Kevin Johansen regresa al Perú celebrando sus 15 años junto a The Nada. Además llegará para presentarnos Mis Americas, Vol. ½ (2016), su nuevo álbum que incluye las colaboraciones de Palito Ortega, Pity Álvarez, Miss Bolivia, sus hijas Miranda y Kim Johansen, Kanaku y El Tigre y varios más. El cantante estadounidense nacionalizado argentino nos dará un recorrido por el continente desde Alaska hasta Buenos Aires.

Todos sobre el concierto en la Agenda CP

Le hicimos una llamada a Kevin Johansen, quien se encontraba de gira en la provincia de Neuquen, que fue el primer lugar del interior de la Argentina donde fue a tocar con su primera banda Instrucción Cívica en 1986. Coincide también que al año siguiente, el primer lugar fuera de Argentina al que llegó fue el Perú cuando se presentó en Lima y Arequipa. Por eso dice tenerle un cariño especial a ambos lugares donde está tocando en estos días y donde comenzó a ampliar su público.

Tres décadas desde su debut en el Perú con éxitos como “De cama en cama”, Kevin Johansen se subirá al escenario del Gran Teatro Nacional para reencontrarse con su público peruano en un show de lujo. Acá la entrevista que tuvimos:

Kevin Johansen

Miss Américas reúne influencias desde el norte hasta el sur de América. ¿Cómo te aventuraste a juntar tantas influencias en un solo disco?

De algún modo Mis Américas también significa que son las Américas mías, las que uno conoce. Es un disco que celebra las diferencias entre nuestros países. Creo que en esas diferencias hay muchas cosas que nos unen. También habla de los discos que uno tenía en su casa. En mi caso, de Alaska a la Argentina tenía discos de tango, folklore, mi madre escuchaba muchos ritmos latinos de Perú, Cuba y Brasil…

¿Qué otras referencias has tenido de artista que hayan abarcado tantas influencias como tú lo has logrado en este disco?

Hay muchos, como Caetano Veloso. Hay artistas que han sido muy diversos en su forma y muy americanos, porque en definitiva tiene que ver con la americanidad. Creo que hay muchos artistas que contienen a las américas dentro suyo, si bien pueden tener una impronta desde su región, como Atahualpa Yupanqui o un rockero como Luca Prodan de Sumo.

Parece que vivimos un momento de obsesión con el pasado, lo que Simon Reynolds describe en su libro “Retromania” o lo que el productor Tweety Gonzalez llamó “retro-sound”. ¿Sientes que tú estás dentro de este sonido anclado en el pasado?

Sí, de algún modo está muy presente. Hay un bolero llamado “Jardín del desdén” que tiene algo muy retro o sonidos folk que pueden ser muy de los setenta. A los artistas de nuestra generación nos gusta ser permeables. Eso no significa que simplemente estemos influenciados y nada más. Tiene una carga de ponerle tu propia identidad a ese “retro-sound”. Reconocer la historia musical me parece positivo pero siempre dándole una vuelta de tuerca de identidad propia.

El comentario es bastante pesimista, como si en esta década todo fuera reciclado o ya no hubiera nada nuevo. ¿Qué cosas nuevas has escuchado en la música actual?

Inclusive lo más criticado de lo nuevo, como puede ser el reggaetón o el sonido urbano que a mí no me parece tan terrible porque siempre ha existido música comercial. En sus épocas la música disco era considerada parecido a lo que hoy es considerado el reggaetón. La libertad del artista es fundamental. Hay muchos artistas que están pendientes de la crítica o de no moverse del lugar que ya lograron. Hay muchas presiones de productores que te dicen “mantente en los boleros que lo tuyo son los boleros”. Por ahí el pobre artista quiere componer algo distinto y no lo dejan.

Kevin Johansen

Yo siempre digo, los oídos son un orificio que no se pueden cerrar. Tengo cuatro hijos que van desde dos años y medio hasta veinte años. El de nueve por ahí me canta el reggaetón de moda, la de trece me muestra algo de Taylor Swift o Ariana Grande y la de veinte ya es más exquisita y me muestra algo de Serge Gainsbourg o Radiohead o Gorillaz. Yo en casa soy de escuchar salsa tradicional o cumbia colombiana o algo afroperuano o músicas de Latinoamérica de un casete que tenía mi madre que se llama “Black musics of South America” o Caetano Veloso o Frank Sinatra o Piazzolla. Hay tantas cosas logradas que cómo uno no va a volver para atrás. Soy muy clásico en ese sentido.

¿Cómo surgió la relación con Kanaku y el Tigre?

A través de Matías Cella, quién fue productor y amigo de hace muchos años. Él me había recomendado conocer a Jorge Drexler hace muchos años y él me dijo que estaba grabando con los Kanaku y me propuso atacar el tema “Life is killing me” con ellos. Es una balada un poco lisérgica a lo David Bowie o John Lennon. Él estaba en Perú y como ya tenía onda con los Kanaku, se propusieron grabarlo y quedó una balada tremenda.

Cuéntame sobre tu participación en el homenaje a Chabuca Granda.

Eso fue responsabilidad de Mabela Martinez, que siempre tiene un criterio muy artístico y logrado. Ella tenía ese tema para mí y yo no lo conocía, para ser sincero. Me pareció maravilloso porque tenía esa sencillez que tiene Chabuca para decir todo en dos frases, hablar de una situación social y a la vez de una belleza estética de un muchacho en el campo con su mula. Me pareció muy profundo e interesante.

José Antonio Llórens dijo que la música de Chabuca Granda era un “criollismo aristocratizante” por sus referencias al pasado colonial.

Suena un poco despectivo. Se sabe que ella venía de buena familia y metió las patas en el barro. Por suerte la música no hace discriminación de dónde viene uno, sea del barro o del palacio. El tema es que la persona meta las patas en el barro y conecte con la gente. En mi caso es diferente. Provengo de familia pobre de los dos lados, del gringo y del argentino. Mis abuelos vendían medias en la época en que se podía hacer una pequeña fortuna para comprarse su casita. Mi viejo, el Johansen de Denver, Colorado, no tenía ni un peso, era muy loser. Yo no tuve el beneficio de conocer mucho lujo. Con muchos tropezones trabajé de lo que hiciera falta, tanto en Buenos Aires como en Nueva York.

¿Qué reflexión te da cumplir 15 años con The Nada?

Es como una familia. No se elige, ya es lo que te toca. Pero es un grupo muy armonioso donde hay mucho respeto y también mucha falta de respeto. “Con respeto no se logran cosas bellas” decía el escritor Samuel Beckett. Nos conocemos las mañas. Yo digo cariñosamente que The Nada es la aplanadora del folk porque manejamos un sonido muy acústico de folklor de norte a sur.

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