La experiencia Festival. Es decir, días enteros dedicados a escuchar en vivo a la(s) banda(s) que estuviste esperando toda tu vida o conocer alguna nueva que no pasó por tu random de Spotify. Encontrarte, entre escenario y escenario, con tiendas de música, ropa, merchandising y por supuesto de comida que funcionan como las paradas de las carreras de autos.  La interacción con gente que quizás jamás pensaste en conocer durante todos estos recorridos, en las esperas o pausas entre conciertos, pero que te une el amor por esa banda por la que quizás, inclusive, viajaste a otro país para verlos. Y la ciudad al fondo como marco de este microuniverso de ficción: colorido, festivo, alegre, caótico y fascinante a la vez.

En nuestro medio, festivales hay muchos, pero que se acerquen a lo que proponen el Corona Festival en México D.F., Primavera Sound en Barcelona o el Shaky Knees en Atlanta por citar tres importantes, quizás sólo dos: Veltrac Music Festival (VMF) y Vivo Por el Rock (VxR) habiendo una clara diferencia entre estos dos en propuestas musicales, organización y sobretodo en el concepto de festival que se le quiere ofrecer al público. Pero ese es otro tema y ahora toca hablar de lo realizado por Veltrac.

Ni bien llegado al recinto, no se puede evitar la sorpresa por cómo se ha convertido un lugar tan anodino como el estacionamiento de un museo en un festival de música. Ahí estaban los dos escenarios, uno frente al otro, un domo entre el escenario principal y los food trucks donde se presentarían actos de música electrónica. También las tiendas, los logos multicolores del festival para los selfies respectivos, tal cual los festivales de afuera pero en un espacio más reducido.

Llegué justo al inicio del show de Khruangbin que fue soberbio de inicio a fin.  Esta banda de Texas influenciada por el funk, las bandas sonoras y el soul hizo delirar al público gracias a su guitarrista, que hilvanaba con el instrumento todo el bagaje de ritmos que traen consigo y aportándole generosas dosis psicotrópicas al oyente sin el consumo directo de droga alguna. Bueno, eso en teoría.

Entre escuchar a Javiera Mena ganándose al público con su versión de “Ritmo de la Noche” y Danny Em pinchando en esa suerte de cúpula, preferí al segundo y me quedé con él hasta el cierre de su presentación. Este íntimo y bien acondicionado espacio, con una barra de cervezas frente al pequeño escenario, acogió al DJ peruano, y luego a Sofia Kourtesis que venía con los pergaminos de haber sido bien reseñada por Pitchfork y que acompañó mi previa al show de Franz Ferdinand.

Con Javiera aún me cuesta conectar con su propuesta electro pop y reconozco haberme quedado anclado a aquel 2006 donde su melancolía lo llenaba todo con himnos como “Cámara Lenta”, “Sol de Invierno”, travesuras como el cover de Daniela Romo o la tristeza infinita del tema que da nombre a su álbum debut. Una época de inocencia y magia, plasmada hermosamente en el videoclip dirigido por Fuguet, que no volverá jamás.

Si vas a un festival, tienes que ser tolerante con lo que se presenta en el cartel (no siempre podrás ver todo así que no te preocupes) y estar alerta a bandas nuevas que luego pueden convertirse en tus favoritas. No pasó con muchos en el caso de Danny Ocean que salió con un retraso de 15 minutos. “Vámonos, que canta reggaetón” les escuché decir a muchos como si el ritmo de moda fuera una especie de peste y creo que artistas como el venezolano, añade esa variedad que es importante que un festival del año 2019 tenga, más allá de los gustos personales.

Un highlight fue definitivamente Hot Chip. El quinteto londinense, qué duda cabe, tiene un sitio bien ganado a pesar de presentar un pop electrónico personal e inclasificable. Sus canciones pusieron a bailar a todos ni bien salieron a escena. Arrancó “One Life Stand”, maravilla del álbum del mismo nombre en la que la marca registrada del grupo con sintetizadores analógicos y falsettos (con un estupendo Alexis Taylor durante toda la noche) queda más patente que nunca. Luego se despacharon con varios cortes del álbum que lanzaron este año y que venían a presentar: A Bath Full Of Ecstasy. La sorpresa del setlist fue una versión de “Sabotage” de los Beastie Boys que sonó brutal y que el público supo recepcionar con altas cuotas de gritos y hasta ganas de poguear. Cerraron con dos clásicas: “Ready for the floor” y “I feel better”, confirmando la buena forma de la banda en vivo.

El cierre estaba en las manos de los escoceses Franz Ferdinand que tienen en sus hombros el peso de haber sido uno de los mejores conciertos del año 2010 en nuestra ciudad. Recuerdo haber visto recortes en todos los diarios, incluso el Trome, dando cuenta de ese ahora mítico show que estuvo en el podio junto a Metallica, Guns N’ Roses, Gustavo Cerati, entre otros. Toda una sorpresa, más aún cuando todos los recursos estaban apostados en otras propuestas y no en los de Glasgow que no sonaban en las radios, salvo “Take Me Out”.

La expectativa era alta. ¿Superarían lo que sucedió en el 2010? Un sí contundente dará la mayoría de los que estuvimos ayer, es decir, las nuevas generaciones que hace 9 años no presenciaron lo que ocurrió en el Monumental y que, estoy seguro fue el 80% o más de los presentes que estuvo boquiabierto esperando a que cante la voz de barítono de ese gran frontman que es Alex Kapranos y que mantuvieron la emoción de un nueva audiencia presta a escuchar a una banda que ha sabido envejecer y sobrevivir a por ejemplo, el alejamiento de un fundador del grupo como es el guitarrista Nick McCarthy.

Iniciaron con “The Dark of the Matinée”, canción para hacer sudar al público desde el arranque y prepararlos para el viaje que sucedería en casi hora y media de show ya que sin tregua, estos cinco hombres vestidos elegantemente fueron enlazando títulos como “Walk Away”, “Evil Eye” y “Michael”, ante una trinchera ya entregada. Entre típicos saltos rockeros, giros enérgicos y algún solo de guitarra, Kapranos no paraba de exhibir carisma, vitalidad y dominio de escena.

Tras una breve pausa, la banda escocesa regresó con la bellísima “Glimpse of Love”, luego la esperadísima “Take Me Out” donde el público hizo retumbar el piso del museo y cerraron con “This Fire”, telúrica con la gente fuera de control como su coro indica luego de un intervalo en el que los miembros de la banda le pidieron al público que permanecieran agachados. Linda dinámica obedecida por todos (me hizo recordar a algo parecido que hace el maestro Bruce Springsteen en sus conciertos- siempre es bueno imitar a los grandes-)y que luego cerraba con la banda tocando enloquecida con el público coreando “This fire is out of control. We’re gonna to burn this city, burn this city”.

La banda se abraza y agradece la faena. Inmejorable fin de fiesta. El público también agradece todo lo acontecido en este corto pero sustancioso festival. Veltrac, una vez más, lleva a cabo un evento de calidad con lo justo y necesario. Claro que se puede mejorar. Hacia ahí vamos todos, organizadores y público.

Crónica por Álvaro Torres. Fotos por Raul Umeres.

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