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La música popular se está volviendo más melancólica y triste según análisis para The Economist
“Die With a Smile” de Lady Gaga y Bruno Mars no solo fue una de las canciones más escuchadas de 2025, la balada lideró rankings en más de 30 países y rompió récords de permanencia en el número uno diario de Spotify. La fórmula parece evidente —dos superestrellas, una producción impecable—, pero The Economist apunta a un factor más profundo: el estado de ánimo colectivo se convirtió en un síntoma.
Lejos de desaparecer, las emociones positivas siguen presentes en el pop. Sin embargo, los datos muestran que el centro emocional del género se ha desplazado. En las últimas dos décadas, la presencia de letras asociadas a la angustia existencial ha crecido de forma sostenida, al punto de igualar —e incluso cruzarse— con el clásico desamor. A esto se suma un aumento marcado del “despair” desde 2020: hoy, aproximadamente una de cada cuatro canciones del Top 100 contiene referencias directas o indirectas a la miseria emocional.
No es una moda reciente. Un estudio publicado en Scientific Reports, citado por The Economist, analizó las listas de Billboard desde 1973 y encontró un patrón consistente: las letras se han vuelto progresivamente más estresadas y menos optimistas. Curiosamente, este cambio no se explica por grandes tragedias globales —como el 11-S o la pandemia— ni por ciclos económicos. La música no se volvió más oscura como reacción inmediata al mundo: lo hizo de manera gradual.

El punto más incómodo del análisis no apunta a los artistas, sino al público. Las listas ya no miden solo ventas, sino reproducciones constantes. En otras palabras, no necesariamente triunfa lo más alegre, sino lo que más se repite. Y si hoy el pop suena más melancólico, quizá no sea porque los músicos estén más tristes, sino porque los oyentes buscan canciones que acompañen su propio estado emocional.
En ese sentido, el éxito de artistas como Billie Eilish, Sam Smith o la propia Gaga no refleja una crisis creativa del pop, sino una afinidad emocional con una audiencia que prefiere canciones que no prometan felicidad, sino comprensión. El pop sigue siendo popular, pero ya no quiere animarte: quiere decirte que no estás solo.
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