En estos tiempos en los que se habla sobre la muerte del rock, Arctic Monkeys se subió por primera vez a un escenario peruano a demostrar que todavía hay muchos jóvenes con ganas de perder el control al ritmo de baterías aceleradas y guitarras eléctricas. El pasado martes 26 de marzo tuvimos el concierto que la generación de rockeros del nuevo milenio estaba esperando desde hace muchos años.

Desde la confirmación de Arctic Monkeys en Lima, este se perfilaba a ser un concierto especial. Una semana antes ya teníamos a gente acampando en las afueras del Jockey Club y la emoción iba creciendo sobre todo cuando un día antes del show se anunció que se habían agotado las más de 21 mil entradas para el concierto. Entre el público podíamos ver gente de todas las edades incluyendo fanáticos maquillados de payasos con la esperanza de escuchar «Fluorescent Adolescent», canción que no tocan hace varios años (y Lima no fue la excepción).

La noche la inició Los Outsaiders con un show a la altura de la ocasión. La banda nacional logró armar los primeros pogos de la noche dejando claro que eran los indicados para abrirle a los Arctic Monkeys en Lima. Ahora ellos partirán a Nueva York a grabar su próximo disco junto al ganador del Grammy Latino Rudy Pagliuca.

Los monos llegaron con Tranquility Base Hotel & Casino (2018), su sexto álbum de estudio con el que se aventuraron por los caminos del pop de antaño con aires a los 60, como anuncia su portada. De hecho el setlist de esta nueva gira por Latinoamérica tuvo como ejes sus dos últimos discos. Pero los fans también querían escucha los temas de sus inicios que los convirtieron en “los cuatro fabulosos” del siglo XXI.

Esas ganas de escuchar los acelerados ritmos de los monos se demostraron con “Brianstorm”, la segunda canción del repertorio, con la que se desató un pogazo propio de quienes llevaban la energía contenida por más de una década esperando escucharla en vivo. “Hello, Lima” dice Alex Turner consciente del tremendo hit que le regala a sus fans. No serían muchas las palabras que el cantante dirigiría al público y algunos incluso piensan que Alex es sobrado pero en realidad se trata de la misma actitud que James Dean y Marlon Brando encarnaban en sus películas para adolescentes rockeros de los 50.

I Bet You Look Good on the Dancefloor” fue el otro bombazo de los inicios de la banda que desató la locura entre el público. El himno generacional del disco debut más vendido en la historia del Reino Unido fue de los temas más esperados de la noche. Otro clásico de la voz distorsionada y las historias cotidianas de Alex Turner que se convirtieron en la marca registrada de Arctic Monkeys fue “Teddy Picker”, de las mejores de la noche.

Pero la banda ha tomado un nuevo camino hacia la madurez desde su aclamado AM (2013) y especialmente con su Tranquility Base Hotel & Casino (2018). Si “Knee Socks” y “Why’d You Only Call Me When You’re High?” sonaron a la altura de la banda que mantiene la antorcha del rock, los temas de su nuevo disco nos mostraron a un Alex Turner explorando nuevos terrenos desde perspectivas contemplativas y más calmadas que sus inicios desbordados de efervescencia adolescente.

Hola, somos los Arctic Monkeys” dice Alex antes de volver al escenario para el encore con el tema que abre su nuevo disco, “Star Treatment”. Pero el gran final se lo llevó su quinto disco con “Arabella” y “R U Mine?”. Luego del concierto, los monos se fueron al Eka Bar de Miraflores junto a Los Outsaiders, con quienes hicieron buenas amistades compartiendo cerveza y vinilos.

Y si bien los ingleses se fueron rápidamente del Jockey Club, las más de 21 mil personas del público tuvimos que sufrir las penurias de no contar con locales diseñados para conciertos. Además de estar prohibida la venta de bebidas alcohólicas en el Jockey (fue duro disfrutar del rock & roll sin una cerveza helada), las salidas dispuestas para el concierto fueron insuficientes causando peligrosas aglomeraciones. Lamentablemente ya no disponemos tanto como antes del Estadio Nacional para la realización de conciertos y el Jockey Club es el “peor es nada” que nos queda.

A pesar de las dificultades que enfrentamos por la falta de locales para conciertos, que los Arctic Monkeys hagan un sold-out en Lima muestra la madurez de nuestra escena local. Ya está bastante claro que ninguna banda es demasiado grande como para tocar en Perú. Ahora solo queda esperar a que otros íconos del indie rock del nuevo milenio toquen en nuestra ciudad. Y en cuanto a los Arctic Monkeys, ya saben que acá tienen un público listo para recibirlos en su próxima gira.

Crónica por Gerardo Silva. Fotos por Ricardo Choy.

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