Quizá hace todavía una década podríamos haber trazado una cronología del rock sin final concreto, mas últimamente parece que el monolítico género ya estuviera cerrando su arco narrativo. Reflejando la entrada de su público en la adultez y el poder adquisitivo que suele venir con ella, han hecho la transición de contracultura a cultura, y esto se refleja en las giras de artistas como Magma y Steve Hackett que han abandonado tarimas transitorias por teatros y escenarios bien asentados.

El Gran Teatro Nacional es perfecto – solo puedo imaginarme lo que hubiera sido ver a Yes y a Magma aquí – con su acústica expansiva y transparente. La gira se llama Tour de Force, y es un curso rápido sobre la retrospectiva total del guitarrista bandera de Génesis (aunque no fue miembro fundador).

El concierto abre de golpe con “Please Don’t Touch”, un tema tenso y urgente con contorsiones guitarreras plenas y pasajes típicos (pero muy bien bienvenidos) de rock progresivo setentero. Terminado el tema, Hackett saluda al público en su mezcla de español, inglés, francés y alemán antes de empalmar con “Every Day”, el primer tema cantado de la noche. La banda muestra una sincronía perfecta en los versos y el masivo coro, anclado en pisotadas de bajo que recuerdan a lo más accesible de Yes, antes de lanzarse a un coda extendido donde Hackett se adentra en un solo épico, haciendo gala virtuosa de su no-virtuosismo.

Steve Hackett

Hackett es un guitarrista con sensibilidades clásicas y modernas. Por un lado, es un guitarrista que toca no desde la mente del guitarrista, si no desde la mente del músico; trata la guitarra como instrumento solista donde cada nota está bien curada. Comparado con su contemporáneo Steve Howe, es menos virtuoso, pero más memorable. En simultáneo a esta sensibilidad clásica, Hackett hace un uso apropiadísimo de mayor tecnología y efectos que sus pares de época. Esto no camufla ningún tipo de carencia, porque no la hay: al final de “Behind the Smoke” se lanza en una ráfaga de escalas rockeras, demostrando que tiene dedos tan ágiles como cualquiera.

El set continúa con “When the Heart Rules the Mind“, un tema de GTR que coquetea peligrosamente con el rock de estadio, antes de que irrumpa en escenario el vocalista Nad Sylvan, para prestar su voz a “Icarus Ascending, más un momento capturado entre olas de sonido que una canción. La banda se adentra en el segmento final de “Shadow of the Hierophant“, una progresión ominosa, cíclica y catártica que alcanza una intensidad casi enloquecedora (me refiero concretamente al volumen en la sala), pero muy apta para cerrar el bloque “no Genesis” de Hackett y apurarse en complacer al público.

Steve Hackett

Nad entona “can you tell me where my country lies?” y solo toma un par de sílabas antes de que el público esté cantando con el tema inaugural de Selling England by The Pound, primero en una hilada de temas que recorren este y otros discos fundamentales de Genesis. Para abreviar la descripción de música que es harto conocida solo diré que la ejecución fue inmaculada y todos los temas se sintieron como uno – un viaje ininterrumpido a través de distintos ánimos y modulaciones donde la banda demostró por completo su músculo; el vientista Rob Townsend, proficiente en saxo, clarinete y en hacer aplaudir al público; el baterista Gary O’Toole, preciso, contundente, en terno y sin romper en sudor, el tecladista Roger King en los teclados canalizando al original Banks o inclusive evocando a Wakeman y Lord donde es pertinente; y Jonas Reingold en bajo y segunda guitarra – discreto pero muy contundente.

Hasta el final del show el público fue engreído con clásico tras clásico de Genesis, incluyendo la yapa (vale, encore) de “Myopia” / “Slogans” / “Los Endos“, tres temas hiperactivos de Genesis que culminaron casi en un brote noise donde Hackett casi abusó de su guitarra, Reingold hizo malabares con su bajo, y la posterior ovación donde el público se apelmazó frente al escenario para poder estrechar la mano de la leyenda misma.

Crónica por Nicolás Del Castillo. Fotos por Fabio D. Miranda

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