Nada fácil se lo tenía Judas Priest para encarar esta gira sudamericana que marcaba su retorno a través de Firepower, álbum lanzado este año y con el que han regresado al sonido de sus obras clásicas como Stained Class (1978), British Steel (1980) o Painkiller (1990) por citar tres paradas importantes en la carrera de estos “Metal Gods”, esos a los que Rob Halford invoca a su paso en el escenario. Los años a cuestas del líder y cantante y la baja de Glenn Tipson, guitarrista original de la banda por un diagnóstico de parkinson, se presentaban como los principales escollos para una noche memorable, y le inyectaba a esta presentación cierta dosis de adrenalina por no saber que podría acontecer durante la primera parada de esta legendaria banda a nuestro país y uno de los conciertos más esperados por la fanaticada metal.

Ese extra que te aporta el teatro o la experiencia de la performance es toda la esencia de Halford, donde todas las miradas caen cuando cae el telón mientras sonaba aún “War Pigs” de Black Sabbath que ya era coreada por el público y te daba una idea de la ansiedad del público por ver por fin a Judas Priest. El cantante se pasea por el escenario y pareciera que bendijera uno a uno a sus compañeros en el escenario cuando les toca algún solo o simplemente los quiere hacer notar. Con la teatralidad del actor, entra y sale del escenario, se cambia de vestuario y continúa en lo suyo. La irrealidad de su voz aún intacta, haciéndose añicos la garganta para lograr el falsetto que crees que no llegará y llega y luego cambia de registro y termina la canción y en la pausa lo ves recuperando el aliento respirando como si se fuera a morir ahí mismo pero sabes que no lo hará porque no es de este mundo. Me olvidé de todos los años de espera solo por ser testigo de esta entrega única del maestro.

Judas Priest

Otra historia es la del par de guitarristas que flanquean a Halford. En primer lugar, Andy Sneap, productor del último disco y quien reemplaza a Tipson. Estupendo en todos los riffs que lo vi tocar, carismático y conectado con el público solo superado por el otro baluarte del show de ayer: Richie Faulkner, un absoluto guitar hero que toca con el corazón y con una fidelidad nada matemática, labrando esos tramados imposibles de speed metal con los que rozó el cielo cada vez que el protagonismo caía en sus dedos. No me saco de mi cabeza esa imagen suya tocando con la bandera peruana en la punta de su guitarra que quiero creer cayó ahí de casualidad.

El bajista Ian Hill que prefirió colocarse en una posición en segundo plano, en la esquina derecha y al fondo del escenario y el baterista Scott Travis que nos arengó en la previa de “Painkiller” cumplieron con mucha clase. La lista de canciones que tocaron trajo mucho de material antiguo para felicidad de los asistentes, y también algunas canciones de los discos más recientes. Para comentar y no olvidar la entrega del público coreando una a una las canciones, los pogos que se iniciaron con “Sinner”, los “ole-ole-olés, Judas, Judas” como bendición del respetable a casi cada una de las que tocaron, Rob Halford entrando con la Harley Davidson en “Hell Bent for Leather” y cantándola desde ahí hasta repetir el coro una y otra vez con el público. Se le notaba que estaba feliz con su estadía aquí, tanto así que al final soltaría un “Lima es de puta madre” que soltaría las carcajadas y aplausos de sus acólitos.

Se van y vuelven para ametrallarnos con tres himnos: “Electric Eye”, “Breaking The Law” y cerrar con “Living After Midnight”. Demoledores de principio a fin, ya el Jockey Club era un despelote para este momento de la noche. Puras caras de alegría, abrazos, cánticos a viva voz mientras aún suenan las canciones. Fin del show. Una hora y media, quizás un poco más. 19 canciones. La gente clama “Judas Priest” una y otra vez mientras Halford y sus cómplices hacen los saludos respectivos y agradecen todo lo que pasó ahí. “The Priest Will Be Back” se lee en las pantallas. Ojalá. Gran lección la dada por estos veteranos que sin efectos especiales, sin pirotecnia, sólo un par de pantallas y una puesta en escena austera han dado uno de los mejores conciertos que he visto este año en nuestra ciudad.

Crónica por Álvaro Torres. Fotos por Lukas Isaac

Setlist de Judas Priest en Lima 2018:

1. Firepower
2. Running Wild
3. Grinder
4. Sinner
5. The Ripper
6. Lightning Strike
7. Turbo Lover
8. Desert Plains
9. No Surrender
10. The Green Manalishi (With the Two Prong Crown) – Fleetwood Mac cover
11. Night Comes Down
12. Rising From Ruins
13. Freewheel Burning
14. You’ve Got Another Thing Comin’
15. Hell Bent for Leather
16. Painkiller
Encore:
17. Electric Eye
18. Breaking the Law
19. Living After Midnight

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