Barrio Latino se propuso de llevar acabo un festival de gran dimensión que abarcara la música urbana, juntando a artistas de trayectoria como Nacho, De la Ghetto, Nicky Jam y otros de escucha más reciente como Piso 21 y Farruko. Con un cartel semejante, lo único que se me podía pasar por la cabeza era que sería una noche de aquellas. No solo por la música, si no por el despliegue de técnico de luces y sonido que prometían los organizadores.

Fue curioso llegar al Club Cultural de Chorrillos, lugar que alojó el último Road To Ultra, y encontrarlo en el mismo estado que en un festival de alto perfil. Para las 4 de la tarde las colas estaban formadas por miles de personas.

Se abren las puertas. Todos los gritos de “¡por favor, sin correr!” por parte del personal de seguridad son ignorados. Y un mar de personas se agrupa contra las rejas del pit. No pasa mucho hasta que comienza el show. Los primeros artistas son un grupo conformado por peruanos, entre quienes destaca notablemente el trap de Young Elby. Armado de un chaleco antibalas y muchísimo flow, hizo bailar al público antes de que comenzara el cartel oficial.

Mientras iba oscureciendo, Raes nos impresionó y puso a cantar a todas con su potente y a la vez melodiosa voz. Malu Vuitton hizo lo propio con una versión de “Po’ Encima” de Arcangel al mejor estilo old school. Pero quien se encargó de poner al público en el mejor ánimo para los artistas internacionales fueron Kale y Leslie Shaw, quienes con sus temas conocidos por todos (incluso por quien escribe, asiduo al rock tanto como a la música latina).

Ya entrada la noche, vemos a Piso 21 salir a escena, dominando completamente el escenario entre ellos y sus “rufianes”, músicos que recuerdan más a una orquesta que a un grupo de pop. De la Ghetto (ahora apodado De La Geezy) nos regresa al reggaetón y al trap, mostrando una notable evolución tanto estética como musical en su música, aún vigente en la respuesta del público.

La sorpresa del cartel internacional fue que Abraham Mateo compartió escenario con Leslie Shaw en “Se acabó el amor”, derrochando energía en cada momento. Otro momento irrepetible fue cuando Nicky Jam hizo subir al escenario algunos espectadores para bailar con él “X”, pegajosa canción que se extendió por 10 minutos. Nacho se lució en el escenario, bailando y derrochando energía como un veinteañero, prescindiendo del playback en todo momento.

Ya entrada la madrugada, quien nos regresó al baile y el trap fue Farruko. Incluyó en su setlist la oscura y agresiva “47” tributo a Anuel. Algo que destaca notablemente de su performance es que incorpora un baterista en vivo, quien a través de un kit electrónico lanza beats acelerados con caídas improvisadas que ningún 808 sería capaz de reproducir.

Finalmente, y para los sobrevivientes, Gente de Zona trajo la cuota final de alegría. Y nos hizo bailar hasta terminar con nuestras últimas energías, invitando a Chyno Miranda para terminar de enloquecer y recompensar a quienes decidieron quedarse hasta las últimas.

Ya hacia las tres de la mañana, un poco menos joven y con un par de kilos menos de tanto bailar volvimos a casa. Definitivamente una noche inolvidable llena de amigos, gritos, baile y gente pasándola bien. Sobre todo por las colaboraciones sobre el escenario, tan inesperadas y una performance increíble por parte de artistas de tal talla, correspondidas por todos y cada uno.

Finalmente, quedo con la duda, al ver a tantos artistas del género urbano actuales y en ascenso juntos y llenando un recinto para más de veinte mil personas. ¿Por qué no hacer un festival de estas proporciones con artistas nuevos de un género como el rock, que tantas veces nos ha demostrado ser el género que llena más y mejor las salas de nuestro país? Estoy seguro de que no soy el único que quiere ver a sus artistas favoritos sin tener que salir del país. La respuesta a cómo generar un verdadero festival de música nueva y fresca podría estar allí, justo en el éxito de un festival de música latina.

Crónica y fotos por Brayan Flores Ramirez.

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