No tengo palabras. La primera canción fue como una prueba, un ensayo, los músicos aún hacían señas al sonidista cómo probando el agua de la piscina antes de saltar, y vaya si saltaron de inmediato. El riff de “Moonage Daydream” anunció que íbamos al grano y Angelo Moore (el vocalista arma secreta) irrumpió en uno de sus miles de trajes de la noche, rompió el hielo de una patada saltando la valla del teatro, se paró sobre los asientos en medio del público cantando: “Put your raygun to my head!”

La música de David Bowie es tan vasta (aún limitándose a sus álbumes estrictamente buenos) que no se la puede mirar completa. Es como un cuadro de 360°. Ziggy, el soul plástico, Berlín. Uno puede conocer bien la obra pero no entra toda en la cabeza en un solo momento. La reacción a cada tema era una de dos: 1) Oh dios mío, esto es increíble, o 2) Oh dios mío, no puedo creer que estén tocando esta, esto es increíble.

celebrating david bowie lima

Entonces siempre era una sorpresa escuchar, de la nada, “Golden Years” parada en medio de todos los temas tan inmortales y bien queridos del Ziggy Stardust como “Soul Love” (cómo se puede hacer una canción tan dulce?) o “Rock’n’Roll Suicide“, en la que un chico entre el público gritó la letra a viva voz, aportando la desesperación justa a un himno sobre el rock’n’roll fallido. Es revelador que distintas personas del público se activaran con diferentes temas, y no todos al unísono con los “hits” para luego estar quietos; todos nos hemos acercado a Bowie desde diferentes ángulos.

Enumerar las joyas que se tocaron la noche de ayer probablemente tome un párrafo: “Starman“, “Ziggy Stardust“, una explosiva “Suffragette City” – Moore se acercó a ofrecer el micrófono al público – la ominosa “Five Years“, más real que nunca, que me emocionó hasta las lágrimas, la desértica y solemne “The Man Who Sold The World” completaron la etapa glam; la épica “Space Oddity“, madre de tantas baladas indie depres, “Life on Mars?“, que Adrian Belew presentó a propósito del público distante en los palcos, y “Quicksand” (de Hunky Dory) remontaron a los inicios; la ya mentada “Golden Years” evocó al delgado y blanco duque de Station to Station, así como la urgente, desesperada, irresistible – salvo para ese único tipo que miraba su celular – “Stay“, donde Belew y el otro guitarrista que no sé su nombre recrearon el intercambio de guitarras frenético de Carlos Alomar y Earl Slick. “Sound and Vision“, “D.J.” y “Boys Keep Swingin’” aportaron la cuota de la etapa de Berlin con Brian Eno; “Ashes to Ashes” y la obligada “Modern Love“, quizá el único hit reconocible de Bowie en radio peruana que no falló en mover a todo el mundo.

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Se me escapan canciones que solo he conocido tangencialmente: “Fame“, “John, I’m Only Dancing“, y quizá un par más. El ensamble era más o menos consistente para la mayoría de canciones. Paul Dempsey se encargaba de cantar las baladas con una voz rockera un tanto genérica pero muy sólida, mientras que Belew cantó unos pocos temas más idiosincráticos como las del álbum Lodger, y Angelo Moore salía intercaladamente (siempre en un nuevo y bombástico atuendo) para cantar aquellas canciones donde su registro alto, terriblemente parecido al de Bowie, brilla más, y para tocar el theremyn donde era pertinente.

Adrian Belew participó en una gira de Bowie durante los ochentas, el saxofonista (ya perdí el nombre, las disculpas del caso) es el mismo que aportó el saxo a Modern Love. Por lo demás, no podría importar, a mi parecer, más ni menos si los músicos realmente eran allegados al hombre o no; estas son canciones que muchos de nosotros jamás hubiéramos oído en vivo de otra forma. La ejecución fue perfecta y respetuosa en los arreglos, y la banda fue humilde y carismática con el público.

Por cierto, alcancé a ver la última canción del set de Toño Jáuregui; solo quiero decir que es la versión más intensa y disfrutable de “Tres” que he escuchado en mi vida. Jáuregui tiene una voz perfecta que le hace el pare a la de su ex-colega, y toda la banda estaba totalmente en forma.

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Modern Love” fue el “último” tema de la noche, y el encore no se hizo esperar más de un minuto – lastimosamente, este minuto fue suficiente para que algunas personas abandonen el teatro. Espero que hayan recapacitado y vuelto, porque los dos temas que cerraron el concierto fueron pura genialidad; “All the Young Dudes“, tema escrito por Bowie con el que disparó la carrera de Mott The Hoople, el tema glam rock con el coro más coreable del mundo. Lo que vino al final fue una interpretación de “Heroes” cuyos primeros acordes entraron casi desapercibidos pero que alcanzó la máxima altura emocional de la noche.

No puedo hablar por todos, pero para las personas cercanas a la discografía de nuestro astronauta, Celebrating David Bowie fue un engreimiento y alegría musical de principio a fin. Este es un tributo que sí tiene mucho sentido ver.

Crónica por Nicolás del Castillo. Fotos por Fabio D. Miranda.

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