Crónica: Slash en Lima 2019

Literalmente, el suelo se remecía. Con energía sísmica, Slash, Myles Kennedy y The Conspirators tomaron anoche la explanada del Parque de la Exposición. La rockeraza «The call of the wild» abrió su concierto.

De inmediato, todos los ojos se pusieron encima del ex Guns N’ Roses. El primer detalle que llamó mi atención fue el tamaño de su Gibson roja. Parecía un juguete. Ataviado de gafas oscuras y de su icónico sombrero con hebilla, ¡se le veía como a un niño con un set de Guitar Hero! Sólo que, detrás, el guitarrista más popular de los años noventa era respaldado por seis amplificadores Marshall, con la silueta de una mujer en cuclillas estampada en cada uno de ellos. Otra silueta de mujer es la que el rockero fan de Pepe Le Pew lleva tatuada en su antebrazo derecho. Curiosamente, sobre sus amplis reposaba una fila de juguetes: dragones, hartas calaveras, una muñeca calva y hasta un Ronald McDonald robusto.

Vestido con un polo blanco alusivo a David Bowie –un planeta rojo con una araña en descenso–, Slash tocaba con la sobriedad que dan más de treinta años haciendo lo mismo, como si estuviese conduciendo su auto por alguna autopista norteamericana, con un cigarrillo entre labios, stonazo. Aunque, por ratos, el músico le dedicaba máxima atención a ese cuerpo curvilíneo semejante al de una fémina fatal. Aguijoneaba la madera con lujuria, como quien acaricia por primera vez la cadera de la mujer amada, y le sacaba gemido tras gemido. Curiosamente, sus dedos no se mueven con la rapidez de esos tipos capaces de pulsar cuchucientas mil notas en un minuto, sino que se desplazan con cierta densidad, cargando el peso de sendos anillos y de un reloj, acaso el secreto del feeling de Slash.

Con ese sombrero de copa, cuyo mito dice que robó de una tienda –Retail slut– en 1985, Slash es como un hechicero que embruja con los alaridos que salen disparados del clavijero de su Gibson. Riffs asesinos, machacantes, o solos chillones y apasionados tienen su impronta, y de pronto no sabes si Myles Kennedy trata de cantar como Axl Rose o si es una sensación producida por la peculiar ecualización de Slash y ese juego a dos guitarras tan Guns N’ Roses.

Lamento decirlo, pero la voz de Myles no se oyó taaan potente como en sus discos en estudio. A pesar de eso, tiene onda y la actitud necesaria para simpatizar con el público. Es, digamos, lo que habría sido Axl Roses sin drogas. Su físico sugiere que se cuida. Myles se mueve por todo el frente, se agacha con elasticidad, se para encima de un cajón puesto en medio del escenario y sonríe… Sonríe. Caso opuesto el de Slash, quien, como si se hubiese quedado atrapado en ese concierto de Tokyo en el 92, replica tan ruda performance. Las rodillas ligeramente flexionadas, su pie izquierdo alzándose con swing, cancherazo. El pelo volando, como si hubiera un ventilador en su esquina. De vez en cuando, tira su cabeza para atrás y abre su boca de boxeador. Entonces, por fin, confirmas que tiene dientes.

La primera parte del concierto incluyó canciones como «Standing in the sun«, «Back from Cali» y «Boulevard of broken dreams«. Un setlist idéntico al de otras noches de gira. A eso, seguramente, se debe la prolijidad sonora de The Conspirators, quienes nos entregaron un show muy profesional: todos atentísimos al metrónomo.

Uno de los momentos más intensos fue cuando el bajista, Todd Kerns, se adueño del micro. Con los ojos sombreados, deudor de la época glam, cantó «We’re all gonna die» y «Doctor Alibi«, temas muy ponedores de Slash, que incluso hicieron que una niña de ¿6 años? –con una gorra rosada que decía ‘Slash’– armase los cachos con sus deditos, aupada por su padre (y seguramente instigada por él).

En ciertos tramos de la velada, el público también se puso a bailar. Un setentón de casaca verde se meneaba con un vaso de chela en cada mano, y un cronista trasnochado –que no es un servidor, sino otro de Miró Quesada– daba una vueltita a lo Salserín alrededor de una chica con look noventero. Por cierto, nunca he visto tantas casacas de cuero como ayer.

Slash colocó el cuero negro de sus rodillas en suelo peruano, y la gente se emocionó como si fuese el Papa. Más tarde, y como ya es clásico, el respetable vitoreó, aplaudió y ovacionó a los artistas cuando una camiseta de la selección fue puesta sobre los amplificadores, aunque no sobre los Marshall de nuestro amigo.

A «By the sword«, otra composición de Slash, le siguió la clásica «Nightrain«, de los Guns. En ese rato, el pecho de Slash ya estaba mojado, y en el interior de su labio inferior podía verse una capa de saliva, como si sintiera un real placer al tocar esas notas. Acto seguido, la banda entonó «Starlight«, otra evidencia de que, si quisiera, el guitarrista de rulos podría crear verdaderos hits.     

La noche avanzaba y el bíceps derecho de Slash volvía a hincharse mientras ejecutaba otro solo y, en el fondo, un grupo de cuarentones hacía su crítica del show. En resumen, gustó más su visita en el 2015.

Luego de casi dos horas de show, que sellaron con «Avalon» y «Anastasia«, los músicos abandonaron el escenario. No obstante, varios se quedaron a la espera de su regreso. Uno que otro vociferaba: ¡Paradise, Paradise! Y los más, resignados, salían de la explanada asados porque no escucharon el mejor riff de la historia del rock, según la revista Total Guitar («Sweet Child O’ Mine«, obvio). Preguntados por un comentario más amplio sobre la presentación, los cuarentones respondieron como cierto exjugador peruano apodado del mismo modo que un conocido cantante venezolano: Slash es Slash. Finalmente, descendieron al estacionamiento, entraron en una camioneta, cerraron las ventanas, pusieron «Standing in the sun» en el equipo de sonido y encendieron una pipa gigantesca.

Crónica por Luis Francisco Palomino. Fotos por Francisco Medina.

Mira más fotos de Slash en Lima 2019 desde nuestro Instagram:

Ayúdanos a compartir música. Si te gustó esta nota, compártela en tus redes

También podría interesarte

Rubén Albarrán anunció que la banda pidió a sus disqueras bajar su catálogo de la plataforma por desacuerdos con sus políticas...
TINI confirmó su concierto en Lima, Perú, para el 30 de mayo de 2026 en el Estadio Nacional. Entradas desde S/...
Luego de varios años viviendo en España, el productor y cantautor peruano Charman regresa a Lima para presentar en vivo “Extranjero”,...
Lima se prepara para vivir una de las reuniones más importantes del rock en la región con Te Pone Rock 2026,...
“Qampaq” conecta la vida rural andina con el country en una propuesta honesta y emocional de Atuq Sisa.
Vibra Perú confirmó su festival en Lima, Perú, para el 28 y 29 de julio de 2026 en un local aún...
El último show de Bruno Mars en Lima fue en el Estadio Nacional en 2017, donde presentó temas de 24K Magic...
El miércoles 14 de enero, Cocodrilo Verde recibe en su escenario a Joaquín Mujica; quien, en esta visita desde Estados Unidos,...
La banda británica, que visitó Lima en 2018, estrena este 9 de enero en Netflix el documental de su gira Memento...
El exlíder de The Smiths canceló su show en Lima previsto para noviembre de 2025 en Arena 1, sumándose a una...
La legendaria dupla está conformada por el guitarrista Pablo Guyot y el bajista y cantante Alfredo Toth. Entradas en Ticketmaster.
El cantante nacional registró este material durante una presentación en vivo donde compartió escenario con Álvaro Rod para interpretar temas de...
El artista peruano inicia su calendario de lanzamientos tras participar en la gira nacional de Axel y presentarse en el cierre...
Antes de cerrar el 2025, Luis Loz decidió lanzar este sencillo, el último adelanto antes de que su álbum finalmente vea...
Christian Meier en Lima el 12 de marzo de 2026 en el Gran Teatro Nacional. Entradas en Ticketmaster, con precios desde...
KUSKA: Juntos otra vez Pepe Alva, William Luna y Max Castro llegará a Lima el 19 de febrero del 2026 para...
Helloween confirmó su concierto en Lima, Perú, para el 9 de septiembre de 2026 en el Anfiteatro del Parque de la...
Hay personas que pasan por la vida como si no pertenecieran del todo a este mundo. Dejan una marca breve, intensa,...