BadUna roca, un planeta, una bomba atómica. Un gol de media cancha. Las heridas permanecen con nosotros hoy, pero lo vivido ayer en San Marcos perdurará en nuestras cabezas por mucho, mucho tiempo. Una constante demostración de los cimientos de un género interpretados con la misma fuerza de siempre. Lo vivido el viernes por la noche ha sido una experiencia trascendente, explosiva. Bad Religion se apoderó de un escenario y transformó todo un ambiente en un verdadero desmadre punk. Avisados estábamos.

Todo comenzó a las 6 de la tarde, hora en la que Diazepunk trepó para calentar motores, seguida de la banda argentina Shaila. Lamentablemente, el caos vehicular que supone Lima fue más, le ganó a mis oportunidades de llegar a tiempo para disfrutar de los buenos teloneros. No dudo que Diazepunk haya dejado su buena energía, y una vez más lamento no poder haber visto a Shaila interpretar sus temas, de los cuales tengo una buena imagen. Aire fresco para un público que estuvo desde temprano.

Mi ingreso al estadio empalmó con el inicio del partido. Lo primero que noté fue la poca gente que se encontraba en la tribuna, zona que, paradójicamente, costaba más. De todos modos, se espera que el público que asiste a un concierto de Bad Religion quiera estar viviendo la acción desde la misma cancha, la jungla. El público asistente se acomodó cual tribuna para la misa futbolística, y en estos tiempos de ilusión y romanticismos ingenuos, es imposible no sumarse a la fanaticada. Fue entretenido, linda excusa para la oferta de chelas, y aparte, la selección blanquirroja se impuso. Además, Shaila tocó clásicos del punk en el entretiempo, los que incluyeron Txus de La Polla Records, Do you remember Rock n Roll Radio? de The Ramones, Tema de Adrián de 2 minutos, entre otros. El triunfo de Perú no hizo más que dejar un ambiente de emoción y angustia, un terreno fresco para que la locura tome acción. Ahora, a lo nuestro.

Inyectores arrancó apenas acabado el partido, lo que supuso un frenetismo de un público que cada vez se congregaba en mayor número, y ahora ya creaba alborotos. La fiesta empezaba y la gente sabía que cada vez estaba más cerca. Se dejaron escuchar clásicos del repertorio de Inyectores como Bombardero, El Mono Rojo, Poder Volar, así como el consagrado Antisocial de G-3. Inyectores no defrauda y deja clara su fuerza y actitud en el escenario.

Se podía apreciar en el escenario una gigantografía con motivo del último álbum, The Dissent of Man, que anunciaba lo eventual, lo inevitable, aunque muchos no encontrarían paz hasta realizar que realmente estaba sucediendo. Y así, ante un público con grandes dosis de ansiedad, sumado al previo triunfo del fanatismo, y las mentes ya agitadas, sucedió. La ilusión se convirtió en realidad. Bad Religion se encontraba en el escenario, desatando el furor de la legión de seguidores. Y es que 30 años no pasan en vano. Greg Graffin, Greg Hetson, Jay Bentley, Brian Baker y Brooks Wackerman, una verdadera institución del punk, leyendas vivas que nos fueron esquivas por un largo, insoportable período, pero que al fin los encontrábamos en un escenario local. Y esto ni siquiera había empezado.

Sin esperar a nadie, arrancaron con The Resist Stance, canción de su último disco, seguida de Social Suicide, desatando el caos del público, gracias al desenfreno de las guitarras de Brian Baker, ex miembro de Minor Threat, y Greg Hetson, miembro también de Circle Jerks. La palabra “leyendas” no es usada en vano. Siguió 21st Century (Digital Boy), canción que demostró no solo la capacidad lírica de Greg Griffin, sino también su capacidad interpretativa, cantando a pulmón vivo “Cause I’m a 21st century digital boy, I don’t know how to read but I got a lot of toys”, recitando las paradojas de la modernidad. Un genio.

