Se me hace un poco difícil hablar de Pond sin trazar ciertas comparaciones con su banda siamesa, Tame Impala, con quienes comparten algunos integrantes, y sabiendo que el mismo Kevin Parker es ex-integrante y continúa colaborando con ellos como productor. Además, no había tenido realmente la oportunidad de escuchar a esta banda antes de ver su show en vivo, y es por eso que creo que mis palabras tienen cierta validez ingenua. El de ayer fue un gran concierto.

En papel, Pond consta de cuatro integrantes pero ayer tocaron con una formación de cinco. El principal vocalista de la banda es Nick Albrook, un hobbit despeinado cuya actitud en escenario recuerda bastante a Marc Bolan, y quien padecía una especie de fiebre acorde con el mareo psicodélico que la banda pretende transmitir.

Digo ‘pretende’ porque lo de ayer, más que el recubrimiento psicodélico que une a los discos de Pond con los de Tame Impala, fue un ejercicio de kinesis pura. En pocas palabras: rock. Jamie Terry, en los sintes, sacudía los brazos y hacía mosh en el escenario durante las guitarras aplastantes en “Giant Tortoise”, como si esto fuera un concierto de dubstep y estuviera por caernos todo el bajo. El corte con el que abrieron el set, “Elvis’ Flaming Star”, comienza con un riff que podría pertenecer a T-Rex como a cualquier banda de garaje de los 2000, energía pura, aquí no vamos a hacer esperar a nadie. No hace falta decir que ni bien empezaron todo el mundo frente al escenario comenzó a saltar, algunos a hacer stage-dive.

Otros temas que ensalzaron la noche incluyen “Waiting Around For Grace”, un gancho psicodélico revestido de glam que no hace más que perpetuarse y perpetuarse; “Sitting up on our Crane” con sus sintetizadores y voces ensimismantes, fractales o caleidoscópicas; “Man It Feels Like Space Again”, que da título al más reciente álbum de la banda, con sus revoluciones lentas, una canción que se va desorientando de a pocos y sin preocuparse por ello.

Todo esto en papel puede sonar como una experiencia psicodélica de orden superior, algo similar a lo que fue el concierto de Tame Impala en Lima. Pero la diferencia crucial entre ambas bandas radica en que en Pond, la sensibilidad pop es solo un producto colateral de sus influencias. La mezcla precisa de glam rock, psicodelia y rock garajero puro los hacen una experiencia ultra eficiente en vivo, más directa, más visceral que Tame Impala.

Habiendo escuchado poco o nada a la banda antes de asistir al concierto, puedo atestiguar que las canciones son lo suficientemente recias y atractivas para cautivar a la primera, y de hecho, que el show de Pond ayer es de lo mejor que he visto en vivo recientemente. Hay que decirlo: Bizarro no es un local muy grande, pero estaba satisfactoriamente repleto, y que no sorprenda que de aquí a unas semanas, más y más gente empiece a preguntarse por qué rayos no asistió al concierto de Pond en Lima.

Crónica por Nicolás Del Castillo. Fotos por Fabio D. Miranda.

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