Hay artistas que han sabido pasearse por igual entre la experimentación más radical y el pop. Entre lo abstracto y la canción. Es el caso de una banda como los ecuatorianos Sexores y de un disco como East / West (2018), que acaban de publicar, y que se muestra ambicioso en su perfeccionismo de pop electrónico de guitarras y a la vez radical en su exploración en el drone y el ambient. Como el título indica, es un álbum que mira hacia dos horizontes, y lo hace con la convicción de que uno no es posible sin el otro.

Al escuchar East / West, es imposible no recordar algunos discos de similares planteamientos. Desde The Beatles con el “White Album”, donde escuchamos “Revolution N°9”, quizá la pieza experimental más escuchada de la historia. Pero en particular el Low de David Bowie, álbum donde el sintetizador es central y que constituye el ejemplo perfecto de un álbum que integra ambos lenguajes: con un lado A de canciones y un lado B de experimentación electrónica. Low marca el inicio de la influyente trilogía berlinesa, que supo alimentarse de las innovaciones del rock alemán de los 70s y darlo a conocer al mundo. En su siguiente álbum Bowie dedicó un tema a Florian Schneider, cofundador de Kraftkwerk, grupo responsable de la aleación de pop y tecnología, epítome de todas las exploraciones que venían dándose bajo esa dirección. Con Kraftwerk el pop fue de avanzada, arte y técnica, máquina y ser humano, fueron uno. Con ellos no sólo nació el synth pop, si no también toda una nueva cultura musical.

En East / West queda claro que los referentes vienen por allí. Pero Sexores hacen mucho más que sólo demostrar su melomanía. El álbum está dividido en dos partes. “West” está compuesto de nueve canciones, donde el pop de sintetizadores se encuentra con el dream pop, para hacer emerger una evocadora atmósfera que cruza dos épocas. No es que este sonido no se haya explorado antes, muchos artistas del llamado shoegaze y dream pop han evolucionado hacia el pop electrónico (pensar en la paradigmática “Soon” de My Bloody Valentine). Pero incluso ahí Sexores busca desmarcarse, porque la referencia se vuelve lejana, hasta desaparecer en la solvencia de recursos que ofrecen en cada canción, trabajadas a nivel de composición como de producción de manera asombrosa.

“Bluish Lovers” y “Rigel”, mis canciones favoritas del disco, son un ABC de cómo escribir una canción pop. La voz de Emilia Bahamonde suena susurrante y aterciopelada, y se desliza por inspiradas capas de sintetizadores y baterías electrónicas. Como si de pronto el sonido de grupos como Cocteau Twins y Berlín se hubieran vuelto uno solo. Mérito también para Daniel Pasquel en el impecable trabajo en la producción.

East” por su parte es un disco decididamente experimental. Abre con la siniestra “The Great Blue Hole”, una pieza de drone ambient de guitarras, conectada con la sensibilidad de grupos como Loveliescrushing, de particular y oscura belleza: el denso zumbido guitarrero hace vibrar todo lo que está alrededor. De ahí en adelante el viaje parece sin retorno debido a la densidad emocional de estas piezas en su mayoría trabajadas con sintetizadores.

Luna” por ejemplo se orienta más al minimal dark ambient, que trae a la mente el trabajo de artistas como Lull. Mientras que “6th Floor”, está armado a partir de tres bucles de sonido de sintetizador y evoca la música electrónica de fines de los 60s y 70s. “Tibidabo” por su parte es literalmente una caricia de vocoder que desaparece en el oído. Y es que cada pieza plantea un lenguaje diferente, lo que en conjunto las hace ver como estudios para el sintetizador y guitarras. Estudios que a su vez se convierten en la fuente para todo lo que vamos a escuchar en “West”, el disco de canciones.

East / West es a su manera didáctico, o mejor dicho, es un disco total, pues presenta una saga completa, es la historia de cómo nace un sonido y cómo alcanza su esplendor. East / West es sin duda una obra maestra de un género, uno que Sexores descubre en los 16 surcos que toma este viaje.

Reseña por Luis Alvarado

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