Se inició el show puntual a las 9:40 pm, tal y como lo había estipulado la productora horas antes del evento. Al asturiano, sin gafas y con un look más casual, le bastó saludar al público que reconoció de inmediato esa voz tan familiar de ese cancionero imbatible que inició en el 2001 con “Actos Inexplicables”, para crear un microclima de emociones. Y ni que decir cuando terminó de saludar y comenzó versando: “Es hora de recapitular…”, inicio de “El Hombre que casi conoció a Michi Panero”, canción que en la cabeza de muchos suponía el cierre perfecto de esta velada pero que ni el fan más acérrimo de setlist.fm hubiera adivinado que con esa iba a arrancar.

Luego de culminada esa oda al fracaso y la mala suerte con una calidad de sonido que no es muy frecuente en conciertos realizados en nuestra ciudad, resultaba evidente reconocer el acierto de Nardos Producciones de haber elegido el Teatro Pirandello como sala para un evento de esta magnitud.

El viaje con Nacho Vegas se había iniciado: esta vez en clave electroacústica y con esa arma infalible y poderosa de su lado que es su narrativa. Historias que el público conoce de memoria y que acompañaron estupendamente su canto. Con Vegas está claro que hay oficio en su forma de narrar las cosas pero también carne. Y como no darle vueltas a esa idea cuando escuchas un inicio tan estremecedor como es el de “La vida manca” (“Amanecí con la única certeza de que hoy iba a morir…”).

No faltaron los pedidos de canciones cada vez que el buen Nacho culminaba una, y es que había en el ambiente un “cuánto te hemos esperado” muy cargado que hacía de esta primera presentación en Lima algo único y especial. Las canciones fluyeron directas, lúdicas y lúcidas. También impecables porque trasladaron al directo ese estado de ánimo tan peculiar que se consigue con la música del crooner español. Así, una a una fueron desfilando joyas como “Días extraños”, “Marquesita”, esa “Ciudad vampira” que habla de Gijón, su ciudad natal, pero que perfectamente se puede aplicar a una ciudad como Lima, “Lo que comen las brujas” , “Reloj sin manecillas” y “La gran broma final” de su álbum del 2011, “La Zona Sucia” y también dos del EP que vino a presentar (“Canciones Populistas”): “Ámenme, soy un liberal” y “Vinu, Cantares y Amor”.

Dos guiños al Perú: primero, la confesión de haber tomado de un poemario de Antonio Cisneros el título de “Las Inmensas Preguntas”, canción contenida en uno de sus tantos EP’s (“El Género Bobo” del 2009) que se ganó los aplausos del respetable y otra, la presencia del cajón peruano a cargo de su incondicional percusionista Manu Molina.

Para el encore, sorprendió con una canción popular de Asturias (“El Jardín de la Pola”) y luego, uno de los picos de la noche: la hermosa “Luz de Agosto en Gijón”, pieza de calado más hondo de su álbum “Resituación” del 2014, interpretada en versión acústica. Volvió a irse.

Luego de una espontánea y larga ovación, volvió a salir para interpretar su versión de “Fare Thee Well, Miss Carousel” de uno de sus más queridos héroes, Townes Van Zandt, que el teatro entero coreó a media voz con el corazón en un puño y que irradió la emoción suficiente para encarar lo que quedaba de noche en estado de felicidad.

Crónica por Álvaro Torres. Fotos por Mireya M. Denegri

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