Lugar común: se dice que a la tercera va la vencida. Pues sí, es la tercera vez que The Ocean Blue se presentan en Lima y primera a la que voy. Entré a la hora precisa, pues aunque tuve que soportar las últimas canciones de Toño Jáureguí, habilitaron en ese momento el segundo piso, ya que el primero estaba lleno. Así pude disfrutar del espectáculo desde la comodidad del balcón; lástima que no abrieron la barra respectiva.

Estando ya instalado en la terracita mencionada, alguien me hace notar que a mi derecha pero en el tercer nivel y medio ocultos en la penumbra, unos gringos desgarbados bailoteaban con la buena música ochentera que sonaba mientras esperábamos que la banda por la que estábamos en la discoteca Coco´s de Lince saliera al escenario: The Ocean Blue, se relajaban con un dance antes de su actuación.

Hablar de la banda a estas alturas es un poco trillado, pero en todo caso ahí van unos datos. Funcionan desde la segunda mitad de la década del 80 con los mismos integrantes, tienen cinco discos grabados y uno en camino (de hecho tocaron varios de sus temas nuevos). Bebieron del mejor pop inglés de esos tiempos y crearon con esa base tremendos hits finalizando los 80 y empezando los 90, considerando que no son británicos sino estadounidenses, y no oriundos de las grandes ciudades, sino de una zona tranquila de Pennsylvania; aparte de ser un referente entre toda la andanada indie que se desarrolló avanzados los 90.

Poco después de las 11 pm se inicia el concierto. Una instrumentación básica: batería, bajo, un cantante que alterna la guitarra eléctrica con una acústica de 12 cuerdas; otro guitarrista que también tiene un gran teclado a su disposición, y que aporta además de los reconocibles riffs y punteos de la banda estupendos coros, siendo voz principal en algunos temas.

Todo transcurre relajadamente, sus armonías tranquilas atrapan a la madura concurrencia, pero sus clásicos “Mercury”, “Sublime”, “Ballerina out of control”, “Between something and nothing” sí nos hacen bailar y gritar las letras eufóricos (mención aparte para el solo de guitarra frenético del Between… digno de un Will Sargeant). Para “Drifting and falling” y otra canción llaman a un invitado al saxo, un músico nacional que se luce en su labor.

Cabe destacar el apoyo visual de la presentación, basándose en imágenes de los años 60 y 70. Algún extracto de un film de Bergman, cortos de alguna modelo de esas épocas, alguna foto de Michael Caine, una hermosa secuencia de hinchadas y entrenamientos de clubes de fútbol Inglés antiguos filmada en un esplendoroso Eastmancolor. Hasta un poema de Neruda se plasmó en la pantalla.

Ya pasada la hora y media de espectáculo se despiden con el obvio pedido de los asistentes para que vuelvan, lo cual hacen anunciando covers. Se esperaba, con lo anglófilos que son, que la procedencia de las versiones fuera esa, y así fue, pero admito que me sorprendí cuando sonaron los acordes de “West end girls” de Pet Shop Boys en impecable lectura con el añadido del video original de la canción en pantalla gigante. Continuaron con una más previsible pero igual intachable interpretación del entrañable “There´s a light that never goes out” que la audiencia celebró estruendosamente.

Casi 2 horas de show, la última tocada con cajón, y se despiden. Estuvo bonito, ¿que esperaban? No es música para empezar una revuelta ¿no?

Crónica por Carlos Carranza. Fotos por Fabio D. Miranda.

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