La década de los 80 está marcada en el inconsciente de esta ciudad. Años difíciles y sombríos, plagados de violencia e incertidumbre, marcados como cicatriz a millones de personas que vivieron las historias de su juventud. De ahí que, aunque a muchos no les guste, existan radios dedicadas a revivir el sonido de esta época. Por eso, a pesar de los años de espera, el concierto de The Cure en el Estadio Nacional fue símbolo de un encuentro con la nostalgia.

Todo esto, en el contexto actual del panorama conciertero de Lima, fue además el anhelo de vivir un estadio lleno luego de tantos fracasos en la asistencia. The Cure en Lima resulta ser uno de esos casos que ameritan abrir las puertas del Jose Díaz y colmarlo por una noche.

Se habló mucho sobre las bandas teloneras y se entiende que muchos exijan tener a los referentes más obvios de The Cure en el Perú. Sin embargo, los conocedores de Robert Smith sabrán de su profundo interés por la elección de la banda invitada (además de estar involucrado en todo lo que respecta a la gira). Si no están conformes, habría que reclamarle al mismísimo Robert.

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Llegué tarde y no pude ver a Kinder, pero sí pude hablar con uno de sus miembros que me comentó sobre la botella de champán que les regaló Smith y que incluso se atrevió a hacerles algunos comentarios y consejos. Los que sí llegué a ver fue a Resplandor, referente obligado del shoegazing en la región y una de las mejores bandas peruanas que he visto en vivo.

Por eso mi tremenda expectativa de lo que sería capaz de mostrarnos esta banda en un escenario de esta magnitud. Cabe mencionar la experiencia de Resplandor compartiendo con los máximos exponentes del género en los conciertos: en el 2008 le abrieron a The Jesus & Mary Chain acompañados de Robin Guthrie (Cocteau Twins) en la guitarra.

Sin embargo, nos sorprendió ver que la propuesta de Resplandor constó de tres instrumentos en escena, así como la ausencia de Antonio Zelada, el líder y fundador de la banda. Acabada la presentación llegó el momento de acomodarse para el acto principal. Por facilidades que nos ofrecieron a la prensa, pude llegar hasta la reja que divide el escenario y la primera zona. Ahí tuve la oportunidad de conversar con los fans de la primera fila.

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Así conocí a María, una madrileña que sigue a The Cure desde los 80 y que, acompañada de su amiga alemana Karina, han visto la gira sudamericana en todas sus fechas. Me comentó que si bien los conciertos de The Cure siempre han durado bastante, parece que Robert Smith está más contento que nunca con tocar en vivo y se manda con más de tres horas de show. También me comentó sobre lo mágico que fue el concierto de Chile, donde Robert interactuó de forma muy especial con el público.

En eso se apagan las luces y arranca la banda. Tuve el lujo de ver desde muy adelante la energía que trasmite The Cure, como si estuvieran en su sala de ensayo. A pesar de tocar en un estadio, sobre el escenario tuvimos un sobrio despliegue para demostrar que no es necesaria tanta alharaca para sonar potente. Fue también merito de los tremendos músicos que teníamos en frente.

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Un placer ver lo que un hombre y su instrumento son capaces de lograr en su afinación perfecta: una belleza la forma de tocar la guitarra de Reevees Gabrels, sin duda uno de los mejores guitarristas vivos; en la batería Jason Cooper demostró tener corazón de boxeador para tocar de esa manera durante todo el show; Roger O ‘Donnell ponía todo el espíritu dark wave desde sus teclados; y Simon Gallup demostraba toda la escuela post punk inglesa en el bajo.

Luego de las dos primeras canciones me fui atrás a sentir toda la potencia desde los alrededores de la consola. Desde ahí pude ser testigo del mejor juego de cámaras jamás visto en el país. No me refiero a los visuales, sino a la experiencia visual de luces, pantallas y filmación de lo que estaba sucediendo. No puedo esperar para ver lo que Tim Pope hará con los registros de esta noche.

Sobre el setlist, el Internet nos ha ofrecido herramientas para vivir a través de YouTube todo el concierto según la gira. Sin embargo, es siempre importante recalcar que jamás la experiencia desde tu pantalla de computadora se podrá comparar con sentir las ondas vibrando en tu cuerpo mientras la banda toca ante tus ojos. The Cure sorprendió con una lista de éxitos que recorren más de 35 años de carrera.

De ahí la dificultad de describir la experiencia plasmada por The Cure en los asistentes, quienes sobrios como siempre, vivían la sensación de escuchar por fin a sus ídolos. Lo que no cabe duda es que la llegada de The Cure en Lima fue necesaria. También imaginaba lo que hubiera sido verlos en los 80 tocando en el Amauta, en un local techado, con el sonido envolvente y mucho humo desde el escenario.

