Norah llegó a Lima para un reducido puñado de seguidores que lograron desaparecer las entradas con varias semanas de anticipación dejando fuera a varios seguidores de la cantante. Se sabía que el concierto sería algo íntimo y que solo algunos podrían ser testigos en el Centro de Convenciones María Angola. Todo empezó a las 8.10pm con el Jesse Harris, destacado músico que apareció en escena sin llamar mucho la atención acompañado de su guitarra y un percusionista. Sin embargo, pronto su música sorprendería a los asistentes mientras buscaban sus lugares para sentarse.

Luego de 30 minutos sobre el escenario, el ganador de un Grammy y colaborador de la misma Norah dejó el estrado envuelto en merecidos aplausos dejando todo listo para la artista esperada por todos. El local ya estaba completamente abarrotado y puntual a las 9.00pm el concierto empezó sorprendiendo a todos mientras corrían a sus lugares.

Ella apareció en el piano y arranco un concierto al que no le caería mejor adjetivo que bello, incluso uno de los más bellos del año. Su piano resonaba unido a su voz con el cover de Hank Williams Cold Cold Heart. “Muchas gracias, gracias por venir, my spanish is very bad, but I am gonna try” eran las primeras palabras de la sencilla Norah al público peruano. Ella había llegado para darnos lo mejor de ella: su música. Nada más. Nada más era necesario, no se necesitó un mega escenario, toneladas de publicidad, ni la última tecnología traída de algún país lejano. Era ella y su música, y con eso bastaba para una noche espectacular.

Su banda se unía con instrumentos precisos, sonando en el momento indicado, con la intensidad necesaria y con la cuota de sentimiento perfecta para conectar con el público. Norah seguía con las canciones de su último disco. Todo el soul fluía por las paredes del María Angola, ayudados de un colchón perfecto de público con el que se logró un sonido envidiable que permitió escuchar a cada músico en su máxima expresión.

En la mayoría de conciertos uno espera los clásicos y que los temas nuevos sean los más escasos posibles. Sin embargo, Norah Jones llegaba con uno de los mejores discos que ha realizado en su carrera, de la mano del impecable productor Danger Mouse, y toda esa perfección estaba plasmada en Lima. “Me gusta el cebiche, me gusta el arroz con pollo thats it!” decía Norah con una sonrisa en el rostro.

Entre canción y canción Norah soltaba sutiles “thank you” o “gracias”, y continuaba ensimismada en lo que mejor sabe hacer. Pasaba de su piano al piano eléctrico o se colocaba su guitarra acústica o eléctrica. Cada instrumento lo elegía para hacerlo sonar de tal forma que conecte directamente con cada uno de los asistentes. Nadie gritaba, nadie se paraba, nadie se exaltaba, todos estábamos conectados con Norah, impresionados. El silencio de la sala era tal que en los cambios de canción cualquiera podía gritar lo que quería al escenario obteniendo la respuesta de Norah, pero muy pocos lo hicieron, sacándole unas cuantas sonrisas.

Ya habían pasado 7 canciones de las cuales 5 eran de su último disco. Con Chasing Pirates retrocedimos a su cuarto album para seguir con Rosie’s Lullaby. En el fondo el escenario solo se mantenía decorado de unos patitos voladores de papel blanco con una tela de fondo que iba cambiando de color logrando el ambiente perfecto. Era como estar en un pequeño bar con Norah susurrando al oído.

Los instrumentos de cada músico eran una extensión de su cuerpo. Norah pintaba las canciones de la mejor manera posible. Sonidos en los momentos precisos con los teclados ambientales, guitarras limpias vibrando lo necesario. No se escuchaba el instrumento, se escuchaba el músico susurrando con el. Con Creepin’ In era momento de moverse un poco y también era aprovechado para desatar algunos solos de batería y teclado al mejor estilo country.

Norah hacía notar sus influencias soltando algunos covers más como It must have been the roses de Grateful Dead. Una vez en el piano Painter Song y Don’t know why llevaban el concierto a otro nivel, el público solo atinaba a dejarse llevar. El único protagonista de la noche era la música que fluida de lado a lado demostrando todo lo que puede hacer por sí sola, sin necesidad de todos los artilugios que nos han acostumbrado últimamente.

El concierto ya iba terminando, Norah presentaba Sinkin’ Soon que había sido compuesta por el artista invitado Jesse Harris para seguir con Miriam en donde su voz continuaba luciéndose. Con Happy Pills, el último sencillo de su más reciente disco, el concierto reafirmaba el ser uno de los más bellos que han ocurrido en nuestra ciudad.

En Stuck la guitarra brilló como nunca envolviendo a todo el público en un solo impecable, muy alejado del virtuosismo y muy cerca de la expresión. Ya eran las 10.20 y con un cover de Tom Waits Norah dejó el escenario. “Muchas gracias, thank you, good night!”, dijo junto a su banda para retirarse. Parte del público también dejaba sus asientos y empezaba a salir del local, pero Norah, como era obvio, tenía un poco más para nosotros.

Así volvió y junto a su banda todos pegados al mismo micro y parados cerraron con Sunrise y Come away with me. No había nada más que pedir, un concierto perfecto había terminado. Eran las 10.31pm y solo quedaba esperar que algún día regrese, sobre todo teniendo en cuenta el éxito que significo su concierto en Lima. Norah agradeció y dejó el escenario con chullo y quena de regalo en mano.

Escrito por Santiago Silva (@santiagosv90)

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Te dejamos con el set list y un video: