09:45 p.m. Celulares arriba. Airbag arranca su show en Barranco con “Un día diferente“. Rayos artificiales del techo iluminan una introducción propia de los hijos del metal. Desde el primer compás destaca la imagen colectiva, las cabezas rubias de los tres músicos/hermanos Sardelli que tocan con mucha energía en la parte delantera del escenario. Al fondo, el baterista pelado aporrea sus tambores como una manada, y el de los teclados se balancea con sobriedad y apoya a la voz principal en los coros.

El grupo ha salido afilado, con la cuchilla en la boca, y Patricio Sardelli se pone de espaldas, eleva el cuerpo de la guitarra hacia su cara y hace como si estuviera pinchando las cuerdas con la lengua (un truco que sólo engaña a los noobs).

El segundo tema es “Tu locura“, y Guido Sardelli –musculosa negra, Stratocaster aguamarina– se apodera del micrófono. Algunas mujeres gritan, en el medio el público salta y un chico veinteañero, casaca de jean, busca a su novia, casaca de jean, y la abraza tiernamente.

Airbag transmite una emoción agradable, uno siente que está presenciando un show especial, y dicha intuición se ratifica cuando Patricio recibe una bandera peruana, la pasea por el la tarima del Sargento Pimienta y cubre uno de los amplificadores con ella.

Una punkie, “La partida de la gitana (Si te vas)“. Es una pieza viejilla, compuesta durante su adolescencia, pero –o quizás por eso– la gente la recibe con los índices saltando y apuntando hacia los argentinos. Unos chibolos se empujan entre ellos, se abrazan y se toman fotos ante las miradas castigadoras de ciertas personas que ya olvidaron sus días de ternera.

A un lado, la camiseta albiceleste ondea junto a un polo con escudo peruano, otro símbolo de la unión musical sudamericana en esta noche de miércoles. A continuación, “Vivamos el momento“. Los Airbag suenan contundente, y si se hubieran llamado Overdrive hubiera dado lo mismo, ya que la distorsión es omnipresente en la mayoría de sus composiciones.

Por ratos, Patricio apoya la Les Paul sobre su muslo derecho, muy cerca a la pelvis, y apunta con el mástil erguido mientras hace chillar el instrumento a volúmenes que amenazan con dejarnos sordos.

Esta primera camada de rolas es casi incompatible con el hit que notificó a Sudamérica sobre la existencia de Airbag, esa que dice que Billy buscaba solo un poco de acción, pero asombra más que nadie pida (aún). “Un amor de verano ” (algo así como el “More than words” de Extreme), acaso un buen síntoma de la fidelidad o el conocimiento de la discografía de Airbag por parte de los presentes, sus fans.

El quinto tema es introducido por un punteíto de guitarra, de esos que se aprenden en las escuelas, y Patricio comienza a recitar: Yo sé que algunas veces me equivoco demasiado, yo sé que estás cansada de mirarme de costado… Es curiosa la similitud de este músico bonaerense con el vocalista de Silverchair, Daniel Johns, sobre todo si se piensa que los australianos, como Airbag, también acariciaron el éxito a una edad prematura, diecisiete en promedio (las ventajas de ser facheros, pelucones y rubios).

airbag

Siguen “Cicatrices“, “Noches de insomnio” y “Fugitivo“, y se nota que el quinteto disfruta lo que toca, hay goce en sus ojos, en sus sonrisas, sus movimientos emanan energía, y los espectadores lo perciben y agradecen con aplausos.

Aunque estos argentos oscilan entre el hard rock y el punk, también sobresale una influencia rolinga, por ahí que de Viejas Locas, o posiblemente sea solo una reminiscencia de esas horas lejanas en que los hermanos Sardelli hacían covers de Chuck Berry en su Don Torcuato.

Ahora Patricio y Guido jammean, como dos chicos que acaban de aprender las escalas pentatónicas, y dan inicio a “Colombiana“, un digno tributo gaucho a los Guns N’ Roses que pone a sacudir las cabezas de varios.

Acto seguido, la agrupación anuncia el estreno de este año, “Como un diamante“, y sus seguidores no defraudan y la entonan como si fuera un nuevo himno. Otro acierto: los turnos en las voces principales, el equilibrio justo entre el timbre glam de Patricio y la ronquera de Guido.

Fin del rock and roll, y un riff de power ballad comienza la porción de las lentas, que ciertamente son recibidas con furor, y nunca dejan ni dejarán de conmover esos punks o metaleros que, luego de un pogo, siempre se ablandan con las tonadas romanticonas.

La lista se extiende con “Algo en mi mente“, “Cae el sol” (con armónica incluida), “Esta noche“, y un chibolo –de los revoltosos– suelta algunas lágrimas.

La tarima se pinta de verde y Guido interpreta intensamente “Kalashnikov“. En una pausa, Patricio le grita a su batero, ¡hazla mierda, Seba!, y una estampida pasa por encima del Sargento Pimienta.

Qué noche más hermosa, locos”, dice Guido.

Luego del inciso rocker, Airbag retoma las baladas y complace los pedidos de sus fans. Por fin, después de casi hora y pico de show, alguien vocifera: ¡Un amor de verano!

Pero pídannos algo que nos sorprenda”, acota Patricio. “Ella no está“, y el bajista Gastón Sardelli se ubica en el centro y canta “Mi razón“.

Otra vez, Patricio pisa el subwoofer y su rodilla queda al desnudo por una grieta en su pantalón pitillo. Los argentinos se presentan uno por uno y dan las gracias. La noche va llegando a su fin con “Otoño del 82” y “Bajos instintos“. El escenario se convierte en un infierno rojísimo con la arrolladora “Huracán” y el grupo nos dice adiós con “Solo aquí” (la del MP3).

En resumen, un concierto potente, bien tocado, bien cantado, bien mosheado, bien bailado. Asimismo, muy respetable la decisión de Airbag de prescindir de “Amor de verano“, desprendiéndose del rótulo de one hit wonder y un jalón de orejas a los medios difusores de música en el país las radios, cuyas programaciones ignoran el esfuerzo de los rockeros sudamericanos por renovar su material. Está clarísimo, che: más que una estación calurosa, Airbag es el fuego, ¿viteh?

Crónica por Luis Francisco Palomino. Fotos por Carolina Jael

 

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