Siempre me dijeron que no debía mirar directamente hacia un eclipse, que podía quedarme ciego o incluso peores cosas. Será por algo que la gente teme tanto mirarlo. Pero el día de ayer me atreví a hacerlo, total los conciertos son para dejarse llevar. Lo vi fijamente y lo que me sucedió fue que entré en el profundo universo del alma. Quedé hipnotizado, todo gracias al Placebo.

Fue una medicina que me hizo ver la luz y pude darme cuenta de lo ambiguo de la realidad, que nos lleva desde la lucidez del blanco hasta los perturbadores misterios del negro. Pues el concierto de ayer nos mostró que los sentidos no están separados uno del otro, sino que nuestros ojos y nuestros oídos se pueden hermanar en miles de sensaciones. 

Eso lo tuvieron muy claro los de Placebo al sumergirnos en un concierto audiovisual por completo. Y no se trató solo de pantallas y luces, pues con ver a Molko, Olsdal, Forrest y el resto de la banda bastó para quedar anonadados, admirando a estos seres tan extraños, cada uno con su propia estética, tan rara, tan lejana.

El inicio del concierto fue suficiente para que comprendamos que estábamos a punto de entrar a un viaje por los turbulentos caminos de la psique. Aquel eclipse sirvió para abrirnos la puerta a las tres primeras canciones de la noche, tres de su último disco. For What It’s Worth, Ashtray Heart y Battle For The Sun nos azotaron sin previo aviso, como una droga cuando revienta en tu cerebro.

Soulmates never die” gemía Molko en un idioma que dejaba claro que “we both can speak in tongues”, pues si algo nos une a estos seres tan distantes son las emociones humanas. El amor, el rencor, la locura y el dolor eran transmitidos con cada onda desde el escenario a nuestros corazones.

No hubo un momento más intenso que cuando nos sorprendieron con Follow The Cops Back Home. Es increíble como melodías tan suaves y profundas pueden reflejar la búsqueda juvenil de emociones intensas, esa rebeldía que nos hace sentirnos vivos, siempre buscando más, sin pensar en las consecuencias. Sin duda, uno de los momentos más emotivos de la noche.

Cuerdas iban y venia, mientras los instrumentos alternaban interpretes y Stefan cambiaba bajos por guitarras. Ese pálido y delgado gigante sueco nos demostró que no solo el frontman puede robarse el cariño del público. Pues si hubo alguien en ese concierto que derrochó carisma fue Olsdal.

Y si algo en común tenemos los limeños, los ingleses y los suecos es que todos hemos vivido nuestras historias bajo el mismo cielo gris y lúgubre. Será tal vez por eso que tenemos la necesidad de reflejar nuestras más intensas emociones en la música, pues nuestro clima, nuestro mundo, no nos regala ni un solo rayo de luz.

Sobre el escenario teníamos a seis músicos tocando con total intensidad frente a nosotros, metiéndole todo el punche y el sentimiento a sus canciones. Toda esa energía y pasión conectaba a artistas y público con las melodías y los visuales que entre blancos y negros nos daban pequeños y esperanzadores destellos de color.

Solo nos dirigieron la palabra para decir “Gracias” y “Muchas gracias”. Pero no hizo falta nada más, la pasión de Molko al cantar y el encanto de Stefan fue suficiente para drogarnos de emociones y elevar nuestras almas con canciones como Special Need.

 

Las canciones no paraban y repasaban las distintas épocas de la banda. Julien, Bright Lights, Meds, Song To Say Goodbye arremetían contra nosotros con sus intensas letras. Frases como “You are one of God´s mistakes, you crying tragic waste of skin” calaban en nuestras heridas más profundas.

Ya con tanta furia y dolor en el cuerpo, le llegaba el turno a Special K para unir todas las fuerzas en el memorable coro. “Para pa pa pa rara” gritábamos con intensidad para que nuestras voces se converjan en una misma onda con las melodías despedidas desde el escenario. Así nos tocó la hora del final amargo, Bitter End era la amenaza de volvernos a encontrar en un trágico final. Con esta promesa se despidieron de nosotros.

 

En el encore no hubo nada más oportuno que dejarnos con una bailarina de ballet con el torso desnudo. Entre la expectativa que dicha imagen nos dejaba, regresaron rápidamente con Trigger Happy, para recordarnos que también podemos ver hacia dentro de nosotros para luego atacar a esta sociedad llena de personas que no entendemos, puros payasos listos para jalar el gatillo. Todo esto comandado por Stefan que nos ordenaba a mover las manos como si nos importase un carajo.

There is no running that can hide you, cause I can see in the dark” era el desafiante grito que llegaba con Infra-red. El concierto estaba por terminar con todos al borde de la locura. Así fue como la última canción de la noche fue la cruda Taste in Men. Steven había dejado su tatuado cuerpo al desnudo para romper los tambores a baquetazos, Brian acercaba su guitarra al amplificador para sacar a luz las retorcidas distorsiones mientras Stefan arrastraba su bajo como un cadáver por el suelo. Más emoción en nuestro cuerpo y corríamos el riesgo de la sobredosis, aunque solo fuera un placebo.

 

Y se fueron así nomas, sin despedirse ni hacer las parafernalias a las que estamos acostumbrados, total ya todo se había dicho en sus canciones.

¿Y Pure Morning? ¿This Picture? ¿Será para la próxima? Eso esperamos.

* Fotos de Alejandra Morote Peralta para Conciertos Perú. Mira más fotos, haz clic aquí.

Los dejamos con el Set List y el video del concierto:

  1. For What It’s Worth
  2. Ashtray Heart
  3. Battle For The Sun
  4. Soulmates
  5. Speak In Tongues
  6. Follow The Cops Back Home
  7. Every You Every Me
  8. Special Needs
  9. Breathe Underwater
  10. Julien
  11. The Never-Ending Why
  12. Bright Lights
  13. Devil In The Details
  14. Meds
  15. Song To Say Goodbye
  16. Special K
  17. The Bitter End

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  1. Trigger Happy
  2. Infra-red
  3. Taste In Men

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