Juan Diego Flórez, la voz más importante en la actualidad de nuestro país, regresó a Lima pero esta vez para dar un concierto multitudinario. Dejó de lado los teatros que albergan reducidas élites y se volvió a subir a un escenario frente a miles de miles de personas. Al borde del sold out, el Jockey Club del Perú ayer, martes 10 de abril, por poco colapsa (literalmente) por la gran cantidad de público que se dio cita.

Lo primero que me encontré al llegar fueron decenas de carros que ya no podían entrar al concierto porque el enorme estacionamiento (de la puerta del Derby) destinado para el concierto había llegado a su máxima capacidad. Era evidente la poca costumbre de los peruanos de juntarse varias personas en un carro, usar transporte público (o caminar, montar bicicletas u otro transporte alterno) para aliviar el tránsito en los conciertos (y en general). Pero bueno, este impase pudo ser solucionado luego de algunos minutos para suerte de los ya enfurecidos conductores.

El concierto arrancó puntual a las 9pm, como castigando a los tardones, aunque dentro del lugar destinado para el concierto ya casi no existía asientos libres. Los acomodadores de sitios enloquecían buscando los asientos sin incomodar a la gente que ya escuchaba el concierto que había empezado. Obertura Nabucco fue el tema encargado de iniciar todo en manos de la Orquesta Sinfónica Juvenil “Sinfonía por el Perú dirigida por el maestro Espartaco Lavalle.

El público esperaba ansioso la aparición del máximo tenor peruano en escena y así ocurrió a los pocos minutos con lo más clásico de su repertorio interpretando tres arias de La Traviata de Verdi. Mientras tanto el público andaba algo distante, no sé si porque andaban sorprendidos por tremenda voz que teníamos al frente o porque esperaban la parte del repertorio más conocida. Sin embargo, esto no duró mucho y, luego de que la orquesta interpretase sola Las Bodas de Luis Alonso, Juan Diego Flórez volvió a aparecer en escena para cantar Amapola y Granada despertando los primeros suspiros y estallidos de aplausos del público.

El concierto se desarrollaría con pausas en las que la orquesta interpretaba temas sin Juan Diego. Así Oboe de Gabriel sirvió como puente a una de las sorpresas de la noche (para algunos un poco desatinada). Al lado derecho del escenario aparecen unas cuantas coristas con vestidos de lentejuelas mientras en el fondo se escucha “y ahora con ustedes nuestro invitado especial… Marco Zunino”. El carismático artista, que acaba de regresar de Broadway, subió al escenario con una valentía singular. Sin duda, cantar en el mismo escenario del tenor más importante del mundo no debe ser tarea fácil, pero Zunino sabía lo que estaba enfrentando y se mandó con un poco de lo que realizó en su paso por EEUU: All I care abaut is love de la obra Chicago. Zunino salió airoso de tremendo reto; sin embargo, las coristas dejaron bastante que desear.

Así luego de mandar un poco de cherry para el musical que presentará pronto, Zunino invitó a Juan Diego para interpretar juntos Volaré y terminar este momento con el cásico New York New York que despertaba los susurros entre la gente. “El compositor del tema (…) es un fanático de Juan Diego (…) y estaba emocionadísimo de saber que Juan Diego iba a cantar la canción y le hizo un arreglo especial para nosotros”, comentaba previamente Zunino mientras contaba su encuentro con John Kander.

Con esto Flórez y Zunino abandonaron entre aplausos el escenario dejando a la orquesta haciendo de las suyas. La verdad imaginé que la Orquesta Juvenil “Sinfonía por el Perú”, de la ONG que preside Juan Diego Flórez, no estaría a la altura de tocar junto al máximo tenor del mundo y le restaría mucho al concierto, pero por suerte y alegría del público, estaba totalmente equivocado. Esta orquesta conformada por niños y jóvenes entre 12 y 25 años, en su mayoría de escasos recursos, era de primera y se notaba a Juan Diego orgulloso de ella, y no era para menos.

Los temas continuaron calentando una de las etapas que más emocionaría al público. Así, luego de algunos problemas con los monitores que hicieron que Juan Diego interrumpa una de sus interpretaciones bromeando de que esas cosas ocurrían a veces, se venía una tanda de canciones peruanas bajo la voz del tenor más aclamado en la tierra. Era momento de tocar fibra en los miles de asistentes y así empezó un popurrí de huaynos que incluía Ojos azules y Valicha. El público no se contuvo, explotó en aplausos y se puso de pié por primera vez en la noche. Recién el tenor peruano había tocado fibra en los asistentes, evitar los escalofríos de emoción era un acto imposible en ese momento.

La orquesta hacía otro puente para que Juan Diego descanse con una marinera. En este punto era sorprendente el apático público peruano (que curiosamente no es solo en los conciertos de rock). Sobre el escenario estaba una de las voces más importantes del mundo, estaban tocando clásicos peruanos, pero el público ni se inmutaba. A pesar que el mismo Juan Diego insinuaba que aplaudan o incluso el director de la orquesta volteaba a animar al público, abajo del escenario no ocurría nada. ¿Es que acaso un peruano no sabe aplaudir una marinera o un vals? Era lamentable que por enésima vez  el público sea quien resta al espectáculo.

Pero por suerte eso era fácil de olvidar escuchando a Juan Diego que volvía a los pocos minutos para dos popurrís de valses. El primero con Ódiame y Regresa, y el segundo con Bouquet, Embrujo, y Viva el Perú y Sereno. La voz lírica se unía a la perfección con la música tradicional peruana logrando una fusión sin igual. El concierto ya iba terminando con la orquesta interpretando Préndeme la vela continuado con uno de los temas peruanos más popularizados en la voz de Juan Diego: La Flor de la Canela.

La parte de canciones peruanas había terminado, faltaban dos temas más. Así llegaron las dos piezas más famosas de la lírica: La donna e Mobile y O sole mio. El público hacía alarde de su impecable cultura conciertera y, cuando Juan Diego terminaba La donna e mobile, empezaba a retirarse del recinto en una imperdonable falta de respeto al artista. Claro, era más importante no agarrar tráfico…

Terminado este momento, Juan Diego Flórez se acercó al micro para hablarle al público por primera vez (aparte de sus agradecimientos terminando cada tema). Era para agradecer y contar la labor que viene realizando con Sinfonía por el Perú, ONG que ayuda a jóvenes de escasos de recursos a través de la enseñanza de la música. Así comentaba la anécdota de un niño cuzqueño que le comentaba que antes estaba triste y ahora se sentía contento. “Los niños tienen derecho a la alegría”, terminaba despertando más orgullo por él y su excelente labor.

Para despedirse, Juan Diego nos ofreció un popurrí latinoamericano que incluía La Barca de Roberto Cantoral, Se me olvidó otra vez de Juan Gabriel, Ay, Jalisco no te rajes de Jorge Negrete, entre otras. El público aplaudió mientras Juan Diego no paraba de agradecer y hacer venias junto al director y la orquesta. Finalmente regaló Ojos azules por segunda vez y dejó el escenario hasta una próxima oportunidad.

Sin duda un concierto fuera de serie que; sin embargo, no explotó todo el potencial de Juan Diego Flórez. Es innegable afirmar que escucharlo en un teatro cerrado con una mejor acústica que un lugar abierto es un placer inigualable. El sonido por momentos fallaba y el eco que genera la pared del fondo del Jockey Club molestó nuevamente (como también sucedió en el concierto de Joe Cocker). Por otro lado, el apático público no dio ese ambiente que quizás sí se logra en lugares más pequeños o con un público más involucrado con tremendo espectáculo (y que no se la pasa conversando).

A pesar de esas contadas fallas, Juan Diego volvió a demostrar por qué es uno de los hombres más importantes de la música en nuestro país y el mundo.

* Fotos por Alejandra Morote Peralta.

Te dejamos con el set list y dos videos del concierto:

Juan Diego Florez y Marco Zunino – New York New York

Juan Diego Florez – La Flor de la Canela