La noche del 26 de enero, dos representantes del más reciente estallido de indie argentino a nivel latinoamericano, Bestia Bebé y Las Ligas Menores, se reunieron en nuestra capital como última parada del Festival Sideral, el cual tuvo su inició en Valparaíso. Dicho festival, en conjunto con la productora BackHome Booking, reconoció, a su vez, la propuesta local del género y designó a Gomas y Dan Dan Dero como los responsables de controlar el hervor de un público que llegó a cubrir casi todo el recinto. Asimismo, aunque las propuestas locales se inclinaron más por el dream pop, cabe mencionar que la combinación cumplió con su responsabilidad e incluso puso a bailar a los pacientes que ocuparon las primeras filas de la gente antes del show principal.

Alrededor de las 10:20 pm, se pudo escuchar desde la larga cola que se generó en las inmediaciones de The Blood -la cual estuvo formada por casi dos horas- las primeras canciones de Gomas. Aunque muchos nos hayamos perdido la mitad de su repertorio por el lento flujo de gente en la cola, los autores de “El verano murió” cuentan con un variado catálogo de canciones con los que es fácil engancharse gracias a su don de experimentación. Este no se vio alterado por la ausencia de un guitarrista y por el debut de su flamante baterista, pues lograron mantener su esencia a pesar de algunos desperfectos técnicos que provocaron el acople de algunos amplificadores.

Los siguientes fueron Dan Dan Dero, quienes se encargaron de la mayor parte de la cuota dream pop de la velada. El cautivador quinteto tuvo que enfrentar el retraso de los horarios y a un local casi lleno que pronunciaba con la mirada el deseo de reencontrarse con los headliners luego de mucho tiempo. No obstante, no pasaron desapercibidos y la amalgama de las voces de sus vocalistas entonó la melodía que guiaría el baile de un par de parejas entusiasmadas en el centro del recinto. Además, demostraron que los suyo no es solo la serenidad. Canciones como “Conquistarte” y “Canción rota” alteraron el movimiento casi sincronizado e hipnótico que la muchedumbre había alcanzado con el grupo y los transformó en los primeros pogos.

 

A las 12:10 am. el escenario estaba listo para el dominio del primer grande de la fecha. Bestia Bebé decidió atacar de sorpresa y, con apenas saludar, reemplazaron la calma que los teloneros propagaron por una prácticamente invariable sucesión de saltos, gritos y cuerpos levantados desde la primera nota de “El más grande de todos”. El grupo porteño desprendía una energía inigualable que acrecentaba en medida que el público se liberaba al son de sus líricas. Apenas iniciaba el repertorio de Bestia Bebé y ya parecía incontrolable para las vallas de seguridad contener todo el movimiento de los aficionados, sobre todo al ser interpretados los clásicos “Luchador de Boedo” y “No me importa verte perder” de su disco homónimo Bestia Bebé (2013).

 

Sin embargo, cuando estaban tocando una de las favoritas de los presentes, “Omar”, la banda tuvo que parar en media canción. Ya en reiteradas ocasiones, el vocalista, Tom Quitans, estuvo advirtiendo a los encargados de la seguridad del recinto que se calmasen, pues estaban empujando las vallas de seguridad metálicas hacia la gran masa de gente. Esto provocó que las vallas se muevan un metro hacia adelante y hacia atrás constantemente y que pongan en riesgo la integridad de los primeros en la fila, quienes, en su mayoría, eran mujeres. Esto llegó a su punto más peligroso durante “Omar”, por lo que la banda no tuvo más remedio que retirarse del escenario por la seguridad de sus seguidores.

No obstante, luego de unos minutos de incertidumbre, se logró la comunicación con el staff de seguridad y la banda pudo regresar a su lugar predilecto: el escenario. Aunque las energías se disolvieron al reiniciarse el espectáculo debido a dicho incidente, Bestia Bebé logró recuperarlas al invitar a María Zamtlejfer y Pablo Kemper de Las Ligas Menores a tocar junto a ellos “Patrullas del terror”. Y, aunque hubiese sido perfecto extender el repertorio, el anhelado riff de “Wagen del pueblo”, que convirtió a The Blood en un estadio de fútbol, le dio a la concurrencia la intuición de que el show estaba por terminar. Lo último que se escuchó de Bestia Bebé fue “El amor ya va a llegar” y “Fin de semana de muertes” de su última producción, Las pruebas destructivas (2017).

Ya era la 1:30 de la madrugada y el aforo seguía intacto. Luego de cuatro años, Las Ligas Menores regresaban al Perú y lo hacían con su nuevo disco, Fuego Artificial (2018). La presentación más esperada de la velada comenzaría con un curioso y casi imperceptible sampler en 8 bit que pronto fue opacado por cientos de gritos al ver que el grupo se alistaba para tocar “El baile de Elvis”. Pronto los tres micrófonos puestos en el escenario serían insuficientes para todas las voces que entonaban las letras al frente de la banda. “Accidente” y “En invierno” fueron la prueba irrefutable que el apretado -pero estudioso- público estaba dispuesto a desahogarse completamente junto a los cinco músicos.

Las Ligas Menores es una banda de canciones compactas. No todas son para poguear, pero absolutamente todas son disfrutables. La interpretación de “Fin de año” cambió el ventarrón de la noche por una suave y calurosa brisa donde las deleitables melodías que Nina Carrara construyó en su teclado fueron protagonista. Sin embargo, “1200 km” restauró el ambiente y los empujones que contagiaron a todos de entusiasmo provocaron que la misma audiencia le tome la delantera a Anabella Cartolano en la letra causando una confusión conjunta que, no obstante, todos disfrutamos.

Estábamos cerca de completar la hora de show, pero de ninguna forma podía faltar “Renault Fuego”, canción por excelencia de todo fanático de la banda. Al finalizar, Tom Quitans fue invitado para tocar la estrella del reciente LP, “Ni una canción”. Sin duda, esta fue la mejor forma de concluir un festival que nos dio la oportunidad de escuchar lo más resaltante del indie pop de Argentina.

Crónica por Gustavo Esteban Ampuero. Fotos por Julio César Dávila.

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