Hablar de Sui Generis es hablar de noches largas pero también de tardes eternas. Es hablar de la adolescencia, la bohemia y el amor. Cada canción de Sui Generis es una foto del anuario perdido del pasado, donde la muerte muere. Una conexión espiritual con la materia inalienable del tiempo y un reencuentro con la mejor versión de uno mismo. Y hablar de Sui es hablar de Nito Mestre y su inmenso legado en la historia de la música.

Por tantas cosas, la noche del miércoles era una noche muy especial. El Gran Teatro Nacional recibía a Nito quien llegaba a Lima para reencontrarse con su público después de un largo año de ausencia. Desde poco antes de las 7:30 PM , un gran número de personas entraban al teatro con la emoción de reencontrarse con un amor pasado, cruzaban la confitería luminosa y se iban adentrando hacia la oscuridad misteriosa del escenario.

Las luces de todo el auditorio se empezaron a apagar y entre los gritos y aplausos, Nito apareció sobre el escenario con Ernesto Salgueiro (guitarra y coros), Fernando Pugliese (piano) y Guillermo Vallejos (batería). Nito agradeció de forma sincera y aseguró que sería una noche de clásicos, aumentando aún más la intensidad de la respuesta del público.

Nito Mestre

Habiendo dicho esto, Salgueiro y Pugliese acarician sus instrumentos con delicadeza y “Quizás por qué” empezó a sonar. Nito cantó a todos en el auditorio como susurrando al oído, pero demostrando la calidad de su voz. Fue una emocionante interpretación ante la cual el público se rindió con estridentes palmas.

Acto seguido, Nito interpretó un cover de “Shape of my heart” (originalmente compuesta por Sting) que emocionó aún más a los espectadores. Después de los aplausos, se incorporó Diaz y Nito anunció que la noche tendría una intensidad creciente.

Inmediatamente después, por entre los asientos y los reflectores, el viento del sur colmó todos los espacios y “Aprendizaje” fue interpretada con mucha emoción por parte de Nito y el público que lo seguía al unísono con las palmas y su voz, quizás recordando que alguna vez todos quisieron saber a dónde debían ir (¿Alguien realmente lo sabe?). “El tuerto y los ciegos” siguió a continuación, sólo para recordarnos que la mediocridad para algunos es normal pero que la locura es poder ver más allá y que la locura es una llama que nunca nadie debe dejar que se extinga.

Luego fue el turno de “Lunes otra vez”, nuevamente siendo coreada y aplaudida por todos hasta el cansancio. En ese momento, Nito abandonó unos minutos el escenario para dar paso a los jóvenes talentos de Sinfonía por el Perú, programa liderado por el tenor peruano Juan Diego Florez y que ha tenido un impacto muy positivo.

Los músicos de Sinfonía por el Perú tomaron sus posiciones en torno al director de la orquesta y cuando los vientos, cuerdas y percusiones estaban listos, el espectáculo siguió. Los primeros rasgueos de ese himno llamado “Canción para mi muerte” descendieron desde la guitarra de Nito. De inmediato, los violines siguieron la melodía de convirtiéndola en una hermosa sinfonía que inundó de lágrimas contenidas el teatro. Una ovación generalizada sonó estruendosa en todo el teatro, dejando escuchar gritos de alegría y agradecimiento.

Confesiones de invierno” y luego “Tribulaciones, lamentos y ocaso de un tonto rey imaginario o no” siguieron después, con un hermoso juego de voces entre Nito, Salgueiro y Pugliese al grito de “libertaaad”, todo acompañado por una impecable interpretación por parte de la orquesta. Como un guiño hacia el final de la noche, “Cuando empiece a quedar sólo” sonó y el público no dejó que terminase la canción ante la ovación que se extendió a todos los que estaban en el escenario.

Nito Mestre

 

Nito agradeció y fiel a su estilo dijo “ahora vamos a hacer como que nos vamos y ustedes hacen como que piensan que no vamos a regresar y aplauden y nosotros esperamos 6 segundos y regresamos”. El teatro estalló en una ruidosa carcajada y Nito, tal como lo había prometido, se fue y a los 6 segundos regresó. Entre aplausos. El director de la orquesta le entregó un reconocimiento frente a lo cual Nito, claramente emocionado, dijo: “Muchas gracias, esto no se olvida así nomás”.

Las dos últimas canciones marcaron momentos muy emotivos del concierto. Primero, “Bienvenidos al tren”, donde Nito se lució con su voz y demostró su inmensa capacidad interpretativa. Al respecto, cabe resaltar también su gran calidad como compositor que quedó demostrada en la interpretación de temas como “Hay formas de llegar, El fin del mundo” y “Flores en el mar” (dedicada a su madre).

Finalmente, “Rasguña las piedras” fue la última canción del repertorio atravesando los muros del teatro nacional y siendo fue coreada y aplaudida ante tan sublime interpretación por parte de Nito y los demás músicos que lo acompañaron. Nito se despidió de forma efusiva ante un público agradecido que la ovacionaba de pie y entre lágrimas por aproximadamente 10 minutos.

Nito Mestre

 

Fue una noche de sentimientos encontrados para todos los que crecieron y aprendieron sus primeras grandes lecciones de la vida con la música de Sui. Nito invitó a todos a cantar, llorar y sobe todo a preguntarse “¿y qué estoy haciendo?”.

Afuera del teatro, algunos esperaban a Nito para pedirle un autógrafo o tomarse una foto (ante la invitación de Nito a hacerlo al finalizar el concierto). Afuera, entre el ruido de la calle, la gente y el smog, la noche se desvaneció como una pompa de jabón.

Crónica por Juan Carlos Barandirán. Fotos por Diego García Cadenillas

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