Motorama debutó en Perú en el 2014. Fue en un verano como este, en una calurosa noche de febrero, cuando se subieron por primera vez al escenario de la entonces llamada discoteca Mangos pare ser recibidos por un local repleto de fanáticos. Fue en aquel concierto que se estrechó un fuerte lazo entre la banda rusa y su público peruano que los llevaría a tener varios conciertos más en distintas partes del país.

Ese 2014 también tocaron en Miraflores y en La Oroya. Al año siguiente volvieron para tocar en Lince, Santa Anita y Arequipa como motivo de la presentación de Poverty (2015), su tercer álbum de estudio. Aquella ocasión los tuvimos con una alineación sin Airin, la bajista, pues estaba por dar a luz al niño que tiene con Vladislav, el líder de la banda.

Este 2016 la banda volvió al escenario donde debutó, pero esta vez sin Airin. La ahora llamada discoteca Cocos recibió nuevamente a Motorama para dar su concierto número ocho en el Perú. Esta vez el escenario se puso casi a la altura del suelo para tenerlos más cerca. Tras la presentación de los jóvenes Banan Child y el ex Zopilotes Carlos Compson, Motorama apareció a la medianoche para setearse.

Oleg Chernov se acomoda en su batería mitad electrónica y mitad acústica, y Alexander Norets prueba sus dos teclados: un MicroKorg y un controlador MIDI. Luego Vladislav sube al escenario y los aplausos aumentan. Comienza a ordenar sus pedales de efectos, enchufa varios cables y se encarga de que el bajo y la guitarra que compartirá con Maxim Polivanov estén funcionando mientras en el fondo suena Bolero de Ravel.

Luego de casi 20 minutos, la banda está lista para tocar. “Hello” dice Vlad y comienza la música. Los cuatro están vestidos de negro y usan zapatillas blancas. La guitarra y el bajo también son negros. La música también es oscura. En “Dispersed Energy”, la tercera de la noche, hablan de corazones podridos y el olor del cabello quemado.

Es con “To the South” que el público sube las revoluciones y comienzan los primeros pogos a pesar de que tres agentes de la seguridad se dedicasen toda la noche a tratar inútilmente de calmar a la gente. Sus intentos fueron en vano y no pudieron contener al público cuando llegó el turno de “Alps”, “One Moment” o “Ghost”, los temas más aclamados de la noche.

La presentación de Motorama duró exactamente una hora. Fue intensa y corta. Tanto así que no hubo encore. Lo suyo fue un show sin adulaciones falsas ni palabrerías. Fue su música y nada más que su música lo que nos dieron en esta oportunidad. Lo que está claro es que ahora toca esperar su regreso triunfal cuando Airin se pueda a incorporar a la banda en vivo y la volvamos a tener sobre un escenario local.