Si bien a Lima han llegado bandas de la talla de Metallica, Slayer y Megadeth, el pasado viernes 8 de abril fue el turno de una banda que aportó tanto igual a la escena underground mundial yacente en los sonidos del punk y como en el metal en los años 80. Desde Houston Texas, Dirty Rotten Imbeciles, o simplemente D.R.I., son la semilla de lo que se comenzó a llamar crossover hace más de tres décadas.

Qué habrán tenido en la cabeza estos chicos tejanos que en 1982, aun cuando el hardcore estaba moldeando su sonido, se mandaron con un EP brutal de 22 canciones de hardcore punk rápidas y radicales (más de lo normal). Era lo más extremo que se había hecho para la época. De ahí que el regreso de D.R.I. al Perú sea una cita obligada para los fanáticos del metal y el hardcore.

Llegué alrededor de las 9 de la noche al C.C. Festiva de Alfonso Ugarte. Había mucha gente afuera haciendo sus previas y adeptos al género muy bien caracterizados conversando acerca de sus expectativas para el concierto. Parte de la gente de Maestro Cannibal y los Desarme estaban en la puerta compartiendo cervezas y esperando que el show comience. Estaban muy contentos y se respiraba fraternidad y compañerismo. Lamentablemente Demencia no pudo tocar esa noche.

D.R.I. en Lima 2018

Empezó Maestro Cannibal con una excelente presentación, seis músicos en escena con mucha fuerza, ritmos de rápida batería con golpes fuertes y quiebres secos. Una fusión de hardcore con grind inglés. “Facho o policía” y “Víctimas de nuestra propia ignorancia” fueron las canciones más destacables de su repertorio. La gente que entraba prestaba atención a su propuesta y es que estos chicos que ya cuentan con nuevo disco, Victimas de nuestra propia ignorancia, tocaban con mucha caña y fuerza.

Seguía Desarme, quienes se presentaron en formato power trio. Los veteranos del hardcore limeño dejaron todo su arsenal de crossover perucho lleno de crítica social y política coyuntural. Muy contundentes y sólidos, llegaron a conectar con la gente lo cual provocó que se rompa el hielo e inicie el primer pogo de la noche. Canciones como “Cuál arte”, “Corrosión en la nación”, “Los verdes” y “Suciedad” fueron las más coreadas. Era evidente la influencia que han recibido los Desarme por parte de D.R.I. y esa noche estaban compartiendo escenario con ellos por segunda vez. Al terminar su presentación, las bandas nacionales se quedaron entre el público esperando con ansías al plato fuerte.

D.R.I. en Lima 2018

Pasaron algunos minutos y D.R.I. subió al escenario. Unos tipos sencillos vestidos de negro y un Kurt Brecht con su clásico gorro de camionero respetando siempre su estilo. Adolescentes/adultos sin pretensiones de rockstars ni nada por el estilo, estaban instalándose para tocar. Esta es la tercera vez que D.R.I.  toca en Perú. La primera vez fue en el 2002 cuando compartió escenario con Ataque Frontal, Dios Hastío, Desarme y Demencia. La segunda fue en el 2013 junto a la banda alemana de thrash metal Kreator

Las luces se apagaron quedando bien puesta la banderola que llevaron y entonces D.R.I. abrió su presentación con “The Application”. Su clásico intro de notas tétricas y golpes de tambores. De inmediato comienza a sonar el riff de la guitarra y los redobles de batería ascendente comienzan a intensificarse indicando que en cualquier momento esto va a explotar. Y fue así, desde la primera canción fue un concierto devastador. El circle pit no paraba de girar y había cada vez más caos y desorden. Siguieron con un reportorio variado de toda su discografía.

Cuando llegó “Violent Pacification”, el mosh se intensificó y los coros eran fortísimos. Siguieron canciones como “As seen on TV”, “Mad man”, “Couch Slouch” hasta que sonó “Acid Rain”, en donde el mosh aumento nuevamente. Los ritmos hardcore punk de D.R.I. hacen que sus canciones sean cortas y tocarlas una tras otra crea una barrera aplastante de sonido que no te da tiempo de respirar.

D.R.I. en Lima 2018

Después de una primera parte se tomaron un descanso, todo estaba en silencio total, y entonces, sin que nadie se lo espere, volvieron al ruedo con “Who Am I?”. Una canción tan rápida que fue como disparo imprevisto a la cien. Siguieron con su repertorio y no paraban, el público tampoco. Y de repente llegó “Thrashard”, si el mosh había sido intenso, ahora todo se estaba saliendo de control. Un agujero negro se estaba creando y no era para menos, esta canción es el himno de todo thrasher corriendo en círculos junto a punks, metaleros y demás.

Spike Cassidy, el guitarrista creador de todos esos riffs, estaba desquiciado. El señor dio un impecable show con arreglos de guitarra que te rompían los nervios en pocos segundos. Por otro lado, Kurt Brecht en el piso con el ceño fruncido cantando enojado la última parte de la canción. Empalmaron con dos canciones más y los blast beats no dejaban de sonar. Y es que Rob Rampy era una maquina en la batería, como si un tractor estuviese arrasando con todo a su paso.

I don’t need society” fue otro punto alto del concierto. Solo fueron necesarios dos minutos de canción para escupir todo lo que un joven revoltoso de Texas tenía en la cabeza por esas épocas. Fue una gran noche llena música fuerte y rápida. Se sentía esa esencia thrashera ochentera. Era como transportarse a la adolescencia y estar pogueando en círculos debajo de un puente o al costado de un tráiler. O reventándote los tímpanos encerrado en tu cuarto con tus posters de Dead Kennedys, Black Flag, Circle Jerks, Motorhead y Venom.

Crónica por Magno Mendoza. Fotos por Samuel Girón

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