Me los perdí la primera vez que vinieron porque se cruzó con el primer concierto de New Order en Lima y por antigüedad y sobretodo, el catálogo infinito de canciones entrañables, ganaron la partida los liderados por Bernard Sumner. Recuerdo si, haber deseado que la clonación sea una realidad ese 5 de abril del 2013 como otras tantas veces en mi vida. Como con el Camilo Sesto vs. Slayer del 2011 cuyo ganador no revelaré en esta crónica.

El anuncio del concierto que los traería de vuelta luego de 7 largos años vino con mucha anticipación y la expectativa era altísima ya que el motivo era la publicación de un nuevo álbum y no una gira de “grandes éxitos” como suele suceder con reencuentros de este tipo. Tom Chaplin lo contó de manera muy divertida ayer al recordar que cuando publicaron en redes sociales las buenas nuevas, los primeros comentarios que leían era del tipo “please, come to Perú”. La ansiedad por volverlos a ver en esta parte del mundo ya se hacía sentir.

Dieron las 9 pm en el Parque de la Exposición que otra vez los recibía y puntuales salieron a escena. Parecían cuatro turistas que van de compras. Outfits muy relajados de todos los integrantes. Chaplin sonríe y saluda. El público los llena de aplausos y gritos. Inicia “Disconnected” del Strangeland. El cantante nos hace saber que somos un público apasionado y que ante eso, solo les queda a ellos tocar y cantar. Esa labor va por su cuenta. Y lo hacen magníficamente. Te dabas cuenta de eso al escuchar a Chaplin en perfecta forma en “Bend and Break” de su álbum debut, el insuperable “Hopes and Fears” del 2004. Para “Silenced by the night” cambia la letra cerrando una estrofa y nos hace pensar que somos especiales. “Because the people in Lima, they look straight through me” canta Chaplin. Los que se dieron cuenta se emocionan y gritan.

Luego “Phases” del disco que vinieron a presentar: el flamante “Cause and Effect”. Luego, la radiada “Everybody’s Changing” coreada de principio a fin por un público ya entregado por la voz y carisma del líder que canta estupendamente sin mayor esfuerzo. Es el turno de “Is It Any Wonder?” y ese pop limpio y ampuloso, ya marca registrada de los ingleses, se impone. Tom conversa con el público y se siente sorprendido por dos tópicos sobre su estadía en la ciudad: en primer lugar, les habían hecho saber que hubieron fans que esperaron 11 días acampando afuera del recinto y finalmente, las 4 horas que perdieron en el tráfico de la ciudad.

“What’s going on, Lima?” cerró entre las risas del respetable. Anunció mi favorita del último disco: “Strange Room” (que resultó ser también su favorita) y el público calla ante tanta belleza. Me sumerjo en el piano de Rice-Oxley y toda la carga de sus días más oscuros, con ruptura matrimonial y encarcelamiento por manejar ebrio de por medio, se hacen presentes. Imposible no empatizar con el buen Tim. En una parte del show, le dedicaron una barra que supo agradecer emocionado. Bien ahí los fans de las primeras filas.

Para salir del trance triste, “Spiralling” y su onda más festiva hace su trabajo. Le alcanzan una bandera y la coloca en el parante del micro. Se gana los aplausos otra vez.  Se nota que se sienten a gusto en Lima. Lo hacen saber comentando que por fin se sienten en un lugar apacible luego de sus visitas a México y Colombia. “Perfect Symmetry” continúa el viaje y antes de empezar el próximo tema pide a los asistentes que enciendan sus celulares y así lo acompañen. “She Has No Time” es puro dolor y todo el melodramatismo se apoya en esos falsettos que Chaplin resuelve perfectamente.  Todo el silencio contenido se hace sentir cuando muchos cantaron la hermosa “Nothing in my way” que continuó este rollercoaster bañado de melancolía.

El bajista Jesse Quin recibe vivas de los fans y los otros miembros de la banda bromean con él. Tom ensaya con el público los coros de “You are Young” y luego nos dice que han sido los mejores de esta gira. Le creemos todo esta noche al vocalista. Otra esperada del “Under the iron sea” suena y el público la recepciona con la emoción al tope: “A bad dream”. Luego el inconfundible piano de Tim que introduce su mejor canción, bueno, a la que más cariño le tengo de todo su catálogo. “This is the last time”, esa perfección de poco menos de 4 minutos que acumula pura emoción en ideas musicales tan simples pero contundentes, como en las grandes canciones. Imposible no evocar aquí a mis amados Smiths que tanto podían conmover/afectar en sus medios tiempos y de los que tanto han bebido los Keane y tantos otros a lo largo de su carrera.

“Esa canción es preciosa”, dice alguien a mi costado mientras inicia “Bedshaped”, otra del álbum del 2004 y otra de las baladas épicas con la que Chaplin se convirtió en el héroe romántico de la velada, si hacía falta decirlo. Un público a sus pies repitió los coros finales. “The Way I Feel” para regresar a tierra en esta suerte de ruleta rusa de sentimientos cayó precisa. Y cerraron con otra que hemos escuchado hasta el hartazgo pero que su preciosidad hace que escucharla en vivo suene nueva: “Somewhere Only We Know”. Y se fueron para volver.

Regresaron con “Chase the night away” que una fan se la pedía desde la primera fila y a quién se la dedicaron. Lindo gesto. En “Crystal Ball”, un padre e hijo al frente mío se miraron, se abrazaron y comenzaron a cantar juntos. El padre lo filmaba luego para llevarse el recuerdo. 15 años de existencia del grupo y cuadros como estos no dejan de conmover. Cerraron con “Sovereign Light Café” y muchos se fueron coreándola, la escuché incluso a las afueras buscando el taxi de regreso a casa. Un concierto soberbio, emotivo y de los mejores de este año, sin duda.

Crónica por Álvaro Torres. Fotos por Lukas Isaac

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