La semana pasada llegó Tortuganónima desde Chile para tocar en Hensley de Barranco (o el único Hensley) y la casa Wanderlust. El show fue organizado por el noble y trabajador sello Anti-Rudo Records, que ya viene años jugándose el todo por el todo en la escena limeña, y Rango Music. A continuación, un frugal recuento de lo acontecido.

Parahelio abrió el show apenas pasadas las 10 p.m. El quinteto está compuesto de 3 guitarristas mas la típica sección de ritmo. El escenario fue reorganizado para acomodar más amplificadores y músicos, y con visuales de corte documental de fondo, Parahelio ofreció un set de cuatro o cinco temas de consumado post-rock con una muy ligera corriente psicodélica por debajo, más que nada en el galope del bajo. Las texturas de las guitarras se van sumando una sobre la otra y todos los músicos tienen su momento de brillar. Emocionalmente hablando, Parahelio tira para el lado más desolador de las cosas (confesión de Adrián, el baterista: “haremos llorar a todos”) pero la dinámica de la banda y el manejo de tensión está en su punto como para mantenerse interesante a lo largo del set. Banda revelación de la noche.

Wanderlust, el power trío abanderado todo lo que es catártico y bailable de nuestra ciudad. Wanderlust acaba de lanzar un segundo álbum, Naufragio. Un paso clave que la banda ha dado últimamente es incorporar más voz y letras a sus canciones. Ver a Wanderlust en vivo ahora, aparte de la potencia instrumental de siempre, ofrece más momentos coreables / pogueables que son tan cruciales dentro de la escena, y Mauricio (el cráneo de Wanderlust) muestra cada vez mayor intensidad en los shows mediante la performance vocal. Wanderlust es un vuelo alturado.

Kinder, a estas alturas banda leviatán del post- y math-rock en Lima cuyo sonido no obstante ha demostrado eludir una categorización fácil. Para estas alturas de la noche el sonido que se configuró inicialmente se había desbaratado un tanto, pero más cerca del escenario se podía oír a Kinder ejecutar con la precisión de siempre temas de sus varios discos. Sorprende cómo, a pesar de los constantes cambios de integrantes, Nicolás Gjivanovic y Mariano La Torre (los pilotos) logran mantener la cohesividad del grupo a través de los años, logro encomiable para cualquier agrupación peruana.

Pone el cierre Tortuganónima, chilenos que se mueven también dentro de la etiqueta – a veces abusada- del math rock. En teoría, el math como género se distingue por melodías y ritmos meticulosos, cerebrales, pero el talento de los Tortuganónima está en crear momentos bastante identificables y memorables ahí donde otras bandas pueden llegar a desorientar. A pesar de ser casi netamente instrumentales, salvo por los ocasionales y bien plantados woooohs, los Tortuga mueven al público con la misma fuerza que una banda con canciones escritas. En Kokoschka, uno de los últimos temas de la noche, se alcanzó un momento de locura total entre la banda y el público. La banda tenía repertorio para continuar pero las limitaciones de horario se impusieron. Aún así, el set fue extendido, variado y muy disfrutable.

Si bien la acústica del Hensley dista de ser idónea, con un poco de esfuerzo se pudo transmitir con relativo éxito el sonido de bandas con sonidos y configuraciones más complejos de lo que acostumbra a recibir el local. Hubo un público voluminoso y se vivió el espíritu del rock que nunca abandona los conciertos de Anti-Rudo.

Crónica por Nicolás Del Castillo. Fotos por Sebastían Pesadillla

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