La productora Headsouth no pudo tener mejor idea de celebrar su aniversario que traer a Juana Molina, que en el 2016 canceló un concierto ya programado en el que iba a presentar su mejor disco a la fecha, Wed 21 (2013), pero que ahora la traía para presentar Halo, lanzado este año y que continúa la senda de ese pop onírico, seductor e inquietante de esta artesana digital.

Debo decir que viendo la atmósfera fiestera que había dejado la excelente performance de Menores en el público asistente, dudé respecto a si el show de la argentina iba a calar entre el público joven en un viernes por la noche. Sabía que la mayoría de lo que venía a tocar salía de su último álbum donde en muchos pasajes superpone a sus miniaturas pop de disonancias y ritmos sosegados. Y estaba seguro que muchos iban a ir a escucharla por primera vez. Esa era la razón de preocupación. Pero la noche iba a aguardarme muchas sorpresas.

Minutos antes de la hora programada, Juana Molina apareció con un formato de trío (apoyada por su cómplices Odín Schwartz en guitarra y sintetizadores y Diego López de Arcaute en batería) en el escenario armado en el MATE al que por primera vez asistía. Muy agradable lugar para este tipo de conciertos íntimos, debo decir. Apareció muy sonriente, quizás por el sold out o por las vivas de un público que la quería ver ya hace tiempo, lo cierto es que ese halo de misterio que la rodea fue desvaneciéndose mientras iniciaba con “Cosoco”, punta de lanza pop de su último álbum.

Juana sabía de qué iba esto. La gente quería bailar y celebrar y ella, tal y como el arte de Halo, sería una suerte de hechicera con el nervio chamánico suficiente para hacer saltar hasta al que se pedía un trago en la barra de al fondo. Impresionante su capacidad para que con la ayuda de unos simples loops juguetones durante su segunda canción (“Cara de espejo”) convierta el MATE en un jolgorio.

Juana Molina

Conectado público y artista, todo fue marcha arriba. “Estalactitas”, quizás la mejor canción de Halo se hizo presente como lo que suena en el disco: una combinación de melodía y experimentación en un trance, como en el que se encontraba el respetable. “Uno, dos, tres, cuatro, cinco, seis, siete, horas te esperé” canta la Molina como enredándote en ese enganche rítmico infinito que cierra con ese “come, come quickly, come” en “Eras”, canción muy esperada por la gente, en la que se podían ver muchas caras de sorpresa.

Y si uno se queda aún con el álbum del 2013 es por canciones perfectas como “Lo decidí yo” que así no la hayas escuchado nunca, esa maravilla de letra que es “Quién decidió determinar qué es un adiós. Lo decidí yo, decidí yo, decidí yo” y esos efectos electrónicos que suceden a ese entramado de apariencia folk, no te pueden dejar indiferente.

También hubo tiempo para explorar temas de atmósfera más experimental como “In The Lassa”, “Paraguaya”, “Lentísimo Halo”, entre otras). Y la fiesta regresó en grande con “Un día”, un despelote donde se le vio ensayar unos pasos a lo Uma Thurman en Pulp Fiction y hasta boxear. La mujer estaba feliz, de eso no quedaba ninguna duda. Pero era hora de despedirse. Regresó con la cadenciosas “Wed 21” y “Sin Guía, No” para el cierre de uno de los shows más redondos que se han visto este año.

Crónica por Alvaro Torres. Fotos por Luis Rodríguez