Poco antes de las cuatro de la tarde, un sol amable envolvía la bahía de Lima, el océano proseguía en su movimiento imperturbable y en la pantalla de mi computadora el mediático festival Coachella ofrecía una transmisión en vivo desde sus tres escenarios emplazados en la montañosa ciudad de Indio, California, con artistas de diversos estilos y procedencias que representaban lo más destacado de la música alternativa actual junto a los ya consagrados y sacramentados como Beyonce, Eminen, Jamiroquai, entre otros.

Casi al mismo tiempo, otro festival abría sus fauces para invitarnos a un viaje de exploración musical que ya lleva 10 años de travesía y que guarda estrecha relación con el Coachella: ambos comenzaron en un rancho, se alejaron del bullicio urbano para proponer un mayor acercamiento y conciencia del entorno natural, apuestan por artistas alternativos, producen sus eventos desde la experiencia del público, cuidando cada detalle de esta comunión pagana donde la música es el gran tótem invisible, entre otros méritos. Sin embargo, en la pantalla de Youtube las apuestas sonoras desplegadas en California se derretían en el inmenso mar de la retromanía, de la copia que se pretende infiel pero es más de lo mismo, a diferencia de ediciones pasadas, esta vez el inicio del Coachella aburría más que un partido de fútbol americano.

Miles de kilómetros más acá, la Primera Parada del Selvámonos proponía una mayor democracia musical y social: mudaron el festival al Centro de Lima, reducto histórico de la escena alternativa limeña y mucho más accesible para los que no frecuentan el circuito Barranco-Miraflores. La primera tanda de artistas estaba compuesta por nuevas propuestas como Mr. Pucho (llegados desde Trujillo), Pooow!, o Jefry, bandas que probablemente no encontrarías en algún Vivo por el Rock y que en este festival hallan un espacio de difusión para sus inquietudes musicales.

Cae el sol y aún sigo bailando

Con la noche limeña como escenario de fondo, la Primera Parada del Selvámonos desplegaba sus alas musicales en los dos escenarios del Centro de Convenciones Festiva, con una decoración que recreaba un poco de la maravillosa selva oxapampina, lugar natural de este festival, con una correcta señalética que hacía fácil el desplazamiento dentro del local (incluso si ya llevabas varias cervezas encima) y que además te enseñaba a distribuir, de manera ecológica, la basura en los contenedores colocados en el recinto. Mientras tanto, en el escenario principal transitaban proyectos locales de alta calidad como el sofisticado rap electrónico de Menores, el rock&blues andino de Uchpa o la chicha con aromas de reggae de Olaya Sound System.

Metros más allá, en el escenario bautizado como Dub Corner, una torre de parlantes y subwoofers emulaba los legendarios sound systems de Jamaica, sistemas de sonido ambulantes de enorme importancia para la difusión del reggae, el dub y sus derivados y que en este escenario elevaba los sentidos y los brazos de espíritus jóvenes, al ritmo de las profundas vibraciones que emitían las cajas de resonancia. Mérito de Selvamonos el incluir esta vertiente de la música electrónica que ya lleva varios años desarrollándose en nuestra ciudad gracias a la labor infatigable del productor Jaime León y el crew Lima Sound System, que esta vez propuso una alineación de selectores y productores como Loko Bono, Jah Chata, Rebel-I o Insaint, entre los cuales destacó enormemente el proyecto China María, trío de músicos limeños que performaron una exquisita mezcla de dub y reggae psicodélico que merece ponerle más atención.

Trópico en dos tiempos

La cumbia es el pasado pero también el futuro. No existe género musical latinoamericano que se haya expandido más y que haya trascendido tiempos, modas, estratos sociales, crisis y marginaciones, como la cumbia. Se puede bailar en Buenos Aires tanto como en Los Ángeles, Madrid o Berlín. Para entender este proceso basta con presenciar un show de Cumbia All Stars, aquel combo cumbiero conformado por importantes músicos de la época dorada del género en nuestro país y que se han paseado por escenarios tan inalcanzables como el Glastonbury Fest de Inglaterra. Escucharlos en vivo no es solo una invitación al baile y al goce tropical, sino que además nos da acceso a la vasta enciclopedia de la cumbia peruana, con un repertorio donde se destila los mejores temas de las bandas más icónicas del género.

Culminado el show de Cumbia All Stars y con los cuerpos aún encendidos, hizo su aparición el “rebelde del acordeón”, el “cacique de la campana”, el Michael Jackson de la música tropical que, en una misma canción, puede mezclar cumbia sonidera con hip-hop, porro y rock: Celso Piña, resguardado por su Ronda Bogotá, incendió el C.C. Festiva desde el primer grito de su inseparable acordeón. Con su despreocupado humor mexicano, el maestro Piña era dueño absoluto del escenario, del público, de la noche y de la tradición tropical: presenciar su show fue transitar por los distintos vértices de la cumbia, mestizaje exquisito de ritmos africanos, sonoridades indígenas e instrumentos europeos que en la voz y manos del maestro Piña se entrecruza con su propio bagaje cultural donde yacen boleros, guarachas, vallenatos, rocanroles o raps como las que cantó al lado de su “compadre” Pato Machete, ex integrante del dúo de hip-hop Control Machete. El iconoclasta de la cumbia mexicana no solo ofreció una clase maestra de música tropical de raíz sino que además les regaló a los músicos una lección para el vivo: si tienes problemas técnicos con el sonido, hazte el loco y presenta a tus músicos uno por uno, así le das una mano al sonidista para que termine de calibrar el monitoreo.

Finalmente, La Nueva Invasión se encargó de cerrar el escenario principal, elevando el estandarte de las nuevas generaciones que se apropian, desde el respeto y la creatividad, de la enorme tradición tropical latinoamericana, traduciendo con sus propias palabras y actitud en el escenario, aquello que se baila, se piensa y se goza en miles de fiestas de la periferia urbana pero también en Barranco y Miraflores. Este estupendo ejercicio de democracia cultural cumple 10 años y la celebración principal será el próximo 29 y 30 de junio en la ciudad de Oxapampa, frente a las montañas.

Crónca por Lucho Pacora. Foto por OjoxojO