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El concierto arrancó con un bombazo de éxitos tras éxitos. Lovesong, In Between Days, Just Like Heaven fueron los temas que nos hacían pensar que no habría ni un segundo para respirar. Pero poco a poco fuimos siendo introducidos en un ambiente más lúgubre. Se podría decir que desde From the Edge of the Deep Green Sea la añoranza de la juventud perdida y el sufrimiento fueron poniendo a los asistentes más introspectivos. De este momento hubo temas que nos sucumbieron a los recuerdos más dolorosos como Pictures of You, Fascination Street o A Forest.

Pero no todo fue dolor pues también tuvimos la etapa para bailar con clásicos del new wave y la discoteca. Desde Bananafishbones, pasando por The Walk, Mint Car, Friday Im in Love y Doing the Unstuck que devolvían los ánimos esperanzadores que también caracterizan a The Cure. Todo esto influenciado por el tecnicolor de las luces sobre el estadio.

Luego llegó el momento en que muchos de los asistentes menos comprometidos con la banda se pastelearon. Con Trust volvimos a los ritmos lentos y melancólicos para los seguidores más románticos. Y aunque muchas personas se quejan de la frialdad del público peruano, en conciertos como este la respuesta de los asistentes se manifiesta de formas distintas, mucho más personales y pasivas.

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También hubo momentos claves con los que todos nos emocionamos. Uno de ellos fue cuando Robert Smith improvisó con una zampoña en Bananafishbones. También lo fue escuchar A Forest con el estadio entero aplaudiendo al ritmo. O las pocas palabras que nos dirigió el cantante. ¿Alguien entendió lo que murmuró antes de Friday Im In Love? O la emoción con la que dijo “I love you, lets go!” antes de mandarse con The Lovecats.

Resulta difícil tratar de describir en palabras las emociones que pudieron haber vivido los miles de asistentes que colmaron el Estadio Nacional. Cada persona es un universo en sí mismo y The Cure estuvo ahí para penetrar en lo más profundo del humano. Pues si bien este fue un concierto de estadio, creo que fue más que todo una experiencia individual el ver a The Cure en vivo.

Es que tampoco fue la típica relación cliché entre una estrella de rock y su público. No hubo “ole, ole, ole”, tampoco grandes discursos sobre porqué Lima es la mejor ciudad del mundo. Ni si quiera se nos dio tiempo como para tratar de hacer una arenga. Fueron tres horas y media de canción tras canción.

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Lo que sí queda claro, ahora que a Lima llegan los más grandes espectáculos mundiales, es que The Cure en vivo es uno de los mejores conciertos que pueda existir en el planeta. No cabe duda que esta banda ya trascendió a la historia del rock y que además en el 2013 continua su legado como una de las giras más importantes de la música actual.

Fue en el tercer encore que el estadio revivió en aplausos y emoción. La mayor parte del tiempo la gente se mantuvo en silencio pero cuando llegó el turno de The Love Cats, The Caterpillar y Close to Me el estadio despertó ante tremendos clásicos. Ni qué decir cuando llegó Boys Dont Cry, un tema pop perfecto. La combinación única de melodía y letra que en menos de tres minutos es capaz de expresar tanto y resumir grandes historias de desamor en la vida de millones de personas. Una de las pocas canciones pop que quedará en la historia.

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Fueron tres décadas esperándolos y valió la pena. Jamás se olvidará ver la silueta de Robert Smith sobre el escenario, la misma sombra del videoclip de Boys Dont Cry pero ahora de un hombre de más de 50 años que lleva sobre sus hombros historias y experiencias de todas estas décadas en la música. “See you again, Thank you” dijo antes de retirarse dejándonos con la ilusión de un encuentro más con The Cure.

Finalmente, saludamos a Aquí Tu Bici, una importante alternativa para movilizarse en la ciudad. Nada se compara con regresas a tu casa a la medianoche montando bicicleta por las calles vacías mientras tarareas The Lovecats luego de ver a The Cure en tu ciudad. Atrévanse a vivir la experiencia de ir a un concierto en bici y no se arrepentirán, ¿o es que acaso les gusta manejar horas en el tráfico para llegar al estadio, regresar apretados en un micro o pagar 40 soles por un taxi?

Set List:

1. Open
2. High
3. The End of the World
4. Lovesong
5. Push
6. In Between Days
7. Just Like Heaven
8. From the Edge of the Deep Green Sea
9. Pictures of You
10. Lullaby
11. Fascination Street
12. Sleep When I’m Dead
13. Play for Today
14. A Forest
15. Bananafishbones
16. The Walk
17. Mint Car
18. Friday I’m in Love
19. Doing the Unstuck
20. Trust
21. Want
22. The Hungry Ghost
23. Wrong Number
24. One Hundred Years
25. End

Encore:
26. The Kiss
27. If Only Tonight We Could Sleep
28. Fight

Encore 2:
29. Plainsong
30. Prayers for Rain
31. Disintegration

Encore 3:
32. Dressing Up
33. The Lovecats
34. The Caterpillar
35. Close to Me
36. Hot Hot Hot!!!
37. Let’s Go to Bed
38. Why Can’t I Be You?
39. Boys Don’t Cry
40. 10:15 Saturday Night
41. Killing an Arab

Puedes ver más fotos del concierto haciendo clic aquí.

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