Crónica: The Chameleons Vox en Lima 2017

Era una fija que tendríamos de nuevo a la banda de Mark Burgess entre nosotros luego de esa gira del 2015 que entregó un show inolvidable en Vocé y luego una presentación privada en una discoteca en Monterrico de la que pocos nos enteramos. Lo que quedó claro de esa visita era la estupenda forma en la que se encontraba la banda y la confirmación de los que seguíamos al líder de los camaleones por redes sociales: un tipo que se tomaba todo el tiempo del mundo con cada fan, compartiendo con ellos con una generosidad pocas veces vista por quienes nos visitan por estos lares.

Para esta ocasión regresaba con sus cómplices musicales habituales: Yves Altana y Neil Dwerryhouse tal pero venían con un reemplazo de Chris Oliver como segundo guitarrista. Cruzaba los dedos para que esto no afectara en nada el sonido de la banda. Y la verdad no se hizo extrañar. Lo que si se hizo extrañar fue el sonido del Vocé del 2015 ya que lo de ayer dejó mucho que desear durante la performance de Chameleons Vox y también durante los teloneros: Dolores Delirio, quienes salieron primero, y Voz Propia. Si bien durante el set de los liderados por Ricardo Brenneisen, estos problemas se sintieron menos (tuvieron su propio sonidista), el sonido fue siempre saturado no dejando apreciar bien la voz y las guitarras, por ejemplo. Lo que si fue innegable fue el gran show que dieron con un hit tras otro poniendo al público a saltar y cantar y calentándolo luego de una larga espera en la que no se respetaron los horarios publicados con anticipación.

Luego llegó el turno de Voz Propia. Para este show y el de Chameleons Vox se utilizó al mismo sonidista y justamente en estas dos presentaciones fue donde más se sintió ese sonido chato y en el que no se podía apreciar las texturas de la banda de Miguel Angel Vidal. La gente estaba entregada, cómo no. Tenían delante a la que quizás es la mejor banda que nos ha entregado esta ciudad y así suenen mal (muy a su pesar) son muy queridos y cada canción es coreada como un verdadero himno. Se despidieron con la hermosa “Los días y las sombras” y mi mente iba cambiando la letra por cómo iban las cosas: “Hay que morir cada noche / cada noche / cada noche / con el sonido”.

Dieron las 2 am. y salió Chameleons Vox. Ya desde el arranque vino el “olé, olé, olé, Chameleons” que muchas veces se escucha para cuando se exige el regreso de la banda luego de terminar su set pero esta vez el público estaba feliz de verlos, esperando que empiecen cuanto antes mientras los cuerpos se mantenían aún en pie luego de ya haberlos trajinado con los teloneros. Arrancaron con “Looking Inwardly” poniendo a todo el mundo a saltar y hacer vivas comenzando una fiesta que continuó con “A Person Isn’t Safe Anywhere These Days” y yo pensaba en que un título así vendría a pelo cuando saliera del Embassy a las 4 am.

Luego “Monkeyland” y Mark Burgess agradecía al público: “muchas gracias, you, beautiful people”, y quizás en retribución tocó una de sus más bellas canciones y una de las más esperadas de la noche: “Perfume Garden” y todo el local, que en su época fue una suerte de cabaret en la Lima antigua donde se aplaudía con guantes puestos, fue un estallido de cánticos y bailes de “jóvenes” nostálgicos.

Muchos se olvidaron del sonido (o quizás nunca se dieron cuenta) y parecía no importar nada, solo tener a tremenda banda al frente. El caos estaba adelante y si eras de esos que te gusta reportear conciertos pues lo más prudente era que te quedaras atrás si es que no querías que tu celular o cámara termine entre los objetos perdidos. Sonaba mientras tanto “Less Than Human” y me di cuenta de algo curioso que no sucedió el 2015 y es que logré identificar, entre las canciones que iba tocando el buen Burgess, que anexaba clásicos como el “Eleanor Rigby” de The Beatles o “Transmission” de Joy Division y me pareció una inmejorable forma de tributar a dos de sus bandas favoritas.

Luego hizo mención de algo que ya conocíamos por el Facebook y era su compromiso a casarse sucedido hace unos días y emocionado le dedicó a su novia “In Answer” (“Nothing matters to me /
Believe me / You own my soul completely”). Los fans le gritaron “Lydia” (nombre de su novia), arrancándole una sonrisa al maestro. Continuaron con “Singing Rule Britannia” y se fueron con “Second Skin” y ese cálido coro con el que todos nos unimos en una sola voz, resonó luego en el taxi camino a casa.

Volvieron con un Mark lúdico preguntándole a la gente si no querían irse a dormir (“Time to bed” decía ante la negativa del respetable). Sonó “Swang Thing”, luego “Nostalgia” y cerraron con “Up the Down Escalator” desatando un pogo en el que en su locura hizo subir a una chica que tímidamente abrazó a Burgess. Volvieron a irse y regresaron con “The Fan and The Bellows” desatando otro pogo, más brutal que el anterior, que con ayuda del humo que lanzaron y mi mente que ya ponía trampas a esas alturas de la madrugada, creí ver en esa danza de marchas y empujones a hombres de otro tiempo, hombres con frac y mujeres con vestidos de gala y creo haber visto a Pérez Prado y Betty di Roma uniéndose todos en ese baile, vivos y muertos, bajo el hechizo de los camaleones. Me imagino que había terminado el concierto.

Crónica por Alvaro Torres. Fotos por Victor Tsuchida