Habían pasado 10 meses desde la última vez que Tobogán Andaluz pisó suelo peruano. En aquella visita, el cuarteto proveniente de Buenos Aires presentó Luz Satelital (2016), la última parte de su trilogía inspirada en la vitalidad y expiración de la luz como concepto base. Sin embargo, en esta ocasión, advertimos a un Tobogán Andaluz no completamente distinto, pero sí mucho más refinado. Su nueva producción, Fuego en las naves (2018), escapa de la sonoridad “lo-fi” a la que estuvimos acostumbrados durante 8 años y, más bien, confiere mucha mayor responsabilidad a las percusiones, guitarras, teclados e inclusive al componente lírico, donde Facu Tobogán ha logrado conmover cada vez más con el paso del tiempo.

No obstante, más allá de las elogiables cualidades formales de su más reciente álbum, Tobogán Andaluz nos ofreció, la noche del 25 de octubre, un compendioso y sorpresivo set-list que reunió lo más importante de su discografía. Esto permitió que las canciones más enternecedoras e inocentes de su primera etapa alcancen un interesante, pero necesario contraste con la impactante narrativa de un mundo oscuro, adulto, injusto y desdichado que se deja comprender entre los versos de su nuevo LP. El acalorado repertorio tomó en cuenta 27 canciones que hicieron vibrar a las casi 70 almas reunidas en el sótano del Quintobar durante unos incesantes 90 minutos en los cuales, incluso, se dedicó un pequeño homenaje a los legendarios Saicos.

Todo comenzó a las 9:15 pm, cuando la banda se adueñó del pequeño escenario que el ajustado recinto y sus entrometidas columnas pudieron permitir. Se podía percibir una doble sensación de responsabilidad por parte del grupo, pues no hubo en la noche telonero que pudiera calentar a la masa de gente que paulatinamente se les iba aproximando. De todas maneras, rápidamente y sin ningún temor, Tobogán Andaluz se dispuso a iniciar el concierto con “Overture”, tema instrumental que también es el encargado de abrir su nuevo disco, y “2 semanas”. Sin embargo, interferencias en el sonido amenazaron con obstaculizar la conexión entre la banda y su público a pesar de ser solucionado en la prontitud. Pero no hay nada que un par de clásicos no solucionen. “Seis de la mañana” y “Siempre sueño las mismas cosas” lograron que olvidemos aquellas imperfecciones técnicas y nos concentremos en el pícaro e inquieto performance de Facundo Tobogán sobre la tarima.

Los minutos pasaron, aunque el público, en un principio, se resistió a mantenerse tibio. Recién pudo liberarse del incómodo estancamiento del que parecían presos gracias al arribo de temas conocidos, como “Alfonsina en Marte” y “El detalle”, los cuales tuvieron la potencia suficiente para volver a mover los cuerpos. La confianza se reintegró y esto se pudo apreciar en su esplendor cuando las voces de los protagonistas fueron opacadas por el clamoroso cántico de una audiencia que dominaba a la perfección las letras del cuarteto. Luego de esto, el concierto se desarrolló con una energía natural y hasta eufórica en puntos importantes, como en la interpretación de “Las naves espaciales”, “Claridad” y “Coney Island”.

Sin embargo, esto no significó que las canciones del Fuego en las naves (2018) no hayan captado la atención de la gente, sino que, en algunas oportunidades, la carga temática de estas canciones produjo una atmósfera densa que reprimió cualquier intento de pogo. Por ejemplo, “Lágrima plateada” -canción inspirada en Higi (Eva Analia de Jesús), quien fue encarcelada por actuar en defensa personal frente a uno de los ocho hombres que intentaron abusar sexualmente de ella- es una canción que no retiene su fuerza en los brincos que puede causar, sino en su mensaje, el cual, a su vez, necesita también de acciones: la aterradora e injusta experiencia de la que son vulnerables muchas mujeres al igual que Higi. De todas formas, canciones así son necesarias a pesar de sus posibles críticas.

Ya hacia avanzadas horas de la noche, Facu se desprendió de su guitarra y, con una actitud mucho más rebelde que la de un crooner de oficio, se hizo completo dueño del micrófono para agacharse a cantarle lo más cercanamente posible al desafiante y alborotado conjunto de palmas que tenía en frente suyo. La apasionada muchedumbre reconoció la cumbre de la noche casi por el final al oír los primeros acordes de “Lo que más quiero”. Aunque muchos creyeron que esto significaba el fin, aún restaba otro de los himnos de la banda: “Esperando la primavera”. La canción combinó perfecto con un clima limeño que apenas está sintiendo los efectos primaverales, pero que, con cierta expectativa, aún seguimos aguardando por ella.

Finalmente, a pesar de las apariencias, los chicos encubrían dos sorpresas más debajo de la manga, “Mi amigo rayo”, presente en su primer y más infravalorado LP, Corazón congelado (2011), fue entonado para deleite de los más conocedores y “Ana”, originalmente de Los Saicos, se encargaron de dar por concluido el recital. Aunque después pudimos escuchar una curiosa cuestión pronunciada con acento porteño desde alguno de los micrófonos: ¿dónde la seguimos?

Crónica por Gustavo Esteban Ampuero. Fotos por Leandro Padilla

Setlist de Tobogán Andaluz en Lima 2018:

1. Overture
2. 2 semanas
3. Seis de la mañana
4. Siempre sueño las mismas cosas
5. Un tesoro en la avenida
6. Fuego en las naves
7. Partido en dos
8. Alfonsina en Marte
9. Las naves espaciales
10. Lágrima plateada
11. El detalle
12. Tango
13. Orión, el cazador
14. La luz del lugar
15. Coney Island
16. Amor en el Cine-Club
17. Claridad
18. Lobo
19. Canción de Navidad
20. Rayo de luz
21. Chica del Tonebank
22. María juega a ser un avión
23. Lo que más quiero
24. Ego y distancia
25. Esperando la primavera
26. Mi amigo Rayo
27. Ana (Los Saicos)

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