Ocho y treinta de la noche en el centro de Miraflores, unas pocas personas forman una pequeña cola para ingresar tan pronto se abren las puertas del club Bizarro. Más allá del ambiente lounge está el ambiente donde se dará el concierto de Cloud Nothings en Lima, ahorita vacío y gélido con el aire acondicionado a mil. Lo primero que me llama la atención es la altura de la tarima, que se alza apenas un pie sobre el suelo, a diferencia de tarimas más altas que he visto aquí (Kurt Vile, Pond). Uno puede acercarse y pararse justo frente a los monitores. Sabiendo el tipo de banda que vamos a presenciar esto podría ser caótico.

Cuando ya hay una cantidad aceptable de gente se presenta la banda telonera de la noche. Ahora en su tercera o cuarta formación (es confuso). El nuevo Juan Gris consta del icónico Conde Duque, ahora junto a Leoncio Huamán y Qalín Riveros. La nueva formación trae al sólido repertorio de Juan Gris la contundencia de siempre y una nueva vida un poco más articulada. Leo es un baterista sólido como todos los que han pasado por la banda y Qalín trae los coros que habían estado ausentes por un tiempo. Sorprende que a lo largo de múltiples iteraciones, donde el único miembro constante es el vocalista y guitarrista Duque, la banda suene consistentemente demoledora. El sonido estaba quizá un poco saturado, pero aún permitía entrever los arreglos y progresión general de las canciones.

Luego de unos 20 minutos Cloud Nothings, fronteados por Dylan Baldi en toda su gloria nerd rock, ya estaba en el escenario y el local se había llenado lo suficiente – la palabra suficiente es clave aquí, no podemos decir que la casa estaba reventando, pero si yo estuviera en Cloud Nothings no sentiría que faltó gente. Un público suficiente para temer por la integridad física de uno fuera a reventar un pogo desde la primera canción, pero no fue así. Quizás porque los VIPs colocaron unos separadores de fila frente al escenario e hicieron posta uno a cada lado. Una medida un poco aguafiestas que quizá cohibió al público al principio, pero la otra opción hubiera sido que llueva gente sobre la banda.

Cloud Nothings arrancó el concierto tocando la totalidad de su álbum más reciente, Last Building Burning. Abrieron con la inmisericordia de “On An Edge”, un pulso hardcore, de lo más agresivo que tiene la banda, fue seguido de la pegajosa “Leave Him Now” y la magnífica “In Shame” – tema oscuro de letra lumpen que homenajea el fatalismo de Jay Reatard. La banda cursó el resto del disco hasta llegar al interludio ambiental de “Dissolution” – una canción de 10 minutos entre cuyos extremos se abre una ciénaga de feedback e improvisación hiperactiva y tétrica. Aquí el baterista Jayson Gerycz pasó de ambientación sutil a bordear con free jazz, y de ahí a un 4/4 hipnótico para abordar la línea final, “what’s in it for me?”

Cloud Nothings es una de aquellas bandas que, siguiendo la estela de bandas como Wipers, domina la mezcla justa de melodía y visceralidad. Quizá el sonido esta noche fue tan brutal que nos privó de lo primero en pos de lo segundo. Aún con los oídos protegidos, las guitarras eran demasiado cortantes, los platillos lo mismo, y el bajo demasiado resonante en las frecuencias graves como para poder discernir bien la nota. Sonaba brutal, pero se perdió definitivamente toda la belleza del juego y armonía entre las cuerdas para privilegiar el impacto del volumen. Repito: aún con los oídos protegidos. Para los asistentes casuales que van con los oídos desnudos, el sonido de ayer fue casi una agresión física.

Luego de pasar por la trágica “So Right so Cleany el meteorito de “Another Way of Life”, Baldi explicó “eso fue nuestro último disco. Lo pueden conseguir aquí? No?” (Spotify, gritó alguien) “Mañana tenemos un día libre aquí, así que dígannos qué podemos hacer en Lima.” A partir de aquí la banda hizo un repaso de temas de sus anteriores discos, dando el soplo que faltaba para iniciar un pogo completo con temas como “Stay Useless y “I’m Not Part of Me” con sus ganchos pop-punk o “Psychic Trauma con su súbito cambio de tempo que resultó en una paliza.

El tema de cierre fue la colosal “Wasted Days, con el crescendo introductorio donde se abrió un circle pit, sus múltiples secciones y coros que van escalando en intensidad, y un segundo ritual de ruido y manejo de tensión que hace la contraparte a aquel de “Dissolution. Un último coro bien propinado y correspondiente sacudida en el pogo ponen fin al set de Cloud Nothings. La banda se retira, el público sale del local.

Hubo algo extrañamente rutinario acerca de todo el concierto – toca banda 1, toca banda 2, adiós – la banda, como personas, quizás son un poco más pasivos que alguien como John Dwyer (Oh Sees) respecto a la disposición del local y la gente, pero se mostraron muy humildes, buena onda y cumplieron en dar un show francamente brutal a un público moderado en talla pero ferviente en ánimos.

Crónica por Nicolás del Castillo. Fotos por Sebastian Pesadillas.