Los autos pasaban por el costado del escenario, entrando o saliendo. Algunos prefirieron ahorrarse la entrada y desde lo alto de ese estacionamiento, como sombras, miraban el concierto de un Bryan Adams sorprendido por insólito lugar para dar un show. “Es la primera vez que canto viendo carros en movimiento a mi alrededor. Gracias por venir a este parking lot”, dijo el cantante.

Y el público peruano celebró su comentario con risas. Bryan acababa de pronunciar dos palabras mágicas; ciertamente, nos fascinan las primeras veces porque tienen el encanto de ser inolvidables. Si bien anoche fue la tercera presentación del cantante canadiense en Lima, fue tan especial como un show de debut. A sus casi sesenta años, Adams y banda tocan con ese éxtasis en los ojos que sólo se ve en los jóvenes que recién empiezan.

Delante de una pantalla titánica, un cine al aire libre, Keith Scott hacía gemir a una Fender viejita y confiable con la madera despintada, pinchando las cuerdas con la boca abierta, sacando la lengua, brincando o acercándose al público para repartir besos volados y abrazos a la distancia, mientras que Bryan, algo más solemne, con la capucha puesta, con la yugular inflamándose, acariciaba nuestros corazones con esa voz ronca e inconfundible, idéntica a la de sus álbumes en estudio.

Los acordes introductorios de «Heaven» hicieron callar hasta a los vendedores de cerveza, y el silencio dejó al descubierto a una mujer, fan de radio Oxígeno, que exclamó: ¡Esta sí que la conozco! Mientras tanto, en el ecran, un astronauta volaba en el espacio, camino al planeta Tierra, y yo pensaba que «Heaven» es una rola que tiene que trascender al fin del mundo como muestra de la sensibilidad y genialidad musical de la raza humana. Es un tema mágico que hace que las parejas se abracen, soundtrack de millones que se han sentido en las nubes con Adams en papel de Cupido.

Scott volvió a robarse las miradas con un punteo de esos que tocamos con guitarra de aire y los labios fruncidos al estar borrachos. Luego, muy fotográficamente, Keith y Bryan quedaron en el centro del proscenio, debajo de una luna llena, cara a cara y encapuchados como dos adolescentes traviesos, mejores amigos. Algunos comentaban que la banda estaba con apetito, y título tras título –»Somebody«, «It’s only love«, «Have you ever really loved a woman?«– iba tragándose a las personas del Arena Plaza de Surco.

Bryan es artista de estadios, y ayer quedó más que demostrado. Al iniciar el show nada más, dijo que no entendía el por qué de las barreras de seguridad que dividían por zonas el local. Creo que esos metales no fueron ningún impedimento para que los del fondo pudieran gozar de su performance. Adams te seduce por cada flanco, ablanda tu corazón con sus baladas y te pone a saltar con baterías veloces. Interactúa con la gente en cuanto puede, y robó sonrisas con un español masticado que le hacía decir Perú como si fuese ‘perro’ (I love you, perro).

Para «You belong to me«, preguntó cómo se dice ‘bailar’ en castellano y anunció que dos camarógrafos buscarían a los mejores danzantes y que los poncharían para que aparezcan en las pantallas a su lado. Obviamente las chicas se lucieron con pasitos rockeros y de country, y hasta vi a un señor que se movía como si estuviera montado sobre un toro en un rodeo, y de inmediato a Bryan y a Keith meneando el trasero.

Adams ataca por varios niveles, ya lo dije. De que tiene un tono singular, nadie lo duda, pero además hay en él un don de profeta, interpreta con la gracia de un coro de iglesia. Te alegra, te da esperanzas, te hace creer que estás viviendo instantes maravillosos (la paradoja es que genera el efecto contrario cuando se le escucha en horas de tráfico). Con más calma, he revisado que los shows de esta gira fueron similares al de ayer, incluso en los diálogos con el respetable, pero no creo equivocarme en que Adams deja una parte auténtica de sí mismo sobre el escenario. Más que sus hits, más que la uña con que raspa su Gibson.

En el clásico «(Everything I do) I do it for you«, unos cincuenta fluorescentes rojos descendieron de lo alto y cubrieron a los músicos, detalle que le sacó más lustre a esta joya. Pura nostalgia. En lo personal, recordé tardes viendo OKTV, un videoclip –creo que en vivo– compartido en muchos perfiles de Hi5, y me sentí como uno más en esa masa de gente que coreaba y mecía sus manos en el mítico Wembley de 1996. Un himno para los que alguna vez han querido dar la vida por otra persona.

Luego de veintidós canciones, se bajó el telón. Ahora tarareo «18 ‘til I die«, track que define a la banda de Bryan: siempre libres, jóvenes y salvajes como a los dieciocho años. Es obvio que no podía faltar la memorable «Summer of 69«:

Oh, ahora que miro atrás, ese verano debió durar para siempre Y si tuviera la oportunidad, siempre estaría ahí. Esos fueron los mejores días de mi vida.

Yo también me quedaría por mucho rato en ciertos tramos de ayer. De verdad que fue un concierto de cinco estrellas: y no lo digo solamente por el quinteto que se despidió del Plaza Arena con bailecito de cabaret, mientras que en la cima del estacionamiento la linterna de un celular también gritaba presente o, como se llama esta gira, ¡que brille la luz!

Crónica por Luis Francisco Palomino. Fotos por Lukas Isaac.

Setlist de Bryan Adams en Lima 2019:

  1. Somebody
  2. Can’t Stop This Thing We Started
  3. Run to You
  4. Shine a Light
  5. Heaven
  6. Go Down Rockin’
  7. It’s Only Love
  8. You Belong to Me
  9. Have You Ever Really Loved a Woman?
  10. Here I Am(Acoustic)
  11. When You’re Gone(Acoustic)
  12. (Everything I Do) I Do It for You
  13. Back to You
  14. The Only Thing That Looks Good on Me Is You
  15. Cuts Like a Knife
  16. 18 til I Die
  17. Please Forgive Me
  18. Summer Of ’69
  19. I Could Get Used to This
  20. Shine a Light(Acoustic)
  21. Straight From the Heart
  22. All for Love