Si bien al comienzo el sonido falló un poco en cuanto a la voz, esto fue solucionado con tiempo. De todos modos, entre tanto alboroto, uno llega a perder noción de lo que escucha para llegar a ser parte de Bad Religion, sin querer sonar sublime, pero realmente la sinergia musical que la banda marcaba mientras repasaba su más reciente discografía con canciones como Los Angeles is burning, Wrong Way Kids, Sinister Rouge, lograba a que no tuviera más opción que envolverme con este desorden poético.

Así, Graffin y compañía demostraban un despliegue impecable, a la vez que nos entregaban una constancia de clásicos tras clásicos, sonando más intensos que nunca en mi cabeza emblemas como Atomic Garden, I want to conquer the world, Recipe for hate, Do what you want, Modern Man, You, canción que descubrí en la inocencia de un videojuego. Saben a cual me refiero.

Por más músicos que puedan ser, demostraron también que el punk también tiene carisma. Se mostraron abiertos al público, lo que mejoró la experiencia, felicitándonos por el triunfo y poniéndose incluso camisetas que los fanáticos le pudieron alcanzar, no sabiendo que ya nos tenían en su bolsillo desde hace mucho. Una pena que Brett Gurewitz no pudo venir, sin embargo, sus compañeros de banda se encargaron de que no notemos la ausencia.

La gente sentaría cabeza para unirse a la premisa de un himno: Generator. Definitivamente, uno de los picos altos del concierto, haciendo la emotividad palpable. Todos se unirían en un pogo salvajemente cavernícola, coreando a toda voz, mientras los cuerpos volaban y la intensidad incrementaba. Notable.

El dinamismo de las canciones era casi imperceptible, Bad Religion demostraba lo que es tener un sonido sólido, compacto e indomable. Jay Bentley en el bajo haciéndose presente y con la entrega del caso. Una banda que tiene noción. Los temas iban y venían, pero sabíamos que no era eterno. No Control, Anesthesia, Along the way, un trío de canciones que llevarían al grito de Fuck Armageddon…This is hell!, irreverencia punk que alumbra y deprime. Suficiente como para darnos un respiro, mientras la banda se retiraba del escenario para volver a dar la última estocada.

La respuesta del público es material de elogio, da gusto estar en conciertos así donde todos entregan energía para hacer de un concierto más que un simple espectáculo, sino una experiencia. Si bien muchos ya nos sentíamos agotados, era el último esfuerzo, y queríamos más.

Finalmente, Bad Religion volvió para terminar lo que había comenzado. Las últimas fueron de lujo, brillando primero con American Jesus, vibrando después con Suffer y dándole el paso a Infected, una de las más coreadas del concierto. Para terminar la noche, Greg Graffin entonaba “Father can you hear me?”, culminando así con Sorrow y cientos de personas agradecidas, despidiéndose así de un público que fue un actor fundamental en la historia.

Felicitaciones a la gente de Punk as Fuck, una vez más confirman estar a la altura de una organización responsable y eficiente, esta vez junto a Black Planet Producciones y Starfactory.

Bad Religion demostró que 30 años es mucho tiempo para esperar, pero cuando el momento te da la cara, cada año se justifica. Impecable en su presentación, una entrega que se hará extrañar. El punk nunca sonó tan sofisticadamente demencial.

Los dejamos con el set list:
Set list de Bad Religion:
1. The Resist Stance
2. Social Suicide
3. 21st Century (Digital Boy)
4. Los Angeles is Burning
5. Wrong Way Kids
6. Sinister Rouge
7. Atomic Garden
8. Before you Die
9. Recipe for Hate
10. I Want to Conquer the World
11. Come Join Us
12. New Dark Ages
13. Do What You Want
14. You
15. Modern man
16. Generator
17. The Defense
18. Let Them Eat War
19. No Control
20. Anesthesia
21. Along the Way
22. Fuck Armageddon… This is Hell!
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23. American Jesus
24. Suffer
25. Infected
26. Sorrow

Los dejamos con el video de la conferencia de prensa y el concierto de Bad Religion en Lima.

 

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