Es viernes por la tarde. Roberto y yo vamos en un taxi camino a las galerías de vinilos usados en Quilca. Tiene puesta una polera de Private Energy -su último disco- y lleva al hombro un bolso de tela con el título “Young, Latin and Proud”, esperando vacío para llevar sus nuevas adquisiciones.

Esta es la tercera vez que intento entrevistarlo. La primera, me dieron un número equivocado y una tarjeta para llamadas internacionales con poco crédito. La segunda, le envié ocho preguntas por correo que no llegó a contestar (la agencia de prensa me dijo que no pudo hacerlo por el huracán, pero su mirada al pedirme disculpas no me dice lo mismo).

No me había dado cuenta hasta ese momento de que nunca había entrevistado a alguien.

La noche anterior, Helado Negro tocó por primera vez en Lima en el Museo Mario Testino (MATE) por el aniversario de la productora independiente Headsouth. Más de doscientos cincuenta personas estuvieron ahí, siendo parte de uno de los conciertos más íntimos en los que he estado. No estoy hablando del tamaño del local, ni del formato del concierto en particular, sino del espacio sonoro que construye Helado Negro con su música. Mientras pide que apaguen las luces para Runaround, dejando que el escenario se alumbre solo por las bombillas sensoriales que trajo consigo y los reflejos sobre los Tinsel Mammals que lo acompañan (los cuales casi parecen tener luz propia), me hace sentir que todos somos voyeuristas observándolo en lo más privado de su vulnerabilidad.

Helado Negro

Somewhere in space, someone else plays our game/ Inflatable face, chameleon ways to reach you”.

Llegamos al puesto de Alex en la segunda galería de Quilca, nos lo recomendaron como el mejor stand de cumbia psicodélica. Roberto comienza a revisar una torre de siete pulgadas sin tener muy claro aún la dinámica del lugar y se atreve a preguntar por su primer vinilo. Alex le responde “si está ahí, pues ahí está”. Un vinilo suena de fondo en el Denky de la tienda, y Roberto me cuenta sobre sus veranos en Ecuador cuando era niño, cantando nueva ola en la máquina de karaoke de sus padres frente a toda su familia. “Quizás aquellos fueron mis inicios en la performance y la intimidad en el escenario” me dice. No estoy segura si lo está afirmando o preguntando. Me quedo pensando en lo bien que le sienta esa historia a su nombre: Roberto Carlos Lange.

Mientras se apodera del Denky para probar su primera selección, le pregunto: “Dentro de la gran versatilidad y pluralidad que caracterizan tus proyectos, qué es para ti Helado Negro?”. Hablar con él es como verlo tocar. Lo escucho pensar en voz alta y vuelvo a sentir que está exponiendo su intimidad frente a nosotros. “Helado Negro es mi voz” me responde. Roberto se sube al escenario y canta gran parte del set con los ojos cerrados. Su voz flotando entre momentos de claridad y efectos sintetizados se siente como intentar recordar un sueño al levantarte. O como estar entrando en un sueño mientras te arrulla un lullaby hipnotizante. O como estar en el sueño mismo.

Abre tu boca/ que quiero conocer/ adentro”.

Su último álbum fue interpretado con una fuerte connotación política, se dijo incluso que replanteaba la forma tradicional de expresar statements a través de la música. Le pregunto si estos comentarios lo hacen re-pensarse como sujeto político. Me dice que prefiere responderme con una cita de Nadezhda Tolokónnikova -cantante de Pussy Riot- que compartió hace poco en su Instagram. Ella tiene las palabras exactas para lo que quiere decirme: “You should have freedom to do whatever we want. You engage with politics in your daily life, to ensure that kind of freedom in your artistic life”. Su música no es en primera instancia política, pero toma forma de himno Latinx cuando trasciende a la esfera pública y eso no lo incomoda.

Helado Negro

Roberto no hace fusión. Toma su guitarra y rompe la atmósfera rojiza en la que estamos sumergidos con un acorde tan brillante que parece proyectado no solo desde los parlantes sino desde sus acompañantes etéreos. Nos canta con un tono más grave que sus versiones de estudio, volviendo aún más hondo el colchón en el que nos encontramos todos, abrigados con sábanas de oropel. La identidad latina que ha marcado de forma cada vez más literal la trayectoria de Helado Negro, no proviene del sonido esperado de esta. Sus mensajes cantados en inglés y español no tienen la forma contestataria que se espera de ellos.

Cause you woke up/ knowing that you’ll be you/ for the rest of your life/ cause you are/ young latin and proud

Nos quieren reducir al género Latino, pero somos mucho más que eso” dice en nombre de él y otros proyectos de su generación como Xenia Rubinos o Buscabulla, que se enfrentan diariamente a la ansiedad generalizada de nombrar al otro. Pero no pueden nombrarlos. Y lo que no puede ser nombrado es así porque está generando un cambio real.

Crónica por Alexandra Bedoya. Fotos por Alonso Elías