Para hablar de los Misfits, como en muchas bandas legendarias, se habla de dos eras basadas en dos de los cantantes más emblemáticos del rock: Glenn Danzig y Michale Graves. Desafortunadamente, hasta ahora solo hemos visto a la banda con el mínimo de la formación original cuando vinieron con músicos de Black Flag (que también vienen) y Marky Ramone a la batería (que volvió con su propia banda).

Pero ahora le tocó el turno a Graves, que se presentaba en la discoteca The Blood para regalarnos los dos discos que compartió con los creadores del horror punk.

La sencillez del cantante y el resto de la banda no solo se hace notar en sus redes sociales, sino también en persona, porque a la llegada, se dedicaron a autografiar discos, fotos y posters que los pocos fanáticos le llevaron al aeropuerto para recibirlos; aceptar cada muestra de cariño y tomarse fotos con ellos.

Llegada la noche, la discoteca abría sus puertas y comenzaba el desborde de energía con los teloneros de El terrible y los Cenobitas, punk sucio, fuerte y rockanroll violento y 4 Maniacos, banda de rápido horror punk, saliendo de su descanso para una ocasión especial. Todo calzaba en el horario y cuando la escena nacional dejaba el estrado, se unían a todos nosotros como un fanático más, esperando a que termine la prueba de sonido.

Entonces, aquel rostro disfrazado de calavera se asomaba entre gritos para regresarnos a muchos a nuestra niñez/adolescencia con “American Psycho”. La gente bailaba y coreaba cada canción, la cerveza voló y muchos luchaban por registrar un recuerdo de lo que sería uno de los mejores y más emotivos conciertos en mucho tiempo.

El set list fue la totalidad de los dos discos que Graves cantó en su tiempo con los Misfits, de principio a fin, incluso respetando los intros, outros, la pausa entre “Don’t Open Till Doomsday” y “Hellnight”, y una breve entre álbum y álbum. No hubo error alguno, incluso con el personal de seguridad, atento al fan que se subió al escenario con un abrazo que Michale recibía sonriente explicándole pacientemente que no podía estar ahí, todo mientras bailaba.

Faltan palabras para detallar cada momento y para expresar lo que significo este concierto para muchos (si no todos) de los asistentes a este concierto, pero me quedo con el mensaje que dio Graves antes de dar la mejor versión de “Fiend Club”: “cuando estas canciones viajan y entran en sus corazones y almas, les hacen recordar y sentir eso que los hace fuertes, débiles, las cosas que esperas con ansias… todas las cosas que pasaron en su vida… cuando eso pasa, ocurre la magia”.

Y así, luego del outro “Kong Unleashed”, la noche termina a las 11. Algo temprano, pero aun así ya nos damos por satisfechos luego de gritar, bailar y llorar gracias a la música y los recuerdos que esta puede evocar.

Crónica por Bruno Díaz. Fotos por Samuel Girón.

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