Allá por el año 2011, comenzó una movida que sería recordada en Lima más allá de sonidos y estética, sino más bien por un estilo de vida: la época del “PS”. Me refiero a aquella época que giraba en torno a un lugar, el local del Partido Socialista, ubicado en el corazón de Lima y hogar de una juventud que solo quería un espacio donde poder escapar -o encontrarse- entre música, amistad, alcohol y algo más.

De esa época, algunos actos musicales pasaron a quedar marcados en el corazón de una generación. Pero como dije, más allá de cuestiones sonoras o estéticas, lo que determinó esta movida fue el estilo de vida y este tenía nombre: cagarla. Fueron buenos años, aunque a veces -sin dejar de lado que tengo mala memoria- pienso que no fueron tantos años, pero sí muchos recuerdos. El municipio, la policía, los serenazgos, la administración del local, solo ellos pudieron acabar con eso.

Entonces, ¿qué pasó cuando esta movida se quedó sin hogar? O peor, ¿qué pasa cuando cagarla ya no es tan divertido? Eso es algo de lo que la banda nacional Luis Guzman tendría mucho que decir, o incluso los jóvenes Kill Amigo que en esos tiempos formaban parte de la movida como público. Ambas bandas fueron elegidas para abrir anoche, jueves 19 de abril,  el concierto de Wavves, banda californiana de surf punk/indie rock liderada por Nathan Williams, tranquilamente uno de los representantes internacionales de este estilo de vida desde hace 10 años o más.

Wavves

La venida de Wavves a nuestro país con poco tiempo de anticipación fue recibida como un llamado nostálgico para que todas las almas del PS, y también aquellos benjamines que llegaron tarde a esa época, pudieran juntarse un jueves (ojo, no viernes o sábado) en el Help! de Barranco para revivir buenos tiempos en un pogo o una cerveza.

Esta canción es sobre la marihuana”, “Esta canción trata de estar muy resaqueado”, “¿Saben que mañana es el día internacional de Wavves, no? Mañana es 4-20”. Estas serían cosas que la banda diría al micrófono, intentando despertar esas emociones en un público probablemente más joven que ellos y logrando una especial conexión en un repaso por sus mejores temas como “Way Too Much”, “King of the Beach”, “Demon to Lean On”, “Million Enemies” y “No Shade”.

Lamentablemente podía también sentirse cierta complicación en el desempeño de Nathan, quien desde el inicio diría que se encontraba enfermo, explicándonos en otra parte del concierto que un doctor lo había visitado al hotel para inyectarle una enorme jeringa en el trasero (saludos a Bethany Cosentino de Best Coast). Ante esto, un agradecimiento especial a Stephen Pope (bajista muy buena onda), Alex Gates (guitarrista confundido en algún momento con el artista local Santino Amigo) y Brian Hill (baterista punk de corazón) por dar todo de ellos para sacar el show adelante.

El show terminaría con los últimos gritos para “Nine is God” (recordado tema del juego Grand Theft Auto V) junto a dos clásicos del disco King of the Beach (2010): “Post Acid” y “Green Eyes”. A diferencia de otros shows anteriores, no hubo encore, la banda simplemente decidió dejarlo todo en la cancha mientras pudo. Este ha sido un buen punto de partida para una nueva productora en la ciudad, BackHome Booking, quienes cumplieron en su primer evento con ofrecernos un local y sonido acorde a lo que necesitaba el debut en Lima de un referente del género surf dentro de la movida indie y punk en estos últimos años.

La última apreciación que me queda rondando en la cabeza es si una buena parte del público tal vez estuvo tan concentrada en revivir el recuerdo de grandes noches con Wavves que simplemente olvidaron un poco aprovechar la presentación de dos actos locales de la misma línea (uno que se despedía de los escenarios y otro emergente que comienza a escalar). ¿Era mucho pedirle eso a un jueves? ¿Lima aún no supera el concierto de Radiohead del martes? La vida después de cagarla, debe ser.

Crónica por Paulo Contreras. Fotos por Brayan Flores.

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