El anuncio de Catupecu Machu en Lima aparecía en la agenda como un concierto interesante pero no de esos “obligatorios” para el grueso del público rockero de nuestro país. Así la promoción fue cautelosa, principalmente por Internet, un poco de otros medios y el boca a boca. El ver el año pasado tantos conciertos con locales casi vacíos me hacían cuestionarme la llegada al público que podría tener esta banda argentina, sobre todo tanto tiempo después de su punto más alto de popularidad. Sin duda, estaba completamente equivocado.

Eran ya las 11pm y la banda Autobus recién aparecía en escena para ir destapando los oídos y haciendo mover los primeros cuerpos. Dieron un repaso por su discografía haciendo énfasis en varios temas nuevos de su última producción Maquina Destrucción (2011) con aires más espaciales y electrónicos. La experiencia de la banda sobre escenarios previos a artistas internacionales (Soul Asylum, Franz Ferdinand, The Killers, Jane’s Addiction) se notó de lejos. Su manejo, puesta en escena y sonido muy bien logrado daba evidencia del gran trabajo que hay de parte de la banda.

A pesar que el público seguía tranquilo, escuchando mientras conversaba, sobre el escenario Piccini, su vocalista, saltaba de lado a lado como queriendo extender el escenario para poder liberar toda su energía. Así, luego de 45 minutos sobre el escenario la banda lo abandonó dejando todo listo para los argentinos.

La espera se hizo eterna. Si hay algo que no me gusta de los conciertos en discotecas es que suelen (con algunas excepciones) arrancar pasada la media noche, quizás para que la gente consuma más o qué sé yo, pero aquí todos queríamos que Catupecu Machu ya esté en el escenario.

Luego de tomar un rato aire en la terraza del local, cerca de las 12.30am, la música se apagó anunciando que ya estaba por empezar el concierto. Me voy al escenario, como para estar más cerca a donde estarían los más fanáticos, y el concierto arranca con el tema que le da nombre a su última producción, El Mezcal y la Cobra. La gente movía la cabeza, cantaba pero no respondía con la energía que Fernando Ruiz Díaz expulsaba del escenario. “¿Acá no va a haber pogo no?” me pregunta un amigo algo preocupado por la pasiva respuesta del público al inicio del concierto. “No creo” le respondí con una ingenuidad estúpida, pensando que la mayoría del público eran sapos clientes de Gótica que se habían metido como quién va a un día más de discoteca. “Hey Perú!” gritaba desde el escenario Fernando extendiendo los brazos como intentando darle más energías al público. Por mi cabeza solo pensaba que este sería un concierto más que fracasaba por un público apático que no conectaba con la banda, así que las primeras canciones me dediqué a ver el gran despliegue de Catupecu, tratando de ignorar el contexto.

No fue hasta la tercera canción, Gritarle al viento, que el público empezó a cantar y unos cuantos a moverse dejándose llevar por la música. Las revoluciones empezaron a subir poco a poco cuando Ruiz Diaz comentaba que siempre le preguntaban por qué se demoraban tanto en llegar a Lima y si iban a tocar temas antiguos. Así con un “vamos a tocar una del año 2000” se mandó Eso espero. El concierto iba tomando forma, cada vez eran más fuertes las voces y más gente se sumaba al salto.

“Me doy cuenta que esta vez no va ser la última” comentaba la voz de Catupecu haciendo referencia a un posible próximo concierto de ellos en Lima. Y como para que no quede solo en palabras, voltea y mira al productor del concierto agradeciéndole por haber hecho este concierto realidad. Con esta interacción el público dio un vuelco total y entre todos se mandaron un “ole ole ole, ole ole ole ola, ole ole ole, cada dia te quiero más…” que robó la primera sonrisa de Fernando. Y como para responder la sorpresa se mandó un “¿puedo agregar un tema que no estaba a la lista? … una chica nos pidió una canción y me gustaría hacerla a capella”. Así agarro el micro, la banda pasó al fondo y se mandó Cuadros dentro de Cuadros con ese sentimiento sincero que muy pocos artistas mantienen luego de tantos años sobre los escenarios (y para los incrédulos, el tema realmente no estaba dentro del set list).

El concierto ya había llegado a un punto bastante alto. Mi idea de que estaba rodeado de clientes de Gótica que querían un día más de fiesta se había borrado por completo, este era un concierto íntimo de verdaderos fanáticos que venían cantando canción tras canción sabiéndose las letras de pies a cabeza. Quizás algo que ayudó a eso fue no hacer la “zona Vip” en donde en conciertos pasados se reunió todo ese público que, si bien tiene el derecho de estar ahí, sinceramente a veces está demás (como en el concierto de Kings of Convenience).

Es la primera fecha después del Cosquin Rock (festival argentino)” empezaba Fernando para contarnos que ahí se le ocurrió una idea con el público para la canción que venía y que ahora lo quería probar con el público peruano.”Hay menos gente, pero hay igual intensidad” comentaba haciendo explotar en gritos la discoteca. Así se mandó Aparecen cuando bailamos, pidiendo que en el momento del riff con distorsión todos levantemos las manos para aplaudir. La gente ya estaba totalmente insertada en el concierto. “Gracias por hacerme no entender nunca esto” comentaba haciendo referencia a su dificultad de entender cómo había logrado llegar a Perú y cantar frente a tanta gente que cantaba sus canciones a toda garganta.

Siguió el concierto con Metropolis Nueva y Origen extremo. El concierto iba a 100 por hora pero nada se compararía con lo que pasaría a la siguiente canción. “Se viene una nueva canción”, comentaba desde el escenario para lanzar uno de los riff más famosos de su discografía. Era Magia veneno que sorprendía a todos haciendo despegar a casi todos los pies del piso. Toda la pista de baile se convertía en una saltadera de gente abrazada con una sonrisa de oreja a oreja gritando a más no poder la canción. La cara de Fernando era de desconcierto total, su felicidad y sorpresa era evidente en un rostro que solo atinaba a sonreír frente a tal respuesta del público.Entre lo dicho y lo hecho, lo hicimos aquí por primera vez” gritaba para llevar al concierto a un punto que no pensé que se superaría en lo que seguiría del concierto.

Pero por enésima vez me equivocaba, la conexión con el público era perfecta y aun faltaba más. “Quiero dedicar este show a Gabriel Ruiz Diaz que antes de venir le dijimos que ojalá algún día seamos 5 tocando sobre este escenario. También a Luis Alberto Spinetta, gracias estés donde estés, gracias por todo Luis. Y al señor Gustavo Cerati también.” Así luego de A veces vuelo, toda la energía de Catupecu explotó en Gótica, era Dale.

Quiero ver a la gente a 80cm del piso!” gritaba Fernando para empezar tranquilo la canción que haría peligrar los cimientos de la discoteca miraflorina. Nuevamente entendí que no es necesario tener un estadio explotando de gente para sentir la energía y calor de un concierto. Aunque suene utópico, Gótica se transformó en una masa de gente pogueando como si estuviéramos en pleno Estadio San Marcos en el climax de un concierto. “Los quiero ver a un metro del piso!” gritaba Fernando llevando al público a esa demencia feliz que todos los fanáticos soñaban encontrar esa noche. Toda la discoteca saltaba de lado a lado, incluso creo que algunos ya mayores se animaban a sumergirse en el pogo y sentir toda esa energía, o veían con sorpresa y alegría desde el balcón. El concierto había dado un vuelco de 180º (nunca pensé que este concierto terminaría de esa manera).

Así, luego de develar la absurda mentira que son los encore y decirnos que solo faltaba una canción, subió el volumen de su guitarra y se dio cuenta que ya no funcionaba. “¿les cuento un chiste verde mientras la arreglan?” preguntaba mientras su asistente hacía lo imposible por arreglarla. Con unos minutos de espera, todo estaba listo para dar el último grito junto a Catupecu y el tema Y lo que quiero es que pises sin el suelo. Esto era una fiesta total, Catupecu había sorprendido a todos los que fueron de sapos y hecho el concierto de su sueños a sus fanáticos. Así pasada las 2am la banda argentina ya había terminado su primer concierto en Lima.

Agradecieron infinitas veces el recibimiento mientras el público no paraba de aplaudir. Hicieron una venia todos abrazados y se retiraron cerrando un concierto que me sorprendió muy gratamente. Ojalá vuelvan tal como lo insinuaron cerca al principio del concierto.

*Todas las fotos fueron tomadas por Alberto Valderrama y extraidas del Facebook de Catupecu Machu.

Te dejamos con el set list y un video del concierto:
1. El Mezcal y La Cobra
2. Confusión
3. Gritarle al viento
4. Eso Espero
5. Plan B
6. Grandes
7. En los sueños
8. Nuevo libro
9. Aparecen Cuando Bailamos
10. Metrópolis nueva
11. Origen Extremo
12. Magia Veneno
13. A veces vuelo
14. Dale
15. Y Lo Que Quiero es que Pises sin el Suelo

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