El último jueves 28 de febrero, Courtney Barnett volvió a nuestro país para presentarse por segunda vez después de 2 años y medio que viniera a tocar en el mismo lugar, el CCB (modo cool de decir Centro de Convenciones Barranco). Para algunos podría ser poco tiempo, pero en el marco de la promoción de un nuevo disco, tal parece que la carrera de la australiana escaló varios niveles en ese «corto» lapso: desde ser nominada y galardonada en distintas premiaciones hasta aparecer en la banda sonora del popular juego Fifa 19 y ser incluida en la lista de las mejores canciones del 2018 según Barack Obama.

Para los que venimos siguiendo románticamente la carrera de Courtney, tenemos el concepto de que ella es una artista que canta más de lo que podría decir en una entrevista o una charla casual, que guitarrea más de lo que podría expresar con las manos fuera del escenario. Recuerdo que un amigo, que tuvo acceso al meet & greet en el 2016, me resumió la experiencia de conocerla en «es una persona muy tímida, nos lo dijo verbalmente, pero también nos dimos cuenta».

Lo cierto es que esa timidez no da espacio a la pasividad y es por eso que cuando la escuchas cantar, no solo recibes un puñado de letras sensibles y cotidianas, sino que te das cuenta que hay una fuerza en su voz que le permite desafiar problemáticas de esta época y que se mantiene firme.

Los que fuimos a verla la primera vez, tuvimos la oportunidad de ver a la cantautora en un momento clave de su carrera: yendo por todo el mundo a defender su primer disco, demostrando todos los argumentos que le habían valido buenas críticas de la prensa especializada. El CCB -a una sola zona- no lució tan lleno aquella vez, pero la energía del público estaba presente en cada salto y coro, además que gran parte de los presentes era gente de la escena musical independiente que sabían que ese era un show relevante. Entonces, ¿fue distinto esta vez? Sí y no.

Para esta ocasión, a pesar de que su nuevo álbum presenta una mayor instrumentación a través de todo el registro y de que oficializaron la suma de una cuarta integrante al formato en vivo, decidieron venir a Sudamérica tal como la vez pasada: un power trío, su más famosa formación. Aparentemente es cómo ella se siente más cómoda, teniendo a una acertada base rítmica que le permita hacer lo que quiera con la guitarra.

Y digo literalmente hacer lo que quiera porque asume las funciones de primera guitarra y guitarra rítmica tocando siempre con los dedos, mientras su selección de modelos Fender (Jaguar y Telecaster) se mueve violentamente de un lado a otro. La mayor representación de esas comparaciones con Kurt Cobain solo la logras ver cuando Barnett toca en vivo (puntos extra si toca como trío, mismo Nirvana). La experiencia también pudo de ser calidad gracias al equipo de sonido con el que contó el concierto y que llegaba bien ecualizado hasta la parte de atrás en la zona general.

No obstante, quedó la sensación de que el contexto era completamente distinto. La presentación, propia de algo que podríamos llamar de manera un poco mezquina «indie rock and roll», tuvo esta vez como protagonista a Courtney simplemente disfrutando el momento, disfrutando la etapa de una artista que puede descansar sobre el regazo de 2 álbumes bien producidos y recibidos en todo el mundo. Esto se tradujo en un mayor diálogo con el público esta vez, como también en varias libertades de improvisar en los cantos y al tocar sus distinguidos riffs de guitarra, incluso olvidándose una pequeña parte de la letra en una canción.

Y me parece bien que la artista quiera hacer el show a su manera, pues es al final ella es la que lo crea, y que además se elijan actos teloneros según su interés: apoyando proyectos femeninos (Clara Yolks en nuestro caso). Courtney Barnett no solo inspira por su auténtica manera de hacer canciones, sino porque gracias a ella jóvenes talentos son editados con su sello o nuevas bandas se encargan de abrir sus conciertos o quién sabe qué más. Me atrevo a decir que, ciegamente, pude distinguir al menos a tres cantautoras locales emergentes entre el público, buscando tal vez esa inspiración. Nada más mágico que ver que una persona del otro lado del mundo vino a decir lo mismo que tu corazón podría decir.

Luego de haber tocado 13 temas, llegaría el tiempo de desaparecer con su banda por unos momentos. Esto para, luego de una respectiva arenga, regresar y tocar solitariamente «Let It Go«, una canción de su disco colaborativo con Kurt Vile. Este momento sería aprovechado además para prometer que en el futuro vendrán ambos a presentarse en dicho formato a este lado del mundo. Seguirían dos himnos más para darle fin a un show que dejó a varios con ganas de mucho más (los rostros de de sorpresa/indignación no se hicieron esperar), pero que en lo personal cumplió con las expectativas.

Si se trata de datos y no opiniones: Courtney Barnett esta vez tocó más canciones que en el 2016 (16 ante 13 temas de aquella vez, exactamente) y solo repitó seis. Creo que la cuestión va más por una realidad global que el peruano aún no asimila bien: la mayoría de artistas actualmente ya no se la pasa girando por el mundo dando conciertos de 2 horas.

Crónica por Paulo Contreras. Fotos por Francisco Medina

Setlist Courtney Barnett en Lima:

1. Hopefulessness
2. City Looks Pretty
3. Avant Gardener
4. Small Talk
5. Need a Little Time
6. Nameless, Faceless
7. Small Poppies
8. Depreston
9. Are You Looking After Yourself?
10. Sunday Roast
11. Lance Jr
12. Charity
13. Pedestrian at Best
14. Let It Go
15. Kim’s Caravan
16. History Eraser

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