Pasadas las doce, todos los Ases Falsos ya estaban ubicados en el escenario. Todos menos Cristóbal Briceño, quien, tras una obertura, se uniría al conjunto para oficiar el rito con espasmos animales.

Vestido como si fuera a jugar partido, polo oscuro básico, short Adidas corto, desgastado, medias diminutas y tabas plomas, el chileno se colgó la de seis cuerdas y –golpes a la tarola– Ases Falsos arrancó con “Fuerza especial”. El público se enchufó en one, y los coros y saltos no se hicieron esperar.

Al fondo, Sergio Sanhueza le sacaba sabor a las congas, dándole una atmósfera tribal al show. A continuación, “La gran curva” y la incipiente barba de Briceño raspando el micro. Su antebrazo derecho balanceando la calaverita tatuada.

Luego: “Salto alto”, “Qué hará de mí” y “Venir es fácil”. Como si hubieran comprado el cancionero de a luca afuera de su colegio, unos chibolos se sabían las letras de pe a pa. Y alguien repetía “Pacífico” a gritos (como si no la fueran a tocar…).

En algún momento comenzó a destacar la flauta traversa de Hermes Villalobos. Ahora ese músico alza una quijada de burro y comienza la punkeke “Chakras”, una rara mezcla de “Molly’s lips” de Nirvana con “Cum on feel the noize” de Quiet Riot (acéeeeeptalo, eees normal).

Media docena de músicos al lado de Cristóbal: la tarima del Sargento Pimienta les quedó chicoma. En general, la ejecución instrumental y el sonido fueron muy buenos (cual grabación de estudio), aunque por ratos la voz de Briceño se hacía aguardentosa, al borde del gallo. Igual, ningún problema: era una ronquera agradable.

Siguieron “Nada me debo”, de su último disco Mala fama (2018), y “Nada”, cuya introducción fue a capela. Otra vez, Sanhueza poniendo el picante, picando la lata. Una mención aparte para el patilludo baterista, Daniel de la Fuente, pegándole con ganas a sus tambores. En ciertos pasajes del show, los instrumentistas parecían más conectados con el público que su frontman.

Aunque esa impresión se diluyó cuando Briceño dejó la guitarra, saludó un poco tarde a su gente y se puso a sentir el ritmo de sus canciones. Otra rola nueva: “Lucha causa problema”. El chileno se soltó, bailó e hizo algunos disparos con su estómago: ¡boom! ¡boom!

La estoy pasando bien”, dijo. ¿Catarsis?

La lenta “Películas” (aquí pensé que necesitaba hierba o un energizante), y minutos más tarde Cristóbal nos confiesa, literalmente, que le rompieron el culo antes del concierto. O sea, que lo pincharon, una inyección, detalló.

Ya conocí cómo es su servicio hospitalario… Obviamente fui a un hospital privado… Me gasté toda la plata en esa inyección. Es lindo ver a un hombre sufrir”, divagó.

Dicen que esta canción es argentina, pero yo creo que es peruana”, dijo, mientras los Ases Falsos se convertían en una orquesta de cumbia, interpretando un swing villero: “Mujeres y cerveza”.

Ahora sí, Briceño divirtiéndose en el proscenio, gozando. ¿Quizás el rock ya no le provoca ese frenesí? “Tú sabes cómo soy, me gusta ser así, me gustan las mujeres y la cervecita”, cantaba, zapateando con los brazos extendidos.

Después de ese lapsus, “Mucho más mío”, temita que me recordó al discazo Superficies de placer, de Virus. “Ahora una de hace diez años”, anunció Cristóbal. “2022 ” de los Fother Muckers (N.A.: los Ases Falsos antes de ser los Ases Falsos). “Hacer treinta planes, fracasar siempre, y después de todo terminar pasándola bien”, los dedos en alto apuntan al chileno, otra vez al borde del gallo.

Séptimo cielo.

Después: “Pacífico” –fiestón, la pipol se volvió loca– y la romanticona “Simetría”.

Soy un hombre enfermo”, masculla Briceño, que desde hace un rato amenaza con la última. Sus seguidores silban, quieren más. Entonces: “Mala fama”. Las palmas acompañan a los músicos. El lado sensual de Briceño: “Quédate conmigo hasta que salga el sol”.

Ahora la canción “Ases Falsos” de los Fother Muckers (acaso un resumen de la noche del jueves):

“Sabíamos que los Ases Falsos no eran la gran banda de rock… Así y todo, no hubo una sola vez que no fuéramos… Bailábamos como quien sabe que se va a morir… Cantábamos… Sonaban bien mal… Siempre les pedimos más… Qué buenos tiempos”.

Briceño dice que es suficiente, que retornará al país cuando esté diez de diez, que espera que esa fecha sí se llene el Sargento Pimienta, y lanza un beso con ambas manos.

La estimulante Así es como termina cierra la segunda visita de Ases Falsos al Perú. La imagen: Briceño llevando su brazo de un lado a otro, el pasito limpiaparabrisas. El show muere en la cúspide, como debe ser.

De todas maneras –y es mi opinión– aún queda una deuda por saldar. La técnica y el profesionalismo de los chilenos son innegables, pero les faltó –sobre todo a Briceño– ese alguito más, de repente la pasión, que hace a los artistas difíciles de olvidar.

PD: A destacar el telón que abrió el mexicano Santiago Lara –músico de Mon Laferte–, con una puesta en escena acústica, fresca y llena de una energía que se llevó aplausos, felicitaciones y sonrisas. Para el recuerdo: a pedido del respetable –al grito de ¡seco, seco!– se zampó dos shots de pisco puro. ¿Cómo habrá acabado esa noche? Malditos.

Crónica por Luis Francisco Palomino. Fotos por Lorena Spelucin

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