La poderosa fusión de La Nueva Invasión nos recibió, con su muy necesaria “Catarsis tercermundista”. Y no se trató de una opción descabellada: comparten la vena de la cumbia y del folklor andino latinoamericano con Kevin Johansen, añadiendo más dureza, matices de reggae y rock.

Los teloneros cantaron en quechua, resaltando palabras como “¡jallalla!” (expresión quechua-aymara de júbilo, aliento y esperanza), y “musuq” (nuevo, en quechua). Entonaron claras arengas de reconocimiento a los migrantes, a la nueva Lima, y en contra del racismo. Siempre sudorosos, siempre vitales, señalando un tiempo nuevo peruano; el tiempo de “todas las sangres” (Arguedas). Después de un relativo vacío en el público congregado en el Centro de Convenciones de Barranco, por el contraste entre la energía de los teloneros, y el silencio tras su partida, cundieron el murmullo de los asistentes y la cerveza. La gente examinaba impaciente el escenario, buscando algo The Nada, alguna señal de Johansen.

Kevin Johansen

Gemidos alborotados anticiparon el “¡buenas noches, Lima!”, con su voz ecuánime, grave, fresca, y la primera canción, “Es como el día”. Cambió la letra en un momento a “es como Lima”, sonriendo, se divierte, abre el brazo como invitándonos a pasar. Se siente cómodo, y no en vano: el público responde calurosamente, conocen sus canciones, las han vivido. El público es de todas las edades.

“Apagáme el sol de la noche, flaco”, le dice al luminista al acabar la segunda canción, de manera tan argentina. El primer Fin de Fiesta en Perú, y el primero fuera de Argentina, confiesa. Aquí empezó a tocar alrededor del 2006, cuando era un “capullo”, traído por Mabela Martínez para su programa Sonidos del Mundo. Mabela andaba en el público también, con una serena sonrisa en el rostro. Continúa el show con la cumbia “En mi cabeza”, y aparece el dulce acordeón. Luego la fresca “No voy a ser yo”, con letra de su amigo Jorge Drexler, y se muestra la flauta dulce, haciendo honor a su nombre.

Al acabar dirige la atención sobre su baterista, el “Zurdo Roisner”. La luz se posa sobre él, y la gente lo aclama: “¡olé, olé, olé, Zurdo, Zurdo!”. Enrique Roisner es el más veterano de los integrantes de The Nada; ha tocado con muchos, entre ellos grandes como Vinícius de Moraes y Astor Piazzolla. Es un percusionista preciso, sin excesos, muy concentrado. Lo que da la experiencia. “Siempre he dicho que el Zurdo es grosso y prócer”, dice Kevin; “es un grosser”.

Mostrando que es un ecléctico, el show continúa con “Ni idea”, un tema bossa, “Tiene algo”, tema folk cantado en inglés y español. Y entonces nos sorprende con un cover de “Modern Love” de David Bowie, “para estos tiempos de poliamorbo”. Una versión lenta, en balada; elegante, su voz grave se asemeja muy bien a la del kamaleón del rock. En las siguientes canciones invita a Alejandro y Maria Laura (“Círculo”), una canción tierna, de tarde soleada en el jardín, viendo a los niños jugar; y a Kanaku y el Tigre para una canción sobre el desamor (“Desde que te perdí”). Ambas propuestas musicales nacionales en sintonía con su estilo.

La temperatura subió con canciones más movidas, divertidas y conocidas, y sin darnos cuenta ya bailábamos. “Daisy”, “Cumbiera Intelectual”, “Sos tan fashion”; más de veinte chicas se subieron al escenario a bailar y cantar, por momentos arrinconando a Johansen, que no parecía incomodado y bailó con ellas. Tras sus selfies de rigor, sentenció diciendo: “más besos, menos selfies”.

Los dos simulacros de despedida fueron rápidamente apagados por los gritos y muestras de cariño de la gente. Es su público, sin duda. Al segundo regreso, nos suelta “Guacamole”, una canción risueña, buenas vibras, para viajar por Sudamérica; la cumbiaza “Sur o no Sur”, que sintetiza sus dilemas Norte vs. Sur, por tener un origen dual, canadiense y argentino, y “Fin de fiesta”. No podía ser otra la canción final: una sutil bomba emocional, un brote de sinceridad que habla de la vida, sus cosas inevitables, sus finales y todos los que nos acompañan en ella; los amigos, la familia, incluso los desconocidos.

Crónica por Mauricio Pinzas. Fotos por Briknole photo

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