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Crónica: Vivo X El Rock 2025, el festival de rock más grande del Perú resurgió de sus cenizas


- Fecha de publicación : 9:29 pm
- 03/30/2025
- Última actualización: 9:29 pm
- 03/30/2025
Escrito por Santiago Silva y Fernando Alayo
Partamos de esta premisa: lo alcanzado por el festival Vivo X el Rock (VxR) en su última edición previa a la pandemia (2019, estadio de San Marcos) es, por el momento, insuperable. Juntar en un mismo cartel a The Strokes, Slipknot y Armonía 10 fue una movida audaz y realista desde el punto de vista comercial. No somos un país rockero, sino completamente mixto; con gustos amoldados por la radio, los medios masivos y la difusión limitada de nuevos proyectos. Por ello, cuando el año pasado se anunció el regreso de este festival para el 29 de marzo de 2025 como un espacio dedicado exclusivamente al ‘rock’… todo hacía presagiar que tendríamos un megaevento con aroma a velorio.
Las expectativas, entonces, eran ambiguas… por no decir bajas. De nuevo, ¿cómo superas a The Strokes viajando exclusivamente a Perú para ser el headliner de un festival que no tenía ni una década de fundado? Kandavu asumió el reto desde su trinchera y su particular narrativa: “Tenemos otras opciones como el festival Alternativo, donde las bandas de salsa y cumbia pueden participar. El VxR será rock y rock siempre”, respondieron los productores a nuestra pregunta sobre por qué no seguían la línea establecida por sus predecesores. Así nació un debate que continuó hasta el mediodía de ayer sábado, cuando arrancó la edición 2025 del renovado festival. Con un rebranding completo, con la nueva mascota Kuntur en cada gráfica, y con un lineup orientado a los riffs y distorsiones pomposas.
La era de Kuntur
Al debate sobre el rock se sumó el realmente importante: la locación. La pregunta que todos nos hacíamos era: ¿cómo llegamos y salimos de Lurín Live, el recinto elegido por Kandavu al sur de Lima? La apuesta correcta ante este tipo de eventos es llegar temprano, y ayer algunos optaron por eso. Sin embargo, la gran –enorme– mayoría decidió acudir entrada la tarde-noche, convirtiendo a la carretera Panamericana Sur en una procesión de autos de casi 10 kilómetros. Gran tarea pendiente para Kandavu y cualquier productora que apueste por Lurín: a falta de un transporte público eficiente, se requiere una coordinación concreta con las autoridades para el manejo del tránsito. Pero también es una tarea pendiente para el público, que sin carriles disponibles colapsó la vía auxiliar de emergencia. Entendamos que primero somos ciudadanos, no solo el público impaciente de un festival.
Superado el vía crucis, llegó la verdadera sorpresa. Un local enorme, con cinco escenarios perfectamente distribuidos. Activaciones de marcas, juegos mecánicos, patios de comida, espacio suficiente para caminar, y un público enganchado desde el mediodía hasta la medianoche. No es descabellado decir que, por primera vez, se sintió fuerte en el ambiente de Lima ese espíritu de festival internacional. Si se logra una articulación correcta con las autoridades y una organización puntual del transporte, Lurín Live puede ser la locación ideal para uno de los tan ansiados megaeventos musicales en nuestra capital. De hecho, no pocos dudamos en recordar un Lollapalooza o un Estéreo Picnic al cruzar la puerta del recinto. Empezando porque se podía caminar de un escenario a otro y disfrutar de los shows sin empalmes de sonido. Y eso ya era un logro.
La vibra de festival internacional también llegó con las banderas que se veían en cada espacio. Gente de Chile, Colombia, Ecuador, Paraguay, Costa Rica y más viajaron hasta Lurín porque el VxR les ofrecía algo que no tenían en sus países: un lineup dedicado. Importante acierto de Kandavu el haber traído como headliner exclusivo a Avenged Sevenfold, que si bien llegará de gira a Latinoamérica en septiembre, tiene una base de fanáticos en la región lo suficientemente grande como para repetir el plato. Lo mismo ocurrió con Marilyn Manson, quien no pisará Latinoamérica en el resto del 2025.
A ellos se sumó una variedad considerable de artistas locales. Podías escuchar leyendas del rock peruano como Gx3, M.A.S.A.C.R.E., Frágil, y Miki González con Los Mirlos, o caminar unos metros para descubrir a lo más reciente de la escena alternativa, como 380 de Arequipa y Jean Paul Medroa. O simplemente alternar con actos consolidados o en camino a la consolidación: UCHPA, 6 Voltios, Plug Plug, Rafo Ráez, Zen, Disfonía, Inyectores, Ni Voz Ni Voto, Aeropajitas, La Liga del Sueño, Area 7, Clara Yolks, Gaia, Charlie Parra, La Zorra Zapata, Gala Brie, Novalima, Barrio Calavera, La Sarita, Cecimonster vs Donka y muchísimos más. Kuntur había emprendido vuelo.
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Retomando el vuelo
Los escenarios estelares reventaban con Molotov, Anthrax, y The Hives. Al mismo tiempo, en los escenarios alternos el rock peruano estallaba entre pogos y un público atento. ¿Cuál fue el mejor acto de la jornada? Opiniones divididas. Y eso es lo interesante de un festival: la variedad, el descubrimiento de artistas y que todos compartamos esa diversidad de gustos. Para algunos, fue Marlyn Manson; para otros, Avenged Sevenfold. El debate continuó entre Anthrax y The Hives; o Molotov y Los Fabulosos Cadillacs.
Lo que no se puede discutir es que Marilyn Manson era el verdadero plato fuerte de la noche. Y con ello surgieron los sentimientos encontrados y la eterna pregunta: ¿se puede separar al artista de su obra? En medio del público, recordábamos que, cuando éramos niños, nos quedamos paralizados frente a la pantalla de MTV viendo el videoclip de “The Beautiful People”. O con esa presentación icónica en los premios VMA de 1997. Habrá que confesar –quizás con vergüenza– que aquellos niños que crecieron en los años 90 disfrutaron al ver, por primera vez, a ese ser andrógino que tejió mitos con su rock industrial.
“They wanted to kill me and they made me stronger”, dijo Manson desde el escenario, aludiendo directamente a las acusaciones por abuso sexual y violencia doméstica que enfrenta desde hace algunos años. Como mencionamos antes, Perú es el único país de Latinoamérica que lo ha recibido. Y eso, inevitablemente, nos genera dudas y contradicciones morales.
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Las turbulencias de siempre
Vivo por el rock, pero muero por el hambre. Un festival que quiere alcanzar cierta relevancia no puede permitir que se formen colas de una hora –con suerte– para comprar una pizza o una hamburguesa. La comida se agotaba y había que esperar a que retorne el stock y, mientras tanto, las filas solo crecían más y más. Y si podías comer algo e intentabas ir al baño luego, nuevamente la larga espera. Baños que, por cierto, estaban completamente sucios y sin implementos básicos.
Con esos impasses, el festival fue terminando para cada uno en distintos momentos: a las 11 p.m. con Marilyn Manson; a la medianoche con Los Fabulosos Cadillacs; o a las primeras horas de la madrugada con Avenged Sevenfold. De lo que nadie escapó, fue del caos vehicular. Una salida más compleja que la llegada. Algunos nos arriesgamos a cruzar la carretera, mientras que los conductores –desesperados por avanzada– copaban los dos únicos carriles que tenía la salida por la playa San Pedro. Los costos, en tanto, aumentaban: taxis, colectivos y combis que cobraban a su antojo para el retorno a casa. Y quienes habían comprado su ticket de estacionamiento obtuvieron todo menos comodidad: casi tres horas para llegar a la Panamericana.
Esto era previsible y, por tanto, debió coordinarse mejor. Sobre todo, cuando se promocionaba un convenio con la Autoridad de Transporte Urbano (ATU) y con empresas privadas de transporte “para tener suficientes buses y taxis de traslado”. Convenio que debió quedar atrapado entre el tráfico porque no se vio por ningún lado.
Próximo destino
A pesar de todo, el balance del VxR 2025 es bastante positivo. Cuando la pandemia parecía haber extinguido toda posibilidad de un festival propio con una proyección internacional interesante, esta edición genera cierto entusiasmo. Las bases están colocadas de nuevo y, aunque faltan ajustar tuercas, se puede construir hacia arriba con lo visto –y disfrutado– en Lurín Live. Como todo en el Perú, la continuidad es necesaria. Y si bien eso está en la cancha de Kandavu (o de la productora que tome la posta), también está en la cancha del público, de los medios de difusión y de las autoridades. Ayer quedó claro que Kuntur puede seguir volando sobre los cielos del sur de Lima.
¿Lo veremos en 2026? Esperamos que sí.
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