Por Álvaro Torres.

Estos días inacabables de pandemia, con todas las restricciones que esta implica, nos han tenido alejados de todo evento con convocatoria de público. La idea de los conciertos por streaming ya están circulando a nivel nacional e internacional hace meses, como válvula de escape a tanto encierro y noticias apocalípticas. En ese sentido, está crónica se construye como un ejercicio de lo visto y escuchado a través de una laptop, de una imagen en movimiento que puedes detener y volver a ver cuantas veces quieras, en la comodidad de tu cuarto y sin hacer colas en los baños portátiles o para comprar cerveza mientras te pierdes tu canción favorita como sucede en un concierto, propiamente dicho. Esa adrenalina de toda presentación en vivo no existe en este tipo de eventos pero se intentará en estas líneas narrar algunas incidencias de esta sesión en directo del flamante álbum de Gorillaz, Song Machine Season One.

Siempre es una atracción para cualquier nuevo lanzamiento de la banda liderada por Damon Albarn, la lista de músicos invitados. Así, en discos anteriores se ha contado con leyendas como Lou Reed, Mark E. Smith, Mick Jones, Bobby Womack, Mavis Staples, Grace Jones y nombres actuales como Kali Uchis, Benjamin Clementine, Jehnny Beth, Kelela, entre otros. Para esta nueva entrega se cuenta con Robert Smith, Elton John y Peter Hook en el grupo de los primeros además de Beck, St. Vincent y Fatoumata Diawara.

Decía anteriormente que este no era un concierto pero tampoco se trataba de uno “virtual” porque no existe una presencia de público física ni a través de pantallas. La producción está concentrada en la ejecución de los músicos y lo que suceda en las pantallas de fondo. Otro punto que te aleja del concepto de concierto es que éste no se desarrolla en un teatro, sala de conciertos o estadio. Al parecer es un estudio de televisión convertido en el Kong Studios, sitio clave de la iconografía audiovisual de Gorillaz. Esa no-presencia de interacción con público es algo que se agradece en realidad. Siendo Albarn el tipo de artistas que no tiene mucho contacto con los asistentes, prefiere tomarse todo como un show de televisión en el que no arriesga con ese casi patetismo que es, por ejemplo, cantarle a una pantalla-persona dedicándole una canción.

Toda la decadencia del ambiente en dibujos animados con el que nació el grupo originalmente, esa suerte de post-guerra, va acorde con este fin de los tiempos que vivimos en estos días. Los personajes de Gorillaz aparecen con mascarillas y ese submundo trazado a lápiz ya no nos parece tan lejano. Ahora el “stay positive” se torna en “stay negative” como proclama de resistencia, que aparece al lado del piano de Damon en el escenario.

El show tuvo muchos highlights. En primer lugar, la aparición de Robert Smith tocando la mejor canción del álbum: “Strange Timez”, compuesta por Albarn y Smith y que suena como una canción perdida del Kiss Me Kiss Me Kiss Me. Todo un homenaje de Damon a una de las formaciones más icónicas de los 80, sin duda. Smith es esa clase de artistas que canción que toque, suya o no, la convierte automáticamente en una de The Cure, solo por la presencia de su voz que sigue sonando fantástica. “Uno de los más exquisitos instrumentos” decía el líder de Nine Inch Nails sobre la voz de Robert Smith cuando tocó presentarlos en la inducción del Rock & Roll Hall of Fame el año pasado. No pudiste decirlo mejor, Trent.

Beck no llegó al show realizado en Londres. Eso no es problema en estos tiempos. Como un holograma, cantó y bailó “The Valley of the Pagans”, otro corte del nuevo álbum. Otra de las más esperadas de la noche, “The Pink Phantom”, por la presencia de Elton John que apareció dibujado con el trazo de los personajes icónicos de la banda, resultó redonda. 

En onda divertida, el bajista de Joy Division, Peter Hook, se hizo presente con “Aries”. Buena química con todos los músicos en escena. La pasó bien el mancuniano, que terminó agradeciéndole a Albarn con una venía.     

La segunda parte del show, a la manera de un jam session en otro escenario, sirvió para revisitar canciones de otros álbumes del grupo como “Demon Days”, “Don’t Get Lost in Heaven” o “Dracula” que no era tocada desde el 2002. Cerró el hit “Clint Eastwood” en otra velocidad pero siempre efectiva. Tanto la performance de la banda como toda la producción desplegada merece verse realmente en vivo y ojala en algún momento tenga alguna parada en Lima.

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