Ni bien llegué al Anfiteatro del Parque de la Exposición, me llamó la atención la escenografía. Esos rascacielos de colores, réplica de la tapa de su último disco Everything At Once, me hizo recordar que Travis venía a presentar su álbum lanzado este año y no a hacer una gira de grandes éxitos. Felizmente. Eso es saludable para el público que asiste a conciertos y elogiable para la promotora que los ha traído en esta oportunidad, Move Concerts.

El entusiasmo de la organización se hace sentir con una bandera que se le entregó a cada uno de los asistentes, globos que ya se van lanzando instantes previos a que se inicie el show y corazones de papel que se van pasando de mano en mano. Una agradable sorpresa fue descubrir que un alto porcentaje del público lo conforman chicos de veintes o hasta algunos acompañados por sus padres. Para un treintañero como yo, la experiencia fue diferente.

Cuando anunciaron su venida, debo confesar que pasó por mi cabeza que era casi imposible repetir o superar un show como el que habían dado el 2008 cuando abrieron a R.E.M. donde la valla había quedado muy alta. Al final, llegar con no mucha expectativa fue lo mejor para disfrutar un concierto que fue creciendo en intensidad como el ofrecido ayer.

Cuando inició “Sing”, con la que abrieron, fue imposible no viajar en el tiempo a ese 2001 del The Invisible Band con el que estallaron aquí y en todo el mundo. El público se recuperaba de tremendo hit cuando llegó otro (“Selfish Jean”) para seguir celebrando. Continuaron seguidas “Writing To Reach You”, “As You Are” y “Driftwood” de su mejor álbum a la fecha para quien escribe: The Man Who. Para este momento del show, conmueve ver el ambiente familiar en el que interactúa la banda entre ellos en el escenario sino también con su público.

La fraternidad del grupo se condensó en uno de los momentos más vibrantes del show cuando el guitarrista Andy Dunlop y alguien de su staff hacían un duelo con cerveza en mano mientras el primero aporreaba su guitarra al final de “All I Want To Do Is Rock”. Fran Healy (notable frontman que destila puro carisma) en plan confesional contó que “Re-Offender” la compuso pensando en su mamá quien sufrió abuso familiar mientras él era un niño. Luego de eso, escuchar “You say you love me and then you do it again, you do it again” sonó más estremecedor que nunca.

Healy se confesaba otra vez ante el público y contaba sus impresiones sobre estos 20 años de carrera de la banda recordando una pregunta en la rueda de prensa sobre qué hacía a Travis una banda diferente de otras. Pregunta recurrente que aprovechó para bromear sobre el éxito que alguna vez les sonrió y una presencia más discreta en los medios estos últimos años (“Si nos comparamos con U2, nosotros somos una banda semi-profesional”). No sólo se celebraba a esta banda de amigos que se conocieron hace 26 años para hacer música, sino que también estaba presente el paso del tiempo, las cosas que vas dejando atrás y las nuevas que tienes que asumir bañando el discurso del show de un aura de tristeza y melancolía.

El cantante se preguntó en un momento del show que nunca había visto a su banda tocar, por lo que deseaba ser espectador esta vez y decidió ir subiendo entre la parte central de la primera zona del Anfiteatro y desde ahí interpretar “Where You Stand” mientras todos corrían para el selfie de rigor. Te quedó lindo, Fran.

Cerraron con “Turn” y ni bien dejaron el escenario, la gente coreó a viva voz el clásico “Olé, Olé” pidiendo que vuelvan. Regresó Healy quién agradeció al público por el apoyo todos estos años y luego llamó a los demás miembros de la banda para interpretar a capella, como lo hicieron en el 2008, “Flowers in the Window”. El momento del baile llegó con “Magnificent Time” en el que subieron varios fans a hacer la coreografía del videoclip. Momento muy divertido y feliz.

Se terminaba el show y me preguntaba: ¿Cuántas veces habré escuchado “Why Does It Always Rain on Me”? Millones. No sé si alguna vez me cansó escucharla pero esta vez, necesitaba oírla urgentemente. Pensé que cerraría maravillosamente toda la experiencia. No porque fuera su hit y una de sus más hermosas canciones sino porque redondea perfectamente la esencia de lo que es esta banda: sentirte miserable teniendo éxito. Y si antes no lo había pensado, ahora sí: por favor que vuelvan.

Crónica por Álvaro Torres. Fotos por Mireya M. Denegri.