El Gran Teatro Nacional recibió en una ovación a Susana Baca anoche miércoles 29 de agosto en la presentación de su último disco Quiéreme, grabado entre La Habana y Lima, a dúo con la cantante cubana Argelia Fragoso.

Las luces se apagan, la orquesta ya está en su lugar. Un reflector ilumina la sonrisa y los pies descalzos de la cantante afroperuana entre músicos de la altura y trayectoria de Ernesto Hermosa, Kike Purizaga y María Elena Pacheco. Susana lleva puesto un vestido de vuelo ligero, que ondea al ritmo de sus pasos pequeños pero profundos, dándole el garbo característico de la danza criolla del Perú.

El concierto abrió con “De los amores”, un tema de composición propia, que da inicio al álbum Eco de Sombras lanzado en el año 2000. Si algo caracteriza la trayectoria de Susana Baca es su lírica. No sólo porque ha convertido en canción los versos de grandes poetas nacionales, como Carlos Oquendo de Amat, sino también por temas como este en donde nos recuerda al son de los platillos que “no cree en los metales” y “cómo duele el esmero”.

Continuó la fiesta con “Milonga de mis amores”, un clásico del repertorio porteño compuesto por Pedro Laurenz en la década del 30. Casi no quedó rastro de la sonoridad bonaerense, para darle paso al bordón y redoble de cajón. Susana al término de la pieza señaló “esta canción nos recuerda los ritmos que se han dado en toda la América, así que la hemos traído esta noche para celebrar”. Todo el recital fue un homenaje a la cultura latina.

El tercer tema fue sin duda uno de los más memorables: Viento del olvido, un poema de Manuel Scorza, musicalizado por Juan Luis Pereira de la banda El Polen: “Yo veía las cosas más sencillas volverse misteriosas cuando ella las tocaba”. Como la mística de la música popular, que se caracteriza justamente por su capacidad para remodelarse, refundarse y recomponerse, siempre con la frente en alto. Lo que vivimos ayer fue un hito cumbre del folklore nacional.

A continuación, Susana nos deleita con otros poemas musicalizados. Esta vez es el turno de “Los Amantes”, de Arturo Corcuera, seguido del ya clásico poema de Oquendo de Amat que reza “Para ti tengo una sonrisa impresa en papel japón”, de su mítico poemario 5 metros de poemas.

Queda claro que la peruanidad no está solamente habitada por corruptelas, obras viales inconclusas y dietas hipercalóricas. El Perú es también un reducto ineludible de belleza, de poesía y música sin igual. Susana Baca cuando se para sobre el escenario, con esa humildad descalza suya, se convierte en guardiana de la identidad de una nación: la belleza imperecedera de la lengua castellana, los ritmos afro y la solemnidad del violín andino.

No faltaron las interpretaciones de los hitos de nuestra música criolla Chabuca Granda con “Rosas y Azhar” y el “Cariño” de Manuel Acosta Ojeda, siendo este último “uno de los valses más entrañables que se han compuesto” de acuerdo a nuestra ex ministra de Cultura y ganadora de dos premios Grammy Latino.

A la mitad del concierto, tras entonar “Quisiera ser caramelo” del “encantador y seductorAndrés Soto, Susana hace una pausa para presentar a su invitada de honor. Argelia Fragoso entra con reverencia al escenario y nos encanta con las peruanas letras de Juan Gonzalo Rosé. “Por tu ventana dormida…

Tras “Veinte años” (“hoy represento el pasado, no me puedo conformar”), ahora sí juntas y tomadas de la mano, Susana Baca y Argelia Fragoso cuentan la historia de cómo nació el disco. Hace cuatro años se conocieron en La Habana y fue entonces cuando sus voces se unieron por vez primera, homenajeando a Teofilito. Ahora es el violín de Maria Elena Pacheco el que suelta las primeras notas de “Pensamiento”, a las que se suman los caribeños timbales y finalmente la armonía de Baca-Fragoso.

Cantaron juntas durante media hora, las últimas canciones acompañadas por un grupo de jóvenes de Cañete que bailaban en el fondo del escenario, al ritmo de los tambores de un Daniel Mujica que resonaba la percusión con soltura caribeña. El concierto terminó con el tono y el color de una alegre fiesta popular.

Aun así, la audiencia estaba ansiosa por escuchar aunque sea una canción más de la afroperuana más icónica de nuestros tiempos y, tras unos minutos de aplausos y silbidos, Susana regresó emocionada al escenario para interpretar “Bartola”; arrastrando con una sacudida de hombros siempre rítmica y festejando los años que le ha costado llegar a tamaño pedestal.

Crónica por Antonella Chichizola. Fotos por Alonso La Hoz.

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