Hace mucho tiempo que no asistía a un concierto con las expectativas tan altas. El concierto de The Drums en Lima sería para mí un reencuentro con una de las bandas con la que más me divertí, hace casi 2 años, en la primera edición del Lollapalooza Chile en el 2011. Recuerdo verlos justo después del mejor concierto de mi vida: Flaming Lips (minutos antes). Fue una especie de celebración del momento anterior en donde la felicidad se desbordaba de mí, me trasladaba a tiempos pasados y solo bailaba y bailaba. Volverlos a ver en Lima sería la excusa perfecta para intentar revivir aquel momento y quizás superarlo.

Llegué cerca de las 9pm y el local ya lucía relativamente lleno. De fondo pasaban bandas nacionales como Cecimonster Vs. Donka y Los Fuckin Sombreros. En el escenario había dos baterías y un teclado que normalmente no usaba The Drums, evidenciando que habría una banda sorpresa. Esta se llamaba The Ancient Artifacts y era una joven banda local que, a pesar de las pifias, supieron no rebajarse y mantener una actitud sólida sobre el escenario. Así con una mezcla de covers y temas propios, esta novel banda dejó el escenario a las 10pm tras 30 duros minutos sobre el escenario.

La emoción aumentaba, faltaba muy poco para tener a The Drums por primera vez en Lima. Su ingreso a las 10.28pm desde la escalera izquierda que da al escenario fue celebrado con un Scencia que explotaba en gritos y aplausos mientras se escuchaba la introducción del concierto. Al fondo una bandera con The Drums decoraba el sencillo escenario. “Lima, Perú! We are The Drums from New York City”, saludaba Jonathan Pierce. Desde ese momento hasta el final del concierto las movedizas melodías de The Drums no pararon. Arremetieron directo con What you were, Best friend y Me and the Moon.

Letras cargadas de nostalgia y tristeza pero a la vez melodías de felicidad para bailar sin parar. Esa era la esencia de The Drums quienes jugaban con ese sabor que solo la mezcla de tristeza y felicidad logra. “It’s a lovely night with the moon in the sky eooo” gritaba el público que no paraba de saltar, sobre todo en las primeras filas, mientras en el fondo la mayoría miraba sorprendida o con cámara en mano.

If he likes it Let him do it nos llevaba al fondo en atmósferas oscuras, Pierce se meneaba de lado a lado mientras las cuerdas y el teclado se escurrían entre el cuerpo y la batería chocaba contra uno. Era un concierto intenso de aquellos que te atrapan, te generan sensaciones extrañas y solo atinas a moverte inconcientemente. De la oscuridad The Drums nos llevaba a la alegría, al salto, a la meneada desquiciada. Eran Book of Stories y Money, mientras en las primeras filas la gente saltaba se tiraba entre el público y vivía al máximo, por el centro la gente seguía un poco desconcertada (al parecer fueron para “ver qué tal” y se quedaron tiesos). Por eso, al no poder llegar hasta las primeras filas, preferí salirme e irme al fondo para poder bailar tranquilo sin que me digan “me estas empujando” o “no tapes a mi novia”. La felicidad era tal que prefería no discutir el hecho de que no estábamos en un ballet.

El concierto se prolongaría, no sería un repertorio fugaz como acostumbra hacer The Drums, teníamos para rato y el cuerpo resistía. “I need fun fun fuun, fun fun fuun, in my life ha haa, ha ha haai” cantábamos mientras nos contorneábamos contagiados con esos movimientos libres de Pierce. Él no paraba de moverse de lado a lado, como flotando en el escenario. Cerraba los ojos y se dejaba llevar.

Submarine y I need a doctor continuaban. Pero para ser sincero, fue a partir de Forever and ever amen que recién sentí que el concierto se convertía en una experiencia más que única. A partir de ahí no importaba nada más, empecé a sentir esa conexión que pocos artistas logran generar. Jonathan aprovechaba para decir que éramos uno de los “craziest crowd” que había visto. “This is one of the best shows we ever had”, decía agregando que volverían. Todo el Scencia seguía bailando inundándose de nostalgia y alegría con Days, Book Of Revelation y How It Ended. Esto parecía un final de concierto perfecto, pensaba que estaba por terminar, era una tanda de temas intensos, para cantar gritando hacia adentro mientras bailabas.

We dicided this show we play more songs… we don’t play this song like a year” decía regalándonos We tried. Más letras para cantar de corazón “oh yeah we tried, and we dieeed”. Eso de mezclar nostalgia con felicidad de manera tan abrupta parecía una fórmula sencilla pero que pocas bandas logran con tal fluidez y sinceridad, sin caer en ser melosos y desagradables. Con I Felt Stupid se recobraba la alegría, ya el éxtasis del público llegaba a un climax que explotaría con Let’s go surfing, tema con el que dejaron el escenario.

Eran las 11.40 y al poco rato la banda estaba de vuelta. It will all end in tears iba despidiendo el concierto. The Drums llevaba al límite a sus seguidores de oscuridad a luminosidad. The Future, última tema de su primer disco, y para terminar rendidos: Down by the water. Un final que me dejó perplejo, con cierta incomodidad, con ganas de que se repita todo de nuevo. Salí con cierta molestia que no logré explicar, a pesar de saber que había sido un gran concierto. Según la producción, ha sido el concierto en el que más canciones han tocado en toda su historia, We Tried fue elegida especialmente para los peruanos, y The Drums tocó todos los temas que había ensayado para la gira.

Hoy, varias horas después solo las melodías siguen sonando en mi cabeza. Ojalá no tengamos que esperar mucho para volverlos a ver, total, The Drums tiene para rato.

Escrito por Santiago Silva (@santiagosv90)

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Te dejamos con el set list y dos videos del concierto:


The Drums – Money (Lima, Perú 2012)

The Drums – Down By The Water (Lima, Perú 2012)