Antes de entrar al anfiteatro del Parque de la Exposición, los peruanos de E.T.C ya reventaban el escenario usando guitarras con distorsión que te preparaban para la gran pregunta. Stone Temple Pilots sin Scott Weiland… ¿Qué esperar? Muchos en el concierto no sabían si Jeff Gutt —reclutado por la banda hace menos de cuatro meses desde las canteras de X-Factor, concurso televisivo de canto— estaría a la altura.

STP en el 2010 con Scott Weiland marcó algo en el público peruano. Un ataque de nostalgia pura haciendo latir nuestros corazones noventeros. Un regreso a 1992: las letras de “Plush” sugerían atmósferas enrarecidas (“Y yo siento / Cuando los perros comienzan a olerla / ¿Olerá ella a solas?”) y los acordes inusuales de la guitarra de Dean DeLeo oscurecían más nuestras sensaciones, pero todo sonaba perfecto. Era lo que necesitábamos porque también nos sentíamos raros.

El glam rock no hablaba en nombre de la generación del hastío y el grunge llegó para gritar las preguntas necesarias. Pero siempre era la imagen de Weiland la que parecía crear el cuadro perfecto en STP. Era el camaleón ideal para jugar con todas las bases melódicas que los hermanos DeLeo podían sacar de sus cabezas. Un ícono hecho para crear himnos generacionales, listo para brillar ya sea sentado en una vieja mecedora en el MTV Unplugged o llenando estadios en cualquier gran capital.

Stone Temple Pilots

Entonces, ¿qué esperar de un suplente? Intentar ser parte de un simulacro quizás, disfrutar lo que quedó del incendio. Pero el acto de ayer en el Parque de la Exposición fue más que eso. Mucho más. Jeff Gutt había “entrado en el personaje”. Y si en las primeras canciones uno empezaba a extrañar a Weiland, o sentía que estaba frente a un mero imitador de voz y movimientos en el escenario, poco a poco, a lo largo del show, ya no era nostalgia lo que había, sino una presencia, un sortilegio. ¿De dónde vino ese extraño efecto de sentir que era el mismo Stone Temple Pilots que vimos el 2010? Algo se estaba rescatando en ese concierto. Mejor dicho, algo estaba resucitando.

El espíritu de Stone Temple Pilots era Weiland, pero el cuerpo que lo albergaba se basaba en toda la estructura musical de los hermanos DeLeo y el baterista Eric Kretz. En el universo de música alternativa de la época, STP tenía un corazón de hard rock tributario de Led Zeppelin y Aerosmith, y un frontman con un rango de voz tan versátil que podía cantar tanto sobre la base de ritmos bossa nova como de composiciones con elementos de heavy metal y rock sicodélico. Y ese sonido sobrevivió a la maleza de todas las bandas que quisieron copiar fórmulas.

Ese es el sonido que nos acompañó ayer, porque los hermanos DeLeo hicieron un truco sutil. Encontraron un vocalista que podía ser camaleónico como lo fue su líder original. Jeff Gutt se puso la máscara de Weiland, se hizo uno con ella y la hipnosis masiva empezó. El simulacro estimuló nuestros sentidos. Gracias al humo que cubría al vocalista de cuando en cuando y sus lentes oscuros, la imagen de Weiland se hacía presente.

¿Funcionaba mejor el efecto en la zona General —donde Gutt era más parecido a Weiland desde lejos— que en la VIP? Es muy probable que sí. Pero no es lo más importante. Los STP no vinieron a Lima a ofrecer un tributo a su formación original. Habían venido a demostrar que podían convocar al mismo espíritu que los hizo brillar en los noventa. Y a dar el paso más radical. Crear canciones a la altura de su pasado.

Los nuevos temas de su disco epónimo (“Meadow” y “Roll me under”) tienen esas estructuras de acordes de Dean DeLeo que son ya un sello clásico de STP al igual que ese bajo tan rotundo y preciso que maneja Robert DeLeo en cada nota, potente motor que da vida y consistencia a las canciones. Y cuando Gutt las interpreta hace bien el papel. Se mimetiza con las canciones como lo hacía Weiland y nos vuelve otra vez adictos a STP. La química de la banda sigue funcionando. Produce en nosotros ese placer añejo y codiciado que buscábamos al comprar la entrada. Porque el grunge era evasión y rebeldía. Era Cobain, Staley y Cornell gritando por nosotros. Y también era Weiland. Pagamos por ese vino y el sabor era el mismo de los noventa.

Bush

Si la primera incertidumbre del concierto se había disuelto, ya más tranquilo uno podía esperar a Bush. Si tocaban sus canciones emblemáticas el resultado global del concierto sería positivo. Era lo que el público esperaba. Pero otra vez fuimos sorprendidos. No solo los hits hicieron que el ritual noventero funcione, también los nuevos temas contribuyeron. La cuarta canción del setlist, “This is War”, de su último disco Black and White Rainbows (2017) tiene todo el poder de los primeros singles de Bush. “The sound of Winter” (The Sea of Memories, 2011) y “Let yourself go” (Man on the Run, 2014) se conectaron bien con los temas más poderosos de su primer disco Sixteen Stone (1994).

Ya cerca de las últimas canciones del setlist, Gavin Rossdale salió del escenario para confundirse entre el público. Cruzó la zona VIP, la Preferencial y la General. Desapareció por largos minutos mientras la banda improvisaba sobre la base de “Little Things”. Se estaba entregando a su primer concierto en Lima con la misma actitud de un conquistador que no teme al territorio desconocido. Cuando ya pudo regresar al escenario dijo en un español básico y cómico que, por favor, no lo ahorcaran tanto cuando se mezcle con el público, porque después no podía cantar bien.

Sin duda, la experiencia debió ser salvaje para él, pero se adaptó a ella con las frases justas y necesarias: “Lo que pasó fue muy loco… pero está bien porque… vengo de Londres… estamos en Lima… venimos de lugares diferentes pero la música puede unirnos” y continuó con el cover de “Come Together” de los Beatles. Sin duda, Rossdale tenía una estrategia para meterse al público peruano en el bolsillo y la ejecutó a la perfección.

Por eso es justo decir que ambas bandas no vinieron a Lima para un simple homenaje a los noventa. Vinieron para demostrar que sus formaciones siguen vigentes, que todavía son máquinas creativas y que su capítulo final todavía está muy lejos de llegar.

Crónica por Luis Zúñiga. Fotos por Diego García Cadenillas

Setlist Stone Temple Pilots:

  1. Wicked Garden
  2. Crackerman
  3. Vasoline
  4. Silvergun Superman
  5. Big Bang Baby
  6. Big Empty
  7. Plush
  8. Meadow
  9. Interstate Love Song
  10. Roll Me Under
  11. Dead & Bloated
  12. Trippin’ on a Hole in a Paper Heart
  13. Piece of Pie
  14. Sex Type Thing

Setlist Bush:

  1. Machinehead
  2. The Chemicals Between Us
  3. Prizefighter
  4. This Is War
  5. The Disease of the Dancing Cats
  6. Everything Zen
  7. Let Yourself Go
  8. Swallowed
  9. The Sound of Winter
  10. Little Things
  11. Come Together (The Beatles cover)
  12. Glycerine
  13. Comedown

Mira más fotos del concierto de Stone Temple Pilots y Bush en Lima desde nuestro Instagram:

1K Compartir