El Vida Festival se presenta como un festival particular. Luego de los mega festivales en el centro de Barcelona (entiéndase por el Primavera Sound y el Sónar), un festival como el Vida, a las afueras de la ciudad, específicamente en Vilanova i la Geltrú, es lo que todo amante de la música en vivo necesita para recargar energías.

El festival se realiza en medio de un bosque, a unos minutos de la playa y con la posibilidad de desconectarte de la ciudad optando por acampar. Si a eso le sumas un cartel con artistas como Phoenix, Warpaint, Flaming Lips, Fleet Foxes, La Casa Azul y varios nombres más, el resultado es uno de los festivales más acogedores que se pueden experimentar.

Con un ambiente no tan festivo, sino más bien amical y familiar, el Vida Festival inició el jueves 29 de junio.

Día 1

Si bien no todos los escenarios se abrirían para esta primera fecha, ya teníamos a tres de ellos en acción y uno de los headliners esperando su turno para subirse al escenario estelar.

Antes de que eso ocurriera, pude acercarme a ver dos bandas que no conocía: Alien Tango y Parcels. La primera actuó en un escenario ubicado literalmente en medio de árboles presentando una mezcla en donde predominaba la psicodelia, el glam y pizcas de surf; sin dejar de lado sonidos más actuales del “indie” y la nueva psicodelia con sintetizadores y samples. A eso le sumaban instrumentos y sonidos más tradicionales como sitares y acordeones; y una puesta en escena protagonizada por su alocado vocalista.

Por su parte, la novel banda australiana Parcels apareció y demostró en el escenario estelar por qué fue anunciada dentro de la categoría #VidaNextBigThing. La apuesta por ellos, que todavía no tiene disco, pero que pocos días antes del festival lanzaron una canción con Daft Punk, dejó claro el alto nivel de curaduría del Vida Festival. Aparecieron con un sonido bastante cercano a Phoenix, The Whitest Boy Alive y Daft Punk (su disco contará con la colaboración del dúo francés). Una combinación hecha para el baile y que seguro, con el lanzamiento de su próximo álbum, escalará en popularidad muy rápidamente.

Entre Parcels y Phoenix había un espacio de una hora en la que puede pasear rápidamente por donde tocaban los Rusos Blancos y aprovechar para descansar con amigos bajo alguno de los árboles que había en el festi.

Uno de los atractivos del festival era la paciencia con la que se podía estar, sin necesidad de ir contra el tiempo para poder ver desde una buena ubicación a las bandas más codiciadas. A pesar de ser un evento con entradas completamente agotadas, nunca se sintió el agobio de los mega festivales con escenarios abarrotados de gente.

Lo que presentó Phoenix fue un concierto digno de recomendar a cualquier persona con ganas de tener un par de horas moviendo el cuerpo con una sonrisa en el rostro. Poseedores de un armamento de hits envidiable y con un arranque demoledor a cargo de “Ti amo” (single que da nombre a su última entrega), la banda nacida en el suburbio parisino de Versalles demostró su solidez y trayectoria. No importó que su armamento visual (un espejo gigante al fondo del escenario) no llegara al festival por la tormenta vivida el día anterior. A pesar de eso, Phoenix salió con toda una estética de luces neón en el suelo del escenario y un show armado para poner eufórico al público con hits como “Lisztomania”, “1901” y crowdsurfing incluido.

La noche la cerré con el electro-disgusting de Las Bistecs y el techno del inglés Erol Alkan.

Día 2:

Los protagonistas de la segunda fecha fueron The Flaming Lips, quizás la banda contemporánea con la puesta en escena más excéntrica que puede existir en la actualidad.

Antes de ellos, la tarde la empezó con un Devendra Benhart que tuvo dificultad para enganchar con un público un poco desconectado que prefería pasar el concierto conversando con sus amigos. La tranquilidad continuaría con Real Estate, una banda sencilla pero efectiva que presentó un indie rock con matices de surf pop, psicodelia y garaje.

Pasada la media noche y como estelares de la fecha apareció Flaming Lips. Presentaron su característico directo con pica pica, bolas flotantes, unicornios, muñecos inflables, visuales psicodélicos y la popular bola en la que Wayne rueda sobre el público mientras canta “Space Oddity” de Bowie. Una experiencia visual y sonora que pocas bandas logran en la actualidad.

A todo este armamento sonoro visual, se sumaron las décadas de experiencia de Wayne sobre los escenarios de los mejores festivales del mundo. Al frente tenía un público difícil al que tuvo que enseñarle a cantar “The Yeah Yeah Yeah Song”, animar con sus típicos “Come on! Come on!” y atacar con clásicos como “Race for the prize”, “She don’t use Jelly”, “Yoshimi” y cerrar con su himno “Do you realize?”.

Tras ver a Flaming Lips, no hubo mejor grupo para celebrar lo pasado que La Casa Azul, la banda de habla hispana más importante del indie pop.

Con una puesta en escena futurística, pantallas led en el fondo con visuales muy cuidados y el pop más meloso y eufórico que se ha compuesto en la península ibérica, Gille Milkyway y compañía hicieron lo que, en palabras del mismo Guille al terminar emocionado su presentación, ha sido “su mejor concierto”. Y es que fue un concierto redondo de principio a fin. Desfilaron clásicos como “Podría ser peor”, “Superguay”, “Como un fan”, un tema inédito como “La Gran Esfera” y un cierre memorable con “Revolución sexual”.

Lo que seguiría para terminar la fecha sería un dj set de John Talabot, como para descargar las últimas energías y caer rendido al volver al camping.

Día 3:

Para el sábado se abrirían dos escenarios más, pero esta vez no en medio del bosque sino en un club en un muelle al lado del mar. Ahí se volvieron a presentar Parcels junto a Bigott y Tversky entre el medio día y las 3 de la tarde.

Así, después de recargar energías en la playa, todo quedaba listo para la última fecha de festival.

Esta vez llegaría temprano para poder ver a Rosalía, hoy por hoy la voz más importante y prometedora del flamenco contemporáneo. Su presentación en medio del bosque con un silencio sepulcral fue estremecedora. En ella solo se escuchó su potente voz, la guitarra de Raul Refree y algunas cuantas aves del bosque que se sumaron a cantar junto a la cantaora catalana. La lluvia de aplausos y ovaciones tras acabar cada tema ya es característica propia de sus presentaciones y es que Rosalía emociona, emociona como pocas cantantes en la actualidad.

La fecha continuó con la banda catalana Mishima que siguió llevando al público arriba, considerando además que gran parte del festival estaba compuesto por catalanes (la también lluvia de turistas de otros festivales era ajena al Vida Festival). Después, Fleet Foxes, en el escenario principal y en un contexto rural perfecto para su indie folk, mantuvo el ambiente tranquilo de festival de campo.

Poco antes de eso, la sorpresa inesperada de esta fecha fue Warhaus, el nuevo proyecto de Maarten Devoldere. Presentaron una estética oscura, con una voz grave que hace recordar a Leonard Cohen y una profundidad con toques de jazz que recuerdan a trabajos como el de Danger Mouse. Propuesta redonda.

Sin embargo, quienes se robarían la noche serían las chicas de Warpaint. El sólido grupo femenino salió a mostrar una conectividad propia de cuatro amigas que han pasado años juntas. Sonrisas cruzadas y una compenetración que ha evolucionado mucho con el tiempo. Su sonido ha mejorado kilométricamente si comparamos con la presentación que tuvieron en Lima hace 3 años. Ha mejorado tanto en voces como en lo cuadrado que suenan a pesar de esa sensación de improvisación y fluidez que caracterizan sus directos.

Después de esto, el dance psicodélico de los australianos de Jagwar Ma no dejó que la noche decaiga. Se apoyaron con sintetizadores analógicos, voces dulces y bases de acid house combinados con estilos que iban por el rock, trip hop y dance.

Para terminar, estuvo Zulu Zulu, una banda de Mallorca que rescata música africana con ritmos ancestrales y The Magician, el productor que se popularizo por su mega exitoso remix de “I Follow Rivers” de Lykee Li, que fue la protagonista de su set de cierre en el festival.

Las ganas de que el festival no terminara estaban presentes en muchos así que al regresar la fiesta siguió en la zona de acampar. Reunidos con parlantes portátiles y las pocas gotas de alcohol que quedaban, la fiesta continuó por unas cuantas horas más hasta que el sueño ganó y tocó ir a dormir para empacar al día siguiente.

El Vida Festival es un festival diferente. Muy orgánico, amical y familiar. Sin duda esta fórmula los seguirá consolidando año a año como una parada obligada, pero esperamos que esto no los lleve a crecer a niveles estratosféricos, como muchos de los festivales europeos, llevándolos a perder esta esencia lograda con tan solo cuatro ediciones.

¡Hasta la próxima edición!

Escrito por Santiago Silva (@santiago)

Fotos por Rafa Rubiales, Christian Bertrand, y Mika Kirsi