el día).

Es cierto también que hubiera sido espectacular la venta de mercadería oficial del concierto y las bandas participantes y no solo un calendario aparentemente hecho para la ocasión. ¿Pero sería realmente justo pedirle más a una segunda edición tan buena como la de este festival? Sería más justo tal vez exigirle más al público, que entre la euforia y el alcohol pueden demostrar actitudes no tan positivas para su entorno (como por ejemplo, arrojar desde vasos plásticos vacíos y botellas semi-llenas hasta los tapa-pastos ciertamente pesados tanto al público de otras zonas como a los músicos en el escenario), pero eso ya merecería toda una nota aparte. Felicitaciones por el éxito de este nuevo evento, festival Día de rock peruano.

Crónica por Paulo Contreras. Fotos por Manuel Vela