La primera edición del festival En Órbita se perfila como la bofetada de realidad e intensidad que necesitamos recibir más seguido. Lejos de armar un cartel que vendiera entradas, En Órbita eligió a conciencia artistas que sacudieron, emocionaron y subvirtieron nuestra mansa expectativa de lo que es un concierto para hacer del concierto lo que tiene que ser: una comunión y explosión de energía irrepetible.

Llegué al Sargento Pimienta para ver a Astronaut Project y Moldes. En el escenario clásico del Sargento (escenario Insides), Astronaut Project ofreció un set más robusto y orgánico de lo que sugieren sus grabaciones y un cover preciso de “Cars“, de Gary Numan. Siguió Moldes en la tarima grande (escenario En Órbita) con un set dominado por – lo que considero son – temas nuevos, donde la banda muestra un lado más melódico que la acidez garajera de Aguas de Marte.

Vino un pequeño descanso para comprar cerveza, pero la paz fue interrumpida con los primeros sonidos de Dead Buttons. En el instante que comenzaron a tocar supe que tenía que correr a través del público hasta el escenario. Ya había un público voluminoso. Dead Buttons fue una embestida de rock’n’roll hipercargado e hipervolátil, una especie de punk y a la vez stoner que no daba respiro salvo cuando el monstruo respiraba para volver a explotar en solos de guitarra velcro, voz con ecos, sintetizador chirriante. Miento si nombro una sola canción o integrante porque no sé los nombres, pero el combo koreano Dead Buttons fue de las cosas más explosivas que he visto en vivo desde Acid Mothers Temple el año pasado.

Tras el set de Dead Buttons, ya se venía armando en medio del local lo que sería el escenario de Yonatan Gat. Un pequeño muro de amplificadores, la batería montada sobre una alfombra. Esta configuración no es un capricho; en el conversatorio del miércoles en UTEC, Gat contaba que siempre tocan al centro del local, donde quiera que estén. El público rodeaba por completo el pequeño y temporal escenario, estábamos parados directamente detrás del baterista.

Arrancó con un beat propulsivo, tribal, luego se incorporó el bajista Christopher Pravdiça (también de Swans), tocando un riff de bajo ondulante y medio glitch, y finalmente Yonatan, blandiendo la SG de doble mástil. Proveniente de Israel, un país (según el guitarrista) sin música propia, Gat ve la música como un esfuerzo de improvisación colaborativa entre identidades para moverse hacia algo nuevo y único. En este espíritu, invitó a Rawa Muñoz, otro ponente en el showcase de En Órbita, vocalista Shipibo-Konibo quien sustituyó los cantos de “Cue the Machines” con su propio Ícaro, canto ritual del Ayahuasca. Yonatan y la banda crearon un momento hermoso de música que lo dice todo sin palabras; las melodías Satie-escas, las escalas que suenan orientales, ritmos hiperactivos, pequeñas explosiones noise, un microcosmos musical como nunca habíamos visto.

Transitamos al escenario grande para Suuns. Suuns fue una especie de merecido descanso y limpiapaladar antes de la brutalidad que sería Oh Sees. No voy a mentir, por un momento sentí que estaba escuchando trap y miré al escenario preguntándome por qué tenían guitarras y demás instrumentos convencionales. Mayor atención revela el uso que Suuns hace de sus instrumentos como herramientas de textura, la música suena electrónica pero se toca. Una tensión subyace su música, que es una especie de rave en cámara lenta en un cuarto oscuro sin ventanas – para algunos, hipnotizante, para otros muy bailable. Temas como la casi industrial “X-ALT” o “Baseline“, más iluminada, tuvieron al público pegado al escenario, público que a esta altura de la noche había alcanzado su máximo.

Varias veces hemos visto más lleno el Sargento Pimienta, pero el local no se sintió para nada despoblado (de hecho era reconfortante poder caminar sin problemas) y el volumen de público asistente está muy bien para un festival cuya apuesta no es decididamente comercial.

Llegó el momento de ver a Oh Sees. Durante largos minutos estuvimos frente al escenario grande, observando a la banda instalarse, a John Dwyer instalar todos sus equipos sin ayuda de nadie. La banda se presentó, arrancó y el pogo se hizo desde el primer instante. Salvo los desperfectos técnicos (la guitarra de Dwyer se cortaba por momentos, tuvo que arreglárselas como pudo, pero el hombre conoce muy bien sus equipos) el concierto de Oh Sees fue casi anárquico.

En un momento los VIPs de Sargento salieron a interponerse entre el público y la tarima, y Dwyer los saludó con un amable get the fuck out of here, buddy – terminada la canción que estaban tocando (creo que era “Nite Expo“) Dwyer DESCONECTÓ los monitores de retorno, los llevó a la parte de atrás de la tarima y le dijo a los VIPs “Ya no hay monitores, es hora de que se larguen. Si no se van, no vamos a tocar.” Le dijo al público: “Ustedes pueden tirarse del escenario, pueden hacer lo que quieran.” Se hizo justicia y Oh Sees devastó por completo con temas como las colosales “Animated Violence“, “Plastic Plant” (con la que se abrió el set, si mal no recuerdo), “Sticky Hulks” con sus teclados refritos, “The Dream” tan envolvente y brutal como siempre, y el jam de cierre, “Contraption/Soul Desert“, un tema incesante donde ambos bateristas demostraron su resistencia inhumana.

En Órbita, con su selección clave de artistas y ponentes, se quiere establecer no solo como un festival distinto si no que busca refrescar la idea de lo que un festival puede ser y las vivencias que se pueden dar dentro de él. Estoy seguro que muchos más asistentes como yo coincidirán en que el concierto de anoche fue algo verdaderamente único. Se disolvieron las barreras entre artista y público, y presenciamos artistas de intensidad sin paralelo. Se sentía un interés genuino del público por ver cosas distintas y por ser parte de un momento irrepetible – y por más irrepetible y única que pueda haber sido la primera edición del Festival En Órbita, espero con ansias una próxima edición.

Crónica por Nicolás del Castillo. Fotos por Briknole Photo

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