Undercaos es el festival curado por Arturo Quispe / Necio Records que presenta una paleta de las distintas vertientes del rock n roll psicodélico, con énfasis en hacer honor a su nombre. Para la ocasión se ha armado un escenario a cada extremo del salón principal del Calabozo, uno para las bandas nacionales y otro para las bandas visitantes, al ras del suelo.

Llegué a la tercera edición del festival Undercaos, realizada el viernes 30 de marzo, alrededor de las 11 de la noche, poco antes de que el público alcance su pico. En el escenario ‘nacional’ está tocando Hipnoascensión, un punto medio entre drone y shoegaze con tintes de psicodelia clásica. A diferencia de la última vez que vi a Hipnoascención, la inmediatez de estar frente al escenario me permitió apreciar mejor el trabajo de guitarras y caos controlado de la banda.

Siguió Color Horror (Uruguay), banda uruguaya que alterna entre riffs pisotones (“No vamos a ir”, o mi favorita del set, “Better Run”) y temas decididamente garajeros como “Más alto que el sol”. Lo que da cohesión a la alternancia entre stoner y garaje suave es la actitud que la banda comparte con contemporáneos neo-psicodélicos como Psychic Ills, léase, una actitud relajada o “echada pa’trás”, una nueva forma de intensidad post-intensidad. Es el rock luego de tostar.

El set de Color Horror empalmó con el de Las Cobras (Uruguay), que es la misma formación de Color Horror pero con la adición de Sofía (sintetizador, voz). Las Cobras toma una base esencialmente drone y la actualiza con beats electrónicos y progresiones cumbieras, cantadas a dueto en diferentes octavas (me recuerda a Moon Duo) y sin abandonar la espacialidad guitarrera. El set, desafortunadamente, tuvo que cortarse tras el cuarto tema, y siento que no pude terminar de presenciar el arco de sonido de la banda.

Sigue La Ira de Dios, conmemorando el 17º aniversario de Hacia el Sol Rojo y su re-edición en vinilo por Necio Records. Tras ser presentados por Marcos Coifman, la Ira se manda un tremendo set – de los más largos e intensos de la noche, con merecido pogo – que repasa temas de Hacia el Sol Rojo y Cosmos Kaos Destrucción, haciendo gala de la intensidad de siempre y de un nuevo baterista que puede manejar a la perfección el repertorio de la banda – tanto lo lento como lo rápido.

Lo que sigue es Vago Sagrado, un trío chileno con una síntesis de influencias reconocibles pero un sonido resultante menos clasificable. Entre spoken word, gritos, líneas de bajo que reverberan, una guitarra con paleta bastante variada y un baterista que administra bien caudales de tensión, Vago Sagrado refuerza la máxima de que todo shoegaze es necesariamente psicodélico.

A estas alturas de la noche, la abundancia de bandas, junto con el modo ping-pong de mantener la música ininterrumpida entre los dos escenarios ha comenzado a pasar factura. Ya está bien entrada la madrugada, pero si el público disminuye algo en densidad, eso solo reitera la necedad de los que quedan.

Liquidarlo Celuloide se apresta a rematar a los fieles con la mezcla de brutalidad y baile que los caracteriza. A lo largo de los últimos años, Liquidarlo se ha dedicado a dar cada vez más estructura a la miasma sónica que proponían en épocas anteriores. La reciente adición de letras y voz por Juan Diego Capurro le da el último toque de accesibilidad y enganche sin que esto merme la capacidad de destrucción del ensamble.

Alcancé a escuchar un par de temas de Hijo de la Tormenta (Argentina) antes de caducar; la banda ejecutaba una tanda de riffs inclementes con una energía encomiable que es difícil reunir pasadas las 3 de la mañana. Digno el esfuerzo de Necio Records por traer un abanico semejante de bandas, y que en paz descansen los necios luego de semejante viaje.

Crónica por Nicolás Del Castillo. Fotos por Noelia Cabrera